Cuando no medimos el efecto de nuestras palabras, por Stefani Betzaida González

Cuando no medimos el efecto de nuestras palabras…

Es muy común ver a personas tristes o alegres después de haber intercambiado una serie de frases con alguien más. Se cree que lo que decimos no causa efectos tan graves y la realidad es que de todo lo que decimos queda grabado en la memoria de quien nos escucha. Aunque estuviéramos platicando con alguien que parece no escucharnos, hay palabras clave que hacen reaccionar al subconsciente, trayéndolos de vuelta a la conversación.
La gravedad de todo esto, es que muchas veces solemos decir cosas sin pensarlas y no es hasta mucho tiempo después cuando podemos arrepentirnos, desde una ofensa a otra persona hasta un “te quiero” que en realidad ni sentimos, y es aquí cuando comienza un verdadero problema, para y con los demás.
Palabras se dicen y son escuchadas y más de la mitad de todas ellas quedan impregnadas en nuestra memoria; un segundo después, ya estamos recordando esa frase literalmente y como si fuera la primera ocasión en que las escuchamos, causa el mismo efecto.
Sería maravilloso que de diez palabras dichas, nueve fueran con la firme convicción de que sabemos por qué las estamos diciendo, ya habiendo previsto antes cuál es la consecuencia que estas nos pueden acarrear, pero sobre todo, tomar muy en cuenta a quién estamos exponiendo a nuestro pensar, porque siempre debemos tener bien claro que no todos aceptamos lo que se nos dice de la misma manera. Una palabra cualquiera puede tener diferentes acepciones; a manera de ejemplo, está el “te quiero”… te quiero como hermano, te quiero a mi lado, te quiero como amigo, te quiero para siempre; un te quiero puede crear el más bello momento o causar una tristeza momentánea.
Las palabras no se las lleva el viento, las palabras hieren o causan alegría y se quedan ahí, escondidas. Sueño con que al pasar de los días la gente procure pensar en las palabras que ha de utilizar con alguien antes de soltarlas sin más. Mientras eso sucede, comenzaré siendo yo la que salude con un “hola” y antes de hablar sin haber razonado me detenga a pensar qué es lo que diré para no causar un daño.

Stefani Betzaida González. México.

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