Tierra, por Fernando Bermúdez

Tierra

            Siempre me gustó el Sur de tus caderas; eras tan cariñosa & tan sentimental & aunque lo ocultes, fría & colchonera, cada parte de tu esencia envuelta en coloridos ríos, olores & sabores, pájaro de diez mil voces, cada una de esas voces declamando tu belleza. En tu cuerpo sur, querido, me forjé con fragua de una madre, resplandor de tus cuidados, e ilusiones de un pueblo que me hizo parte de sus tradiciones. Aunque el Norte de tus labios me mataba, siempre miraba tu cielo & me temblaba todo, parecía un terremoto en marzo en pleno desierto, con la boca seca & llena de frío.

            & otras veces emigraba a su centro, sintiendo su altura, su calor & hasta sus lluvias, dejando entre la tierra mi esencia, mi voz & hasta mi cuerpo. Un cuerpo solo tuyo, donde aprendí a conocer las nubes, la brisa, tus silencios & hasta tus fasires, un cuerpo que te heredara sus huesos, su pasado & el amor que te he tenido desde el primer encuentro contigo, vida mía.

           Te he recorrido minuciosa cada día; me pregunto muchas veces: ¿Dónde estás? ¿Por qué te pierdes? ¿Por qué me matas cada día? Me regalas luz & vida para no sentirte tan culpable por mi muerte. El Oeste de tu pelo me hace sentir vivo, olerte con ese tono fresco a café, con tu frío brisante de cascada & río.

 Imaginarte toda, cuando camino en algún lugar de tu cuerpo, querer ver más allá de lo que otro ha tenido de ti, encontrar en tus misterios un par de momentos conmigo, llenar de pasiones tu vejez, compartir contigo eternamente mi cuerpo.

Como el Este tan joven & con mucho que aprender, en ocasiones necesito serle infiel, extraño al sur, sus curvas, su verde & hasta sus adornos. Tengo tanto en mis delirios que me quiebro por varias partes para entregarme en cada puerto, a veces sueño contigo en algún lugar de tu hemisferio, pero un despertador siempre suena & me deja con la duda; quisiera tapizarme de tu rosa de los vientos, perderme en los lugares más pequeños de tu cuerpo, quedarme ahí en una lluvia de estrellas, contemplarte en el universo & ser ya eterno entre tu inmensidad. Sabes que mi corazón es tuyo, que las puertas están abiertas para cuando quieras estar & aunque se me revelan los sentidos, te quiero decir que a veces no sé qué es lo que necesito, que necesito huir a otro planeta, pero siempre contigo.

                        “No sé dónde quedarán mis huesos, si en el fin de un eterno resplandor o en  un  triángulo vernáculo de tus delirios”.

Fernando Bermúdez. México.

Otras publicaciones del mismo autor:

A veces te pienso            Noches & Caminos                No me importaFernando Bermúdez

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