Ni por ti, ni por mí, ni por nosotros; por Mari Carmen Arriaza

Ni por ti, ni por mí, ni por nosotros.

No extraño tus besos.

Tampoco esas manos que un día me tocaron con tanta dulzura.

No extraño verte sonreír, aunque sí recuerdo esa sonrisa capaz de tumbar un ejército entero instantes antes de atacar.

No extraño tu cuerpo, ni tus lunares, ni tu piel caliente y húmeda.

Tampoco tus ojos, tan penetrantes que podían llegar a romperte.

No extraño tus mensajes, ni tus buenos días, tampoco tus buenas noches, ni las películas, los lugares que visitamos, ni los reencuentros que tuvimos.

No extraño los planes que un día hicimos.

No extraño cómo hiciste saltar la alarma de mi corazón oxidado.

No extraño caminar de tu mano.

No te extraño a ti.

Extraño todo lo que pudimos llegar a ser y no fuimos

 

Mari Carmen Arriaza. España.

Anuncios

Todavía no, por Shasmine Cianne

Todavía no

1Todavía  no

Un poco de delineador sobre esta lluvia de pétalos de cristal. Un poco de labial para tapar los rastros de tus besos frescos. Un poco de base para tapar este paisaje de montañas que aparece cada vez que quiere manifestarse el alma. Ya casi. Solamente me falta el rimmel sobre las pestañas cansadas. Ya está la cantidad de maquillaje suficiente, ya no me interesa la belleza, ahora mi arte es ocultar.
– ¿Qué te pasa?
Se da cuenta, me conoce, insiste. Todavía no. Ya te lo dije. Me abraza y dejo el rastro de un recuerdo húmedo en sus cabellos. Todavía no. ¿Sientes eso que arde aquí dentro bajo mi pecho? Eso es lo que no puedo decirte, lo lamento, todavía arde.
Prende la luz y mis lágrimas desaparecen mágicamente bajo las sábanas. ¿Podré decírselo algún día? ¿De dónde proviene el terror de traer a las palabras, a la vida, de nuevo, el recuerdo? ¿Dónde vive dentro de mí esa pasión por ocultar algo intentando borrarlo de mis pasos?
Borrar, eliminar, hacer desaparecer. ¿Qué pasó durante esos años? Ya no recuerdo bien, solo quedan retazos, agrios retazos de un antiguo vestido de seda. Vestigios olvidados. Tiempos tatuados. Perdóname…
Soy débil cuando prendes las luces, soy transparente cuando me metes con la gente, estoy herida si me miras de frente. No me mires a los ojos, mi pupilas se han vuelto un universo de secretos que me persiguen como sombras. Los voy desprendiendo como estrellas poco a poco, pero quedan cientos y aun quedan planetas, grandes sistemas incontenibles e incontables.
Por favor, quereme como soy. Así. con estos rulos historiadores y mis manos asustadizas, con estos labios soñadores y esta nariz que da risa. No te rías, va en serio. Te quiero. ¿Todavía estás dispuesto a quererme?

Shasmine Cianne. Argentina.

De su blog, Soñando hasta Saturno.

Sin título, por Eleuzeria

Suelen decir que lo mejor es ser un pájaro libre, un lobo solitario, no amar ni ser amado… Pobres ignorantes aquellos que piensan así, pues nunca han vivido el verdadero amor si alguna vez se sintieron retenidos, enjaulados, caminando por un sendero ya trazado. Pobres aquellos que reniegan de un sentimiento por miedo al rechazo o dolor. A todos ellos les digo ¿ Y si no sufrís? ¿Y si, en lugar de enamoraros y caminar atados, simplemente camináis uno al lado del otro, siendo libres, pájaros acompañándoos en el vuelo, hasta que quizás el viento os lleve a otro lugar? Pero la pregunta mas impotante de todas ¿ Y si vivimos sin darle tantas vueltas a las cosas? ¿Y si solo nos dedicamos a ser felices?

Eleuzeria. España.

Como tú me ves, por Isobel Ulquiorra

Como tú me ves

como tú me ves

Observo al espejo. Esa mirada no es mía, ese rostro es ajeno. ¿Dónde puede ver mi vida despojada, insana, triturada y descarriada? Lo que veo, no soy. Esta apariencia es mentira. Una estúpida ilusión.

Me gustaría verme como tú me ves. Tus ojos reflejan mi fragilidad, mi pesadumbre, mi fracaso, mi odio, mis terrores y todas mis contradicciones, pero en el brillo que tu iris esconde, está mi arrojo, mi vanidad, mi rebeldía, mi destino, mi amor. En ti, realmente soy. Puede ser, sin desgarrarte con los trozos de mi desastre.

Tú me reflejas. Vivir esta soledad es menos insoportable. Algún día lograré verme como tus ojos me ven, y tú podrás verte como en verdad eres: el todo que perdí en una espiral infinita, la que una casualidad me ha devuelto tardíamente. No voy a soltarte. No quiero perderme de nuevo.

Isobel Ulquiorra. México.

 

Otras publicaciones  del mismo autor:

Inmortales                Todas las mujeres              Podríamos morir mañana

Aves negras, por Ángel Gabriel Luz

AVES NEGRAS

Aves negras

En mis pesadillas siempre, alguien muere,
es una historia sin fin, ni relato,
el cielo pasa de gris a rosa inerte
¿quién será? quien juega con mis retratos…
¡No hay día que mis manos no llene de sangre!
En esos oscuros salones
es tan real la sed y el hambre
que danzo en busca de mi venganza
queriendo apagar esos dos soles….
que son tus ojos….
¡Tengo miedo! de mí y no hay ¡otro en mí!
a quien culpar. ¡YO!, ¡soy mis demonios!
y en mis pesadillas me refugio….
¡Me escondo en mis sombras!
mis ojos delatan el terror de despertar
y volver a andar el camino que me lleva a ti….
¡Miro por la ventana!, en mis sueños
y veo una multitud de aves negras
que esperan mis mañanas
para devorar mis canas….
¡Es tan patética! la vida y la muerte sin ti
que mis sueños son el limbo
donde navego y yo soy al que mato
cada día en mis pesadillas….

Ángel Gabriel Luz. El Salvador.

Otras publicaciones del mismo autor:

 Caminantes en mi alma                                   Muerde mis sueños

Volando, por Melissa Romero

Volando

Volar es lo único que quiero.
Dejar el peso inútil
en aquel frío suelo,
lleno de mentiras obvias,
falsedades inmundas
y criaturas sombrías.

Solo están juzgando lo ajeno,
elegir lo propio no es nuestro derecho,
arrodillados y mudos 
ante aquella vida inmunda,
quien quiere vida
si de sufrir se goza,
quiéen goza de ella 
si el dolor se esboza.

Aquel volcón en el pecho
sentir el aire en el cuerpo,
llegar al cielo en un segundo,
o de un respingo al infierno.

Juzgándome buscaran lo lógico
nadie lo sabrá,  
nadie lo intentará 
aquel sufrir desaparecerá 
o se volverá un suspiro mágico
aquel descenso , aterrizando.

Con mis alas rozando el suelo,
mientras que todo pasa,
poco transcurre,
incertidumbre emana
quien no lo quiere,
el miedo se vuelve ausente, 
la vida corta se queda
ante aquellas miradas conscientes.

Fuego helando mis venas,
tiempo eliminando el vacío que acumula la duda,
deseo  insaciable de saber,
¿quién sabe lo que hay en las sombras?
van más allá del creer,
sabio sin saber nada de las cosas.

Muerte trágica
vida infeliz,
de rodillas crecemos ceñidos,
esperando aquel
que solo te lleva por el mismo camino.

Muerte dichosa espérame ahí.
constante y sincera,
ansiosa de aquel último suspiro,
de la mueca que me dejara 
sola y quieta en el dulce olvido.

Melissa Romero. México.

Murmullos del viento, por Mónica Olivares

Murmullos del viento.

Me apago,

caigo,

desmayo.

Las ventanas son mis ojos que nunca miran adentro,

las noches regalan cobijo,

pero sigo sin aparecer en esa lista.

Soy de mis costillas,

y estos periódicos que me arropan,

como en el principio,

cuando no sentía la maldad en mis huesos.

No estoy,

soy de nadie.

Cada noche

el viento barre las calles

soy esa lejanía

solitaria

en tus pupilas.

 

Mónica Olivares. México.

 

Otras publicaciones de la misma autora:

Quizá la noche llegue antes de ser invocada                      Olvidos de ayer                    Demencias electrodomésticas

Dos Paraísos, por S. Boss’can

Dos Paraísos.

Género: Ciencia Ficción, Juvenil

Un ángel y un demonio cometieron el error de enamorarse. Los castigaron a ambos, pero la historia no terminó allí.

    Dante es un universitario de veinte años que queda huérfano dos veces, o al menos eso cree él. Su único amigo confiable es Keith.

    Después de que su novia Jessica, con quien había estado por tres años y medio desapareciera misteriosamente, se empieza a olvidar de el amor y se convierte en un mujeriego. Pero después de mucho tiempo conoce a Valerie, quien le cambia la vida no solo en el ámbito amoroso, sino que ella descubre secretos muy profundos que ayudan a conocer mejor a lo que se enfrentan.  Y no solo eso, sino que se conoce a sí mismo. Porque Dante, es más que un simple chico que ha tenido que sobrevivir solo. Él es más que todo lo que puede imaginarse.

    Él no es lo que cree.

S. Boss’can. Venezuela.

Puedes seguir leyendo esta novela en Wattpad: Dos Paraísos

Dos Paraísos

Felicidad, por F. K. Esda

MARCA 2

Felicidad

Llegarás.
Sé que algún amanecer,
al abrir la ventana
para el nuevo aire respirar,
mis ojos se posarán en el jardín
y no esperando encontrar nada
a ti te encontrarán.
Y me mirarás.
Del modo en que el creyente mira a su Dios,
del modo en que el que crea mira su creación,
del modo en que el esclavo mira a su señor;
porque de igual modo que sin ti menos soy yo,
tú no eres nada si no somos los dos.
Y yo sabré
que si no corro en tu busca desaparecerás,
que si tardo, cuando llegue ya no estarás
que si te pierdo, no te sabré volver a encontrar
y que si no te encuentro, algo de mí se perderá.
Y buscaré lágrimas
que a tus pies echar,
porque, ahora que has venido,
a mí me toca regar
tu suelo,
para que en él puedas arraigar.
Porque tú, Rosa Azul,
que solo vives en los cuentos
que me sorprende la noche leyendo
y que me siguen hasta mi sueño
donde ya no puedo olvidar,
tú, Rosa Azul,
eres frágil cual pensamiento
que desaparece al menor movimiento
y no se puede recuperar.
Y si así aconteciera,
si al llegar ya no estuvieras,
gritaré,
con la voz agónica del que todo pierde,
con la plañidera súplica del que nada tiene,
con la patética rabia del que ya nada ha de tener.
Gritaré:
—¡No te vayas, Rosa,
no abandones mi jardín,
¿no comprendes acaso que si alguna vez le puse nombre
fue solo para albergarte a ti?

Paula Ekblad, de su Libro Azul. Felicidad.

F.K. Esda. España.

Este poema pertenece a la novela La princesa del abismo en la mirada, por F.K. Essaza y Andrea Nunes.

Otras publicaciones del mismo autor:

Saranda, la princesa del abismo en la mirada                 Ausencia