El corazón de María, por Andrea Nunes

María está tumbada en el suelo, sobre la alfombra, como cuando era niña. Miraba al techo y dejaba su mente divagar sin rumbo, le resultaba liberador.

Se pregunta dónde estará Borja, su marido. Hace rato que ha salido. Él siempre se va a dar una vuelta cuando discuten, y ella siempre se queda en casa esperándole, preguntándose si tardará mucho en volver. A veces él le trae un detalle para hacer las paces, a veces ella le recibe con un café y algo de comer. Borja es el amor de su vida, y no es que discutan mucho, es que cuando discuten, lo hacen a lo grande. Al fin y al cabo, después de cuarenta años de matrimonio, le parece bastante razonable. Es cierto que Borja tiene mucho carácter, pero María le adora, y cree que sabe manejarle.

El viento sopla con fuerza y, por un momento, sus aullidos sacan a María de su ensimismamiento. Se acuerda de los rosales del jardín. ¿Estarán bien? Intenta incorporarse, pero no tiene fuerzas. Qué cansada estoy, piensa. ¿Será normal? ¿Será por la edad? Al imaginar que envejece, se acuerda de su único hijo, que se fue a Suiza a los veintisiete años y ya no volvió. Nunca se llevó bien con su padre. María no suele ser muy objetiva, olvida con frecuencia por qué su hijo se distanció tanto, y se limita a echarle de menos en silencio. Se acuerda de cuando él era pequeño y salían los tres en la barca, y Borja le enseñaba a pescar. Lo pasaban bien. Se comían un bocadillo en el mar y eran felices. Qué guapos estaban los dos, sus siluetas recortadas contra el azul del cielo, y el viento revolviéndoles los cabellos. ¿Pensará su hijo en ellos de vez en cuando? ¿Será feliz?

Llaman a la puerta. ¿A estas horas? ¿Quién será? A lo mejor Borja se ha olvidado las llaves… No, él nunca olvida nada, siempre lo tiene todo controlado. De pronto le asaltan las dudas. Siente miedo. El vendaval es cada vez más feroz y sigue sonando el timbre. Qué agobio. Pero, ¿por qué no puedo moverme? ¿Se le habrá ido de las manos esta vez?

Aunque por algún motivo, hoy su mente no le pertenece. Su cuerpo tampoco. Está muy distraída. Ahora vuela a los recuerdos de su infancia. Se acuerda de sus padres, que ya no están. De sus compañeras del colegio. ¿Qué habrá sido de ellas? Se acuerda del perro que tenían y de los paseos de los domingos después de la iglesia.

¿Eso que suena es el viento furioso? ¿O hay alguien aporreando las ventanas? Al menos el timbre ha dejado de sonar. La verdad es que un poco sí que me duele.

A veces, el dolor es tanto, que olvidas que está ahí, dejas de sentirlo. Al cabo de los años se ha naturalizado, el corazón lo ignora, la mente también.

Siguen golpeando las ventanas. Puede que sea la vecina, que ha oído los gritos. María no quería gritar. Hace años que se entrena, normalmente lo logra. Sin embargo, hoy no ha podido evitarlo.

Su mente sigue escapándose a la razón. Ahora está en la universidad. Fue muy buena estudiante. Se acuerda de su primer novio, el único que tuvo antes de conocer a Borja. Era encantador, pero no salió bien.

Qué frío hace, ¿no? No parece verano. Si pudiera alcanzar la manta… Pero, ¿qué es esto que siento en la espalda? ¿Está mojada la alfombra? Bueno, de todas formas le está entrando mucho sueño, a lo mejor mañana lo ve todo distinto. El viento se oye cada vez más lejano, aunque ahora cree oír algo más, confuso, distante. ¿Son sirenas de policía? Qué más da, ya se le cierran los ojos…

El nombre de María quedó registrado como la víctima mortal número 29 de violencia machista de aquel año. Otra muerte. Otro número. Otra estadística. Salió en las noticias. Salió en los periódicos. Sus vecinos hablaron de ello durante un tiempo. Pero su recuerdo… Su recuerdo, finalmente, se lo llevó el viento.

 

Concurso Relatos de Viento en Zenda

Taller literario de junio

Después de varios meses sin talleres, volvemos a la carga con nuestro primer taller de junio. Así que no lo dudéis, el plazo queda abierto, y podéis empezar a enviar vuestros textos desde este mismo instante. Los premios se pueden consultar al final de la entrada. junio

Los temas con los que podéis participar en esta ocasión, como de costumbre, están relacionados con la celebración de 3 días internacionales:

  1. Día Mundial del Medio Ambiente (que se celebra el 5 de junio)
  2. Día Mundial del Refugiado (el 20 de junio)
  3. Día Internacional del Orgullo LGTB (el 28 de junio)

Los textos se irán publicando a medida que los vayamos recibiendo, por lo que cuanto antes los enviéis, más tiempo tendréis para recibir críticas y votaciones. El plazo se cerrará el 30 de junio a medianoche, y se comunicarán los resultados el día 1 de julio.

Las reglas para participar son las habituales:

  1. Cada autor puede participar con un solo texto por tema.
  2. Cada autor que participe debe, además, comentar como mínimo dos textos de los demás participantes y votar al menos a uno de ellos con un Me gusta.
  3. Vale cualquier género, mientras se adapte a la temática de cada propuesta (en este caso, el medio ambiente, los refugiados, y el colectivo LGTB) : poesía, relato, cuento, ensayo…
  4. Los propios participantes, Paréntesis y cualquier lector que lo desee, comentarán los textos, aportarán sus opiniones y correcciones y votarán (el voto será válido con un “me gusta” en la publicación). Por lo tanto, los propios participantes serán a la vez escritores y lectores, y se convertirán en jueces. El texto con más “me gusta” y mejores críticas, será el ganador.
  5. Para que os resulte más sencillo acceder a todos los textos participantes en el taller, podréis encontrarlos en la pestaña Talleres de escritura, dentro de las categorías Miscelánea y Concursos literarios.
  6. El premio será un libro digital (en formato ePub) a elegir entre los siguientes:

  • Yo, Robot, de Isaac Asimov

  • El plan infinito, de Isabel Allende

  • El príncipe destronado, de Miguel Delibes

  • Las venas abiertas de América Latina, de Eduardo Galeano

  • El lobo-hombre y otros cuentos, de Boris Vian

Para participar tenéis que enviar vuestro texto en formato Word o similar a parentesissite@gmail.com. No olvidéis incluir:

  1. El título de vuestro texto.
  2. El nombre con el que queréis firmar y vuestra nacionalidad.
  3. Una foto o dibujo que acompañe a vuestro texto (opcional)
  4. Cada participante podrá presentar un máximo de un texto por tema. No olvidéis indicar el tema para el cual os presentáis.

¡Mucha suerte a todos, esperamos vuestros textos y comentarios!

Errores comunes en la lengua española

Hablar y escribir bien no es tan fácil, y en ocasiones, los propios medios de comunicación contribuyen a sembrar la confusión y normalizar errores. Ya vimos algunos ejemplos en el post El uso de las palabras, y hoy vamos a continuar con algunas palabras y expresiones que se usan incorrectamente con mucha frecuencia, incluso a veces por escritores, traductores y periodistas.

¿Alimentario o alimenticio?

Es harto común ver frases como esta: «Investigan una posible intoxicación alimenticia en la Base Militar de Cerro Murciano». En esta ocasión se trata del titular de una noticia publicada en el ABC Andalucía, por lo que es probable que tengamos tendencia a dar por hecho que no contiene errores.

Sin embargo, alimentario significa perteneciente o relativo a la alimentación, como industria alimentaria o cadena alimentaria. Alimenticio significa que alimenta o tiene la propiedad de alimentar, por lo que una intoxicación, en ningún caso puede ser alimenticia, sino intoxicación alimentaria. Un buen uso de esta palabra es, por ejemplo, el siguiente: «La jalea real tiene un alto poder alimenticio y energético».

Tal es así que…

«Tal es así que los derechos económicos, sociales y culturales son exigibles inmediatamente ante autoridades judiciales.» (Comisión Interamericana de Derechos Humanos)

Esta expresión tan extendida no se considera correcta. Debería usarse en su lugar la variante tan/tanto es así que. Por ejemplo: «Tan es así que los resultados pueden facilitar la detección en los pacientes con más riesgo de padecer estos tumores».

Se trata de…

Esta expresión es impersonal, por lo que debe usarse sin sujeto, pero aún así es habitual ver y escuchar en los medios frases como «El agresor se trata de un hombre de 25 años de edad» (Azteca Noticias). Lo correcto en este caso sería utilizar el verbo ser (El agresor es un hombre de 25 años de edad), o reformular la frase omitiendo el sujeto.

¿Digresión o disgresión?

Disgresión no existe, por lo tanto, el uso correcto es digresión, que significa ruptura del hilo del discurso con algo vagamente relacionado. Aunque, una vez más, abundan los ejemplos del mal uso de esta palabra: «Así que permitirá el lector que abordemos ahora esta tarea: no es una disgresión, como alguno podría suponer…» (Una lengua para Babel: La nueva imagen del mundo)

¿Andrógino o andrógeno?

Andrógino se aplica a una persona que presenta rasgos externos que no se corresponden definidamente con los de su propio sexo, mientras que andrógeno es la hormona que induce la aparición de los caracteres sexuales secundarios masculinos. En esta web de moda y entretenimiento, Bezzia, vemos cómo se confunde el término: «La ambigüedad y el look andrógeno están de moda».

Idiosincrasia, idiosincracia, ideosincrasia…

La opción correcta es idiosincrasia, a pesar de los siguientes ejemplos de mal uso: «… deberíamos tener la forma o la idea, a través de la idiosincracia, de cómo es el jugador mexicano…»  (Diario Marca); «A Cunqueiro, más que los detalles, le interesa la ideosincrasia que los produce» (Las siete vidas de Álvaro Cunqueiro: cosmovisión, codificación y significado en la novela).

¿Hasta qué punto crees que estos errores pasan desapercibidos?

Andrea Nunes. España.

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¿Por qué se celebra el Día del Libro el 23 de abril?

Para celebrar el Día del Libro, os dejo con este artículo, originalmente publicado por Atresmedia.

El Día del Libro pretende fomentar la pasión por la lectura. Así, que se celebre el 23 de abril está relacionado con Cervantes y Shakespeare.

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La idea original del Día del Libro fue del escritor y editor valenciano Vicente Clavel Andrés que, en 1925, le propuso a la Cámara Oficial del Libro de Barcelona la celebración del ‘Día del Libro’ el 7 de octubre de cada año, coincidiendo con la fecha en la que se creía que había nacido Miguel de Cervantes.

Un año después, Alfonso XIII firmaba un decreto por el que se hacía oficial la celebración del Día del Libro en España a la vez que se celebraba en Buenos Aires una Exposición del Libro Español.

La elección del día 23 de abril como Día del Libro y del derecho de autor, procede de la coincidencia del fallecimiento de los escritores Miguel de Cervantes, William Shakespeare e Inca Garcilaso de la Vega, en la misma fecha en el año 1616, aunque realmente no fuese en el mismo día, debido a que la fecha de Shakespeare corresponde al calendario juliano y que Cervantes falleció el 22 de abril, siendo enterrado el 23.

La celebración arraigó rápidamente en toda España, en especial en las ciudades sede de Universidades; desde Barcelona, se extendió por toda Cataluña, donde se celebra el mismo día de San Jorge (Diada de Sant Jordi). Con el tiempo se hizo tradicional en Cataluña el intercambio y regalo de rosas y libros entre parejas y personas queridas en esa fecha, convirtiéndose en una de las jornadas populares más celebradas.

Esta tradición fue uno de los argumentos utilizados por la Unesco en la Conferencia general celebrada en París en 1995 para declarar el 23 de abril Día Internacional del Libro.

¡FELIZ DÍA DEL LIBRO!

Mírame, por Xavi Benigni

Mírame, mírame a los ojos.

¿Sabes?  Hay veces que puedo ver lo que piensas cuando me miras.

Sí, hay veces que lo siento.

Los ojos saben gritar , gritan lo que la voz no puede ni murmurar.

Mírame a los ojos, quiero que dentro encuentres lo que estabas buscando.

Quiero que seas capaz de leerme,como no es capaz nadie. Quiero un regalo especial, no quiero el almuerzo en la cama, o un lugar perfecto. Quiero lo que no he tenido nunca, aquello que nunca nadie ha sido capaz de darme.

No quiero sólo que tengas ganas de salir, sino que tengas ganas de salir conmigo, y no quiero sólo que necesites un abrazo, sino que necesites un abrazo mío.

Quiero que me hagas sentir importante, incluso cuando no me importo ni a mí mismo.

Y no quiero que te preocupes por cómo te ves, porque yo te miraré siempre como la cosa más bonita del mundo.

Quiero que me lleves donde el amor no hace daño.

Quiero que me mires directo a los ojos y que tengas el coraje de decirme que hacia atrás no  quieres volver más.

Quiero que me lleves donde desde aquel momento lo único que importa es estar unidos.

Si, sólo quiero esto: que estemos unidos.

Mírame a los ojos y dime que tú también tienes ganas de todo esto.

Porque la diferencia la hace quien después de haberte encontrado, continúa buscándote.

 Xavi Benigni. España.

VÍDEO: https://www.youtube.com/watch?v=1jHIL-5bGuU

 

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Héroes                     Fíate                         Amar es breve, olvidar no tanto

El cumpleaños de Cloe, por Andrea Nunes

La felicidad suele ser contagiosa, especialmente si se manifiesta a través de la risa cristalina de un niño. Cloe es feliz, y por eso ríe. Está radiante. Todos a su alrededor sonríen también. Está subida a una mesa, y una corona de cartulina atrapa sus rizos traviesos. Alrededor de la mesa se agrupan sus compañeros de clase, rojos de la emoción, dando palmas y entonando, más o menos al mismo ritmo, una canción de cumpleaños para ella. Su profesora está a su lado, y cuando terminan de cantar, le ayuda a bajar de la mesa y a repartir unas golosinas para todos. Hoy cumple cinco años y hace un día de primavera precioso. Podrán celebrarlo en el jardín y jugar con la pelota. Está tan contenta que no puede evitar ir dando saltitos mientras reparte los dulces entre sus amigos.

Ela está expectante, y algo nerviosa, tanto, que se ha cogido la tarde libre en el trabajo para poder preparar la fiesta. Es la primera vez que su hija celebra su  cumpleaños con sus amigos del colegio. Ayer Alex preparó su tarta preferida, que ya está en la nevera con las velas puestas. Sus suegros han venido a casa a echar una mano; ella, Susana, está en el jardín preparando la mesa, y él, Ezequiel —que es aficionado a la papiroflexia—, ha hecho unas guirnaldas de pajaritos de colores que van a volver loca a Cloe. Está repasando mentalmente todos los detalles, asegurándose de que no falta nada, mientras termina de preparar los sándwiches, cuando suena el móvil. Un mensaje de Alex.

“Cariño, se me está haciendo tarde… he conseguido escaparme de la reunión, estoy a punto de salir, pero no llego a tiempo para recoger a Cloe en el cole. Lo siento mucho, no te enfades. Te prometo que estaré ahí antes de que sopléis las velas. Te quiero.”

Ela suspira. Bueno, no es tan grave, el colegio está al otro lado de la calle, pero aún tiene que terminar de preparar la merienda, y los globos. Y ahora están llamando a la puerta. Son sus padres, justo a tiempo.

—Mamá, papá, qué bien que habéis llegado pronto.

Se besan y dejan su regalo en el porche.

—Qué bonito has dejado todo, cielo, a los niños les va a encantar.

—Gracias, mamá. Pero todavía me quedan un par de cosas… ¿Podríais acercaros al colegio a por Cloe y sus amigos?

—¿Nosotros? ¿Pero son muchos niños? No vamos a poder nosotros solos con todos.

—Tranquilo, papá —Ela le pone la mano en el brazo para que no se altere. Tiende a dramatizar y a hacer muchas preguntas seguidas sin esperar por la respuesta—. Su profesora, Elena, también está invitada a la fiesta y os ayudará con los niños. Es solo cruzar la calle.

—¿Pero no iba a ir tu amiga?

—¿Qué amiga? No vienen amigos nuestros, solo vosotros, los padres de Alex, y la profesora.

—Sí, bueno, ya me entiendes, Alex, ¿no iba a ir ella a por los niños?

—Mamá, ¿no piensas decirle nada?

—Bueno, Ela, hija, no te pongas así. Tampoco es para tanto, ¿o es que no sois amigas?

—No, Alex no es mi amiga, es mi mujer. Y la madre de vuestra nieta… Pero mira, se hace tarde y ella no va a llegar a tiempo, ¿podéis acercaros o no?

—Sí, sí, claro. Enseguida volvemos.

Su madre, roja como un pimiento, agacha la cabeza y se agarra del brazo de su padre, que sale a la calle farfullando como si la cosa no fuera con él.

Cuando Alex llega a casa, los niños están corriendo por el jardín, se oye barullo de juegos y risas. Se queda en la cocina, haciéndole señas a Ela a través de la ventana para que entre sin que Cloe se dé cuenta, pero ella está entretenida con la cámara de fotos, inmortalizando la primera fiesta de su pequeña. Por suerte, su padre sí percibe las señas y avisa a Ela, que entra en casa emocionada porque Alex ha logrado llegar a tiempo.

—Mi amor, qué rápido has llegado —Ela sonríe, está preciosa. Le da un beso y se queda esperando, inquisitiva— ¿La has conseguido?

—Sí, está en el coche.

—¿La del cesto blanco?

—Sí… No sé a quién le hará más ilusión, a ti o a la niña…

—Bueno, o a ti cuando la veas pedaleando por el parque, se te va a caer la baba… ¿Vamos a por ella?

—De eso nada, tú no vas a levantar peso —Alex le acaricia a Ela el vientre abombado, sonríe, y se agacha un poco para darle un beso a la altura del ombligo—. Bastante tienes ya con el gordo que llevas ahí dentro. Deja que entre a saludar, quiero ver a Cloe, y luego voy a por su regalo.

Cuando Alex entra en el jardín, Cloe no tiene ojos para nada más. Abandona inmediatamente el juego y corre a tirarse a los brazos de su madre con un gritito de emoción infantil.

—¡Mami, mami! Mira, ¿has visto cuántas cosas hay en la mesa de los regalos?

—Eso será que te has portado bien con tus amiguitos.

Los ojos de Cloe son como un manantial de agua pura. Iguales a los de Ela. Transparentes. Alegres. Alex le cubre la cara de besos y luego la deja libre para que vuelva a jugar.

Samuel, uno de los amigos del cole de Cloe, se ha quedado un poco confundido cuando la ha visto correr hacia Alex.

—¿Pero la mamá de Cloe no es la de la tripa gorda?

—Sí —dice Ainara, que es la mejor amiga de Cloe—, pero la que acaba de llegar es su mami.

—¿Y tú cómo lo sabes?

—Porque vengo a jugar a su casa muchas veces.

—Pero eso es imposible.

—No es imposible. Yo tengo dos abuelos, pero no tengo ninguna abuela.

—Claro —añade otra compañera, Carolina—. Hay niños que tienen papá y mamá, pero también hay niños que tienen dos papás, o dos mamás, o que solo tienen un papá o una mamá.

—No, todos los niños tienen un papá y una mamá, me lo ha dicho mi papá.

—Pues tu papá se equivoca, porque Cloe tiene dos mamás y las dos son de verdad.

Ainara ha dicho esto muy digna, y su amiga Carolina asiente muy seria mostrando su aprobación, así que la discusión está cerrada, y Samuel decide que tendrá que explicárselo a su papá cuando llegue a casa, y seguro que se pondrá contento de saberlo, porque siempre dice que hay que aprender algo nuevo cada día antes de acostarse, y a veces no le da tiempo.

Después de que le canten el cumpleaños feliz por tercera vez en el día —la primera se lo cantaron sus mamás por la mañana, antes de desayunar—, Cloe sopla sus cinco velitas con la euforia de quien no ha celebrado nunca una fiesta. Luego pasa un rato en las rodillas de su abuelo Ezequiel, mientras se come su trozo de tarta y le cuenta un montón de cosas de sus amigos del cole. Cuando termina de comer, le pide a la abuela Susana que le haga una trenza en el pelo como la de su amiga Carolina, y como se encuentra muy guapa, le dice a su mamá que quiere una foto con sus cuatro abuelos. Mientras Ela se dedica a la sesión fotográfica, Alex y Elena, la profesora, aprovechan para ir a buscar el regalo estrella de la fiesta.

Poco antes de que termine la celebración, Cloe abre sus regalos. Un estuche de dibujo de parte de Elena, un vestido de verano de parte de los abuelos Ezequiel y Susana, una muñeca de los abuelos Pascual y María, unos cuentos y unos puzles de sus amigos del cole, y una bicicleta roja de sus mamás. Nunca había tenido tantos regalos juntos y está tan feliz, que ha agradecido con un montón de besos a todos y a cada uno de los allí presentes. Enseguida empiezan a llegar los papás y las mamás de sus amigos, solo se quedan Ainara y Carolina, porque son sus invitadas especiales y tienen permiso para pasar la noche en casa. Está especialmente contenta ya que Carolina no se ha quedado nunca antes y se lo van a pasar muy bien las tres juntas.

Los abuelos ya se han ido, y Elena está en la puerta despidiéndose de Alex y Ela.

—Ha sido un placer, chicas. Y estaba todo delicioso, Ela, muchas gracias.

—Gracias a ti, Elena. Nos encantará verte más a menudo.

Elena se va, y Alex se queda un rato abrazando a Ela por detrás, mientras miran cómo se aleja la profesora, cuando ven que llega la madre de Carolina.

—Hola, Rita. ¿Qué tal estás?

—Bien, gracias. ¿Qué tal la fiesta?

—Todo un éxito, se lo han pasado pipa —Ela ya ha notado que Rita está un poco tensa, pero sigue sonriendo, es parte de su carácter afable—. Te presento a Alex, creo que no os conocéis aún.

—No, no nos conocemos. Encantada —Le extiende la mano y se saludan—. Pero justamente hoy me han hablado de ella. No me puedo entretener más, lo siento, vengo a buscar a Carolina.

—¿Pero no se iba a quedar esta noche? Ha traído su bolsa de ropa y su pijama.

—Sí, pero hemos cambiado de opinión. No quería darle el disgusto a la niña, lo que pasa es que… bueno, mira, lo siento mucho pero no me siento cómoda dejándola aquí. Creo que no es un buen ejemplo para ella.

Ela mira a Alex. Unos escasos segundos de silencio alargan el momento. Se siente un poco triste por las niñas, estarán ilusionadas jugando y con la perspectiva de la noche juntas. Pero a veces suceden estas cosas, no todo el mundo está preparado para vivir sin prejuicios. Alex le mira a los ojos, siempre tiene ese poder pacificador. Le acaricia la mejilla con cariño, sin importarle que esa señora esté ahí plantada en la puerta de su casa mirándoles con total inexpresividad.

—Ya voy yo, mi vida.

Alex entra en la casa, Ela se queda ahí. Ni ella ni Rita dicen nada en ese rato que pasan a solas, mirándose y tratando de adivinar qué pasa por la mente de la otra. Alex vuelve enseguida con Carolina, que no entiende nada. Se despiden y entran en casa.

Cloe y Ainara están muy serias, sentadas al pie de la escalera.

—¿Por qué se ha ido Carolina? —pregunta Cloe.

—Su mamá ha cambiado de opinión —dice Ela con serenidad—. A lo mejor Carolina os lo cuenta el lunes en el cole.

—Pero no pasa nada, chicas —añade Alex—. La ventaja es que si solo sois dos, sí que puedo con vosotras.

Entonces Alex se agacha, Cloe se encarama a su espalda, Ainara sigue su ejemplo, y entre risas y bromas se sube a las niñas por la escalera.

—Nos ponemos el pijama y jugamos al avión, ¿vale, mami?

—¿Pero qué clase de avión?

—De los que vuelan en círculo y hacen piruetas. Ya verás, Ainara, y luego nos lleva a la pista de aterrizaje, es súper divertido.

Y Ela se queda mirándolas al pie de la escalera, sintiendo cómo el malestar que había provocado Rita se diluye, y el amor de la familia que ha creado con la mujer a la que ama lo llena todo.

Las leyes cambian, por suerte, y permiten que el mundo avance y evolucione. Pero los gobiernos no tienen ninguna varita mágica. Para cambiar el mundo, es necesario cambiar la sociedad, y para cambiar la sociedad, todos y cada uno de nosotros debemos realizar un cambio de manera individual, para que algo tan básico para el ser humano como el amor, pueda ser vivido por todos de manera justa e igualitaria.

Andrea Nunes. España. Textos Solidarios

origami

La palabra que no se puede escribir

Publicado originalmente en Un Arácnido Una Camiseta

El bug del español: una palabra que no se puede escribir

Hace unos días le hice una consulta a la RAE, ¿cómo se escribe el imperativo de salirle? Su respuesta fue la siguiente:

En relación con su consulta, le remitimos la siguiente información:
La interpretación forzosa como dígrafo de la secuencia gráfica ll en español hace imposible representar por escrito la palabra resultante de añadir el pronombre átono le a la forma verbal sal (imperativo no voseante de segunda persona de singular del verbo salir), oralmente posible si, por ejemplo, ordenáramos a alguien salir al paso o al encuentro de otra persona aludida con el pronombre le: [sál.le al páso], [sál.le al enkuéntro].Puesto que los pronombres átonos pospuestos al verbo han de escribirse soldados a este, salle daría por escrito salle, cuya lectura sería forzosamente [sá.lle], y no [sal.le].

Hemos topado, por tanto, con el que quizá sea el único bug de la ortografía española. Una palabra que existe gramaticalmente y se puede pronunciar, y que sin embargo no se puede escribir. ¿En la siguiente ortografía de la RAE incluirán alguna solución para esto? ¿Quizá un guión?