Noventa días tiene Luz Marina, por Geovanny Soto (Taller literario: 3 temas)

Taller literario 3 temas: Día internacional contra el cáncer

 

NOVENTA DÍAS TIENE LUZ MARINA

(Dedicado a mi madre, que murió de cáncer de mama hace ocho años. Y a su ejemplo: el cáncer minó su cuerpo, no su espíritu.)

“No busques al amigo para matar las horas, sino búscale con horas para vivir.” (Khalil Gibrán)

   ¿Hay caminos inciertos? Claro. Pero podríamos transitar por ellos. Si elegís aventurarte asumís el éxito o el fracaso de la expedición. Pero si es una fuerza mayor a tu voluntad la responsable de tal viaje, será la actitud que llevés en el salveque el único instrumento de orientación en los momentos de extravío.

Día 1:-Lamento decirle, joven, que los resultados de los exámenes dieron positivo.

   El médico le explicó a Luz Marina, de forma fría y clara, cuál era el tipo de leucemia que padecía, la manera correcta de abordarla y, sobre todo, la expectativa de vida.

   Sangrados relativamente leves pero frecuentes en las encías y la nariz no la habían preocupado mucho. <<Es el estrés de los estudios>>, le dijo una compañera de la universidad. Pues Luz Marina estaba en plena carrera de arquitectura y ni sus veinte años podían evitar esas pequeñas incomodidades. Sin embargo, ciertas sudoraciones nocturnas fuera de lo común, la última menstruación un poco violenta y un desmayo sin razón alguna fueron las causas de la visita al doctor.

   Sus padres estaban sentados detrás de ella escuchando estupefactos el diagnóstico. No lo podían creer. Su hija, su única hija, morena como la madre, con el cabello castaño oscuro, espeso y acolochado, largo hasta los omoplatos, con ojos de un café muy profundo, de facciones medianamente gruesas y una figura de revista… imposible poderlo siquiera imaginar.

-¿Voy a morir, doctor?-preguntó Luz Marina secamente, con mirada vidriosa y voz de tono bajo. El galeno fue directo: el perfil, según los resultados, era el de un cáncer… agresivo, sin más miramientos. En los casos como el de ella, la quimioterapia debía iniciarse de inmediato, al día siguiente si se podía.

-¿Cuánto tiempo, doctor, dígame cuánto tiempo me queda?

-Me parece que su atención debería concentrarse en el tratamiento. Una actitud positiva es fundamental para…

-Disculpe, doctor, no quiero ser insolente, pero creo que mi pregunta fue bastante clara. ¿Cuánto tiempo?

-Si no logramos resultados a corto plazo… solo dos o tres meses.

Día 2: De vuelta a su casa, después de la primera quimio, Luz Marina comenzaba los vómitos que se esperaban de normal pasadas, al menos, dos o tres sesiones. El tratamiento debía ser más intensivo en ella.

   Transcurridas varias horas, la joven recibía el segundo golpe bajo. Su novio, sin valor para hablarle de frente, le llamaba por teléfono para darle un rotundo adiós. Luz Marina no lo soportó. Se levantó de la cama y comenzó a gritar y a maldecir. Tiró al suelo el colchón. Lámpara y retrato de la mesita de noche se estrellaron contra la pared. Toda su ropa alfombró el piso y los zapatos dieron en la ventana que, a fuerza de taconazos con números altos, terminó entregando sus multiplicados hijos al suelo arenoso del otro lado.

   El alboroto fue monumental. Padre y madre corrieron alarmados hasta la habitación de la muchacha. Ya esperaban una reacción de estas.

-¡Hija, por favor, calmate!-fue lo que su madre atinó a decirle al instante de abrir la puerta… y lo único que pudo expresar.

-¿Que me calme, mami, que me calme? ¿Es que acaso no escuchaste al doctor ayer? ¡Noventa días, mami, solo tengo noventa días!… ¡y me decís que me calme! ¡Voy a morir! ¿Por qué la vida me trata así? Soy joven, bella, inteligente… y mi carrera, no la he terminado y ya se cayeron los edificios que iba a construir. ¡Ah, pero no era suficiente! Me acaba de llamar Alejandro. ¿Sabés para qué? ¡El muy maldito me cortó, mami, después de seis años! Ni siquiera tuvo el valor de darme la cara ese desgraciado. ¡Él no puede desperdiciar su vida, el tiempo es muy corto!… ¡mirá a quién se lo dice! ¡Es un idiota, un imbécil! ¡Ojalá se pudra en los infiernos!… ¡quiero morir, mami, quiero morir rápido! No creo que pueda soportar tanto, no puedo, no puedo…

   Luz Marina se sentó sobre vestidos rasgados, abrazando un enorme oso de peluche. Lloró con muchísima amargura.

Día 3: En su dolor, la joven decidió no volver a los tratamientos prescritos. Había determinado morir pronto. Postrada en su cama, miraba, por la ventana destrozada, la risueña y tranquila playa de Caldera de Puntarenas, con su oleaje suave y dormido. El sol coqueteaba con las aguas calmas de olas pequeñas tiñéndolas de plata. Pelícanos hacían cosquillas al cielo inmaculado de nubes. Y unas cuantas lanchas artesanales, asemejando cáscaras de maní, se veían como si pudieran ser movidas por el antojo del viento. Todo eso habría, en otro tiempo, extasiado el corazón de Luz Marina. Ahora le daba náuseas.

   La puerta del cuarto dio paso a la madre de la muchacha. Le traía el desayuno. No lo quiso ni ver, no tenía hambre. Al voltearse para reafirmar a aquella que no iba a comer, recibió en la palma de la mano un sobre de color amarillo brillante. En su exterior se leía la frase: “De un amigo secreto”. Preguntó a su madre de qué se trataba el asunto, a lo cual solo escuchó que lo había encontrado apoyado en la puerta de la entrada al abrirla por la mañana.

-Esto es una broma de mal gusto. ¡Amigo secreto! ¡Qué tontería!-y lo arrugó sin abrirlo. Luego se durmió muchas horas, no tanto por cansancio, sino por el agobio de la depresión.

   La despertaron unos pasos que intentaban no molestarla. Era su madre que volvía con otro sobre amarillo. Esta vez la frase decía: “Por favor no lo rompás”. Luz Marina pidió explicación de la nueva misiva. Su madre nada más le comentó que volvió a encontrarlo junto a la puerta. “¿Será que alguien me vigila?”-pensó la joven. Estuvo largo rato observándolo y notó que dentro, además de una carta, había dos cosas más. Y la curiosidad venció a la indiferencia.

   En efecto, tenía una hojita tierna de naranjo que aromatizaba el interior, una pieza de rompecabezas pequeña y una hermosa carta escrita en papel amarillo claro:

   “Querida Luz Marina: Gracias por no tirar esta vez el sobre. SOY TU AMIGO. Ahora necesitás uno como nunca. No murás todavía. Viví la vida, tu vida. No te sentés a celebrar la muerte. Decidí vivir. ¿Ves la pieza de rompecabezas? Pronto podrás formar la foto que escogí para tu asombro. Eso sí, te pido que lo armés por el lado contrario hasta que quede terminado. ¡Sin trampas! Viví. Yo también te necesito. TU AMIGO SECRETO.”

   Cuando hubo concluido de leerla se dio cuenta que el corazón le palpitaba a un ritmo más animoso, que sentía un poco de paz. Y sus ojos se humedecieron. Tomó una hoja de papel blanco para contestar la carta de su nuevo amigo. Al acabar la introdujo en un sobre rosado. Llamó a su madre y le pidió que la dejara al otro lado de la puerta…

Día 4: Fue una noche terrible. La invadieron escalofríos agudos y un dolor de cabeza le hizo de almohada. Durmió muy poco. Cuando el sol la saludó al amanecer, las ojeras habían acordado servirle de elegantes joyas.

   Igual que la mañana anterior no apeteció comer; pero, en cambio, esperó con ansias noticias de su amigo secreto. Y fueron colmadas, pues el sobre amarillo brillante encontró nido, otra vez, en sus manos:

   “Me preguntás quién soy y cómo me llamo. Te diré solo mi nombre: el yigüirro que canta en la ventana quebrada de tu cuarto, el calor de la tarde y el viento cargado de sal que la refresca; tal vez un pensamiento alegre, un beso de tu padre, un abrazo de tu madre. ¡Ya hasta poeta me he vuelto! Pero, de verdad, así me llamo, porque mi nombre es COMPAÑÍA.”

   Dentro encontró una hoja tierna de naranjo y la siguiente pieza del rompecabezas.

Día 20: En vano sus padres le insistían a Luz Marina que recibiera la quimioterapia. Desde su punto de vista era una pérdida de tiempo. Su salud estaba ya visiblemente deteriorada, bajó unos kilos y la palidez empezaba a afincarse. Las visitas las prohibió de manera irrevocable; cero llamadas, cero contactos con el exterior. Nada más leía las cartas de su amigo secreto. Ellas le daban la sensación de seguir viva, pues no en escasos momentos pensaba que ya estaba muerta.

   Esa mañana se despertó con la carta de siempre y dos globos de colores, uno azul y otro blanco:

   “Decime que guardás las cartas que te he enviado todos los días. Jurame que no estás haciendo trampa con lo del rompecabezas. Te regalo esos globos. El azul es parecido al del cielo despejado de Caldera. El blanco… es nada más porque me gusta ese color.”

Día 35: “Sé que la estás pasando mal. Siento pena por no poder estar con vos. Algo me lo impide. Yo también he pensado en el día de mi muerte. Me gustaría que fuera en un atardecer, o mejor a la orilla del mar, en la playa, acariciándome el pelo la brisa fresca que viene desde Puntarenas, dándole gracias a la vida, sin quejas, alegre.”

Día 38: Durante toda la tarde llovió en Mata de Limón. La lluvia dejó, a pesar de todo, una mísera oportunidad para que el sol mortificara, con elegante disimulo, a la gente. Pero, aunque pareciera increíble, Luz Marina sintió un tremendo frío, un frío que la cobija no logró socorrer. Sangrados tenues, pero diarios, de la nariz eran parte del collage patológico de la joven. Moretones en su cuerpo y un dolor a la altura del hígado se le iban pronunciando cada vez más. Sus fuerzas decaían con velocidad. Sin embargo, haciendo acopio de ellas, se levantó de la cama, encaminó los pasos en dirección al baño y bebió un trago de agua. Al verse en el espejo del lavamanos no pudo evitar sentir lástima de sí misma y, la otrora universitaria, la que se comía al mundo, sintió que el mundo se la comió a ella. “¿Dónde está mi juventud?, ¿qué se hicieron mis ilusiones, mi carrera, mi futuro? Amigo, ¿dónde estás?, ¿por qué no venís aquí, a mi lado? Hablame con esas palabras tan llenas de vida… necesito vivir, amigo, necesito vivir.” Lloró el resto de la tarde y sus lágrimas se confundieron con las de las nubes.

Día 39: “¡No me vengás a lloriquear que estás mal! ¡Nosotros sí estaremos mal! Porque te vas y aquí quedaremos viendo el asiento que dejarás vacío. Decime, ¿a quién sentaremos en él?, ¿quién ocupará tu sitio?, ¡decímelo! Mientras tanto, por todos los Cielos, ¡VIVÍ!, aún no te has muerto, o ¿es que no lo sabés? Todavía tenés mucho para dar, ¿no sos consciente de eso? ¿Sos acaso tan egoísta de despedirte y no dejarnos algo, alguna cosa, lo que sea? Mientras tanto no desechés las hojas de naranjo, tenelas por ahí.”

Día 47: Por insistencia de sus padres, el médico y la enfermera de Cuidados Paliativos de Puntarenas comenzaron a visitar a Luz Marina cada semana. El aspecto de la paciente era desalentador. Fiebres la doblegaban y el dolor de cabeza se le convirtió en un compañero fiel.

Día 56: “No pensés en lo que podrías haber hecho. Pensá en lo que podés hacer con lo que tenés enfrente: LA VIDA.”

Día 61: “Ya casi, sí, ya casi terminamos el rompecabezas. Estoy seguro que lo disfrutarás. Tené paciencia y no me preguntés tanto, sabés muy bien que no te diré nada.”

Día 74: La leucemia logró postrar definitivamente a Luz Marina en cama, hacerla lucir demacrada, sumamente pálida y muy baja de peso. Pero todavía leía por sí misma las cartas de su amigo y escribía de su puño y letra las contestaciones, no sin mucha dificultad, cansancio y en contra de la voluntad de sus padres.

   Las últimas cartas habían provocado en Luz Marina una inquietud que no conseguía dilucidar. Sabía que iba a morir pero eso no le molestaba. Era otra cosa. Algo más importante que la muerte. Algo que la lanzaba a la vida. No conseguía abrir la caja correcta…

   Al recibir la carta de ese día, se dio cuenta que con ella venía la pieza final del rompecabezas. Sintió emoción. Llamó a su padre para dársela, pues el rompecabezas se encontraba sobre una mesa cerca de la ventana-ya reparada-de su cuarto. Al completarlo se formó la frase: “Viví mientras estés viva”. Luz Marina se estremeció. <<¡Qué bello es mi amigo!>>, expresó con suma dulzura. Con impaciencia agregó: <<Papi, acercá la mesa a mi cama y tratá de darle vuelta al rompecabezas, tengo ansiedad por verlo>>. Cuando aquel lo consiguió la sorpresa fue mayúscula. Era la fotografía de un inmenso naranjo que el papá de Luz Marina derribó cuando ella tenía ocho años.

-¡Cómo olvidarlo! Las mejores naranjas de toda la zona las dio este palo. Lástima que se enfermó y se secó. Por eso lo corté, estaba muy cerca de la casa.

   “Enfermó” y “secó” fueron las dos palabras que encendieron el rostro de Luz Marina, una hoguera incontrolable le hizo combustión en el alma. Entendió algo. A como pudo, sin pensarlo, sacó de la mesita de noche una cajita de cartón donde estuvo guardando todas las hojas tiernas de naranjo. La mayoría mantenían aún su verdor, como si estuvieran luchando por vivir. La joven, haciendo un gran esfuerzo para sentarse en la cama, las colocó sobre el árbol en el lugar del follaje. Y, con gozo en la voz, preguntó:

-¿Te acordás, papi, lo que nos llamó la atención el día que cortaste este palo de naranja?

-¡Claro, mi cielo! Las dos naranjas más grandes y jugosas nunca vistas.

-Y… ¿lo que hiciste con ellas?

-Primero un jugo exquisito. Después guardé y sembré las semillas. Cuando los arbolitos nacieron los repartí a todos los familiares y, por supuesto, nos dejamos uno, el que creció alto y frondoso en el patio, un digno hijo.

   De haber tenido las energías para ello, Luz Marina habría saltado y gritado con euforia. Con visible agotamiento se acostó de nuevo, y con un llanto de hondísima felicidad decía:

-¡Mis semillas, papi, mis semillas, debo dejar mis semillas! ¡Hoy lo entiendo todo! Esto es lo que mi amigo me quería decir. Nuestro naranjo no se dejó aplastar ni vencer por su suerte. ¡Peleó hasta el final! Y en su agonía nos demostró que era capaz de heredar algo: las expresiones de su amor. Cosechó sus mejores frutos para despedirse, papi, vivió mientras estuvo vivo, ¡vivió mientras vivió!

   Al instante le solicitó a su padre que trajera muchas hojas blancas y un bolígrafo. Necesitaba escribir. No quería perder tiempo. <<Me queda poco, papi, corré>>, le dijo. Y encargó a su mamá un sobre de tono azul como el cielo límpido de Caldera. Quería enviar en él una carta para su amigo secreto, decirle cuánto lo amaba, cuánto le agradecía el don de la vida que le había regalado. Y luego escribió muchas cartas. Parecía como si la mitad de la leucemia estuviera dormida. Cartas a todos sus familiares: primos, abuelos, tíos; y a sus amigos… Les dijo que los quería, que eran su orgullo. Dejó semillas de amor en cada letra, ternura, sinceridad, respeto. Simiente que en otro tiempo sembrara, pero que el descuido olvidó regar. Y mandó a su padre a hacer las veces de cartero, puerta por puerta, casa por casa.

Día 89: La habitación de Luz Marina desbordaba de familiares y amigos. Cada uno la abrazó, lloró con ella, rio con ella, asintió con ella. Era una fronda de naranjo con hojas tiernas y frutos dulces. Solo faltaba su mejor amigo, su amigo secreto, la naranja de gajos medicinales y aroma de incienso.

   Esa noche Luz Marina tuvo un sueño. Caminaba por la playa de Caldera, llegando casi al muelle. Las olas, un poco agitadas, le empapaban las rodillas, dejándole pequeñas conchas de colores en los pies. Luego el agua le mojaba a la altura del pecho. Hasta que las olas le llegaron a la cara. Entonces se despertó de improviso. Gran cantidad de sangre salía de su boca y nariz. Sintió espanto y horror. <<¡Mami, papi, me desangro, ayúdenme, por favor!… ¡papi, mami!>>, gemía desesperada.

Día 90: En el Hospital Monseñor Sanabria consiguieron detener las hemorragias. El médico explicó a sus padres que ya le quedaba muy poco tiempo. <<No la dejen sola>>, advirtió.

   De camino a su casa, en el carro, vuelta en sí, haciendo esfuerzo por hablar, Luz Marina suplicó a su papá:

-Papi, llevame a la playa antes de que entremos a la casa, por favor, ¿sí?, deseo ver el atardecer.

-Lo que querás, mi princesa, lo que querás-pudo apenas decir su papá, aguantándose las ganas de llorar.

   Complaciéndola, detuvo el vehículo, la cargó con absoluta delicadeza y se acercó lo más posible a la espuma que acariciaba maternalmente a la arena. Y Luz Marina, recibiendo los consuelos de la brisa que desde niña la chineó, alzando su débil voz, quiso dejar la última semilla:

-¡Gracias Vida! ¡Gracias por dejarme vivir mientras vivía! No tengo con qué pagarte todos los regalos que me has hecho: mis padres, mi familia, mi amigo secreto. No hay nada qué reprocharte, me voy en paz, Amiga, me voy… en paz.

   Luz Marina observó al sol que se despedía con luces amarillas y rojas, tendiendo rayos que cortaban las nubes acostadas en la línea del horizonte. Sus ojos cansados se fueron cerrando suavemente y, con una sonrisa apacible en su rostro, murió, regalándole un suspiro al crepúsculo.

   A lo lejos, detrás de una palmera, Alejandro sostenía con la mano derecha, cerca del corazón, un puñado de sobres rosados… y en la izquierda uno de tono azul…

 

Geovanny Soto Sosa. Costa Rica.

90 días tiene Luz Marina

Otros participantes del taller:

Los días sin luz, por Alina Reyes

El padecimiento de todos, detonado en algunos; por Fernando Bermúdez

El veneno, por Círculo Novel

Idilio y secuencias rotas. Colaboración de Le Mat y Mónica Olivares

Idilio

Estuvimos conversando en un instante

Me pedías mil finales y te reías

Me mirabas a los ojos y te veías

Compartiendo pan, cigarros y melodías

 Con secuelas de romances y simpatía

Todo fluía, y sin cesar, todo danzaba

Todo cantaba, y como nieve, todo caía

Despertando fuimos hebras pasajeras

Extraviadas por Morfeo y sus telares

Pero aunque solo en ellos sonreías

En vigilias pude verte, ¡Todavía!

Saludando las deshoras de la tarde

Despejándose las nieblas de levante

Convirtiéndose al fulgor del mediodía,

¡Contemplando así la magia de la vida!

Le Mat. Chile.

Secuencias rotas

Y ese instante es el caos

de la causa de mis demencias,

de rendirme noche a noche

en un caudal secuencial

de restos en mi memoria,

 entre risas y el sonido te desvaneces .

¿por qué otra vez?

en las estructuras curvas de mi silueta,

en mi silencio adormecedor deletreas

 tu nombre y me despiertas en un desvarío.

Sigo sin verte.

Mónica Olivares. México.

Otras publicaciones de los mismos autores:

Le Mat: Nieve (taller literario)                Villancico (concurso de Navidad)

Mónica Olivares: Caídas nocturnas            Amaneceres perpetuos

 

Cuento del miedo, por Geovanny Soto Sosa

El hombre manejaba solo, por una carretera solitaria, en una noche oscura de luna nueva. Las estrellas no querían brillar en un cielo tachonado de nubes abotagadas de agua. A ambos lados de la vía, la mala hierba crecía al parecer de su gusto, y las rocas, agazapadas entre aquella, esperaban como serpientes morder un tobillo descuidado.

   Venía de un trabajo, uno cualquiera, pues su vida era una de tantas en medio del desierto de los negocios. Con billetes en el bolsillo, este hombre no tuvo objeción en dejar listo el recorte asqueroso de un personal hambriento de ilusiones. Obeso de soberbia, conducía con la agudeza de su luz de largo alcance para dejar actuar con ingenio a otro tipo de agudeza dentro su mente que, desprovista de escrúpulos, maquinaba cómo abultar más sus cuentas de banco.

   El camino era conocido aunque no lo transitaba a menudo. Ajeno a la distancia por recorrer, más que en el asfalto se concentraba en su buena estrella atrapada con maña y descaro. De pronto, tuvo la impresión que el camino se hacía largo y la calle se angostaba un poco. “Tonterías”, se dijo, y siguió maquinando. En eso, después de una curva, una mujer, a distancia prudente, le hacía señas para que le llevara. Le pasó al lado sin volverla a ver. Se rio, y no le dio importancia. Entonces sintió una presencia dentro de su auto, una persona de más, un ser irradiando furia que le quemaba su nuca. Miró por el retrovisor y… nada. Nadie le acompañaba.

   Sin embargo, la presencia era tan real como el volante que sostenía. “Nervios y cansancio”, se dijo.

   La noche se puso más oscura. Comenzó a llover.

   Conforme avanzaba, le constreñía el cuerpo un calor espeso. Puso el aire acondicionado.

   El hombre seguía conduciendo por una carretera que no terminaba, al igual que el calor. El aire artificial no cumplía.

   El aguacero se burlaba con insolencia.

   Conduciendo con eficacia, el hombre ya solo atinaba a acelerar. Llegar lo más pronto posible a casa. Dejar el calor atrás, la lluvia atrás y a aquella presencia…

   El aguacero golpeaba sus cristales con rabia. La carretera se embadurnaba con esa agua como si fuera ungüento balsámico. Y el hombre no veía el final del viaje.

   Antes de una curva larga como lengua de oso hormiguero, observó de nuevo a aquella mujer haciéndole parada sin reparar en ello, su mente estaba obnubilada. Irritado por tanto, aceleró para mojarla al pasarle al lado, y lo logró. Dos segundos después, al dejar la curva, sintió un par de manos mojadas apretando leve su cuello. Se desesperó. El volante quedó a su albedrío, y, cuando el carro se disponía a caer por un barranco muy hondo, se detuvo abrupto en la orilla. El hombre ya no sintió aquellas manos mojadas, pero vio a una mujer frente al vehículo, bajo la lluvia, apoyando una mano sobre la tapa del motor. Flotaba, con un resplandor azulado apenas perceptible. El hombre sintió un dolor insoportable en el pecho, como si alguien se lo estuviera escarbando con un puñal. Y de pronto, horrorizado, vio como una mano salía de su pecho sosteniendo un trozo de carne putrefacta que parecía latir. Afuera, la mujer, de rostro arrugado y ojos blancos como luna llena, extendía el otro brazo sin su mano.

   El hombre, paralizado de miedo, miró cómo aquella mano se llevaba la carne putrefacta y llegaba hasta la mujer. Luego, apartándose esta del frente, levantó la mano que sostenía al vehículo y lo dejó caer a lo hondo del barranco.

Geovanny Soto Sosa. Costa Rica.

el cuento del miedo

Otras publicaciones del mismo autor:

Porque siempre quise conocer la nieve (taller literario)

Taller literario: 3 temas

Os presentamos nuestro segundo taller literario. En esta ocasión, habrá 3 temas diferentes para elegir, con motivo de 3 celebraciones distintas:

  1. El cáncer: Día internacional contra el cáncer (4 de febrero)
  2. La ablación: Día mundial de la tolerancia cero a la mutilación genital femenina (6 de febrero)
  3. El Carnaval (segunda semana de febrero)

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Para participar tenéis que enviar vuestro texto a parentesissite@gmail.com. No olvidéis incluir:

  1. El título de vuestro texto.
  2. El nombre con el que queréis firmar y vuestra nacionalidad.
  3. Una foto o dibujo que acompañe a vuestro texto (opcional)
  4. Cada participante podrá presentar un máximo de un texto por tema.

 

El taller funcionará del siguiente modo:

  1. Los textos de los participantes irán publicándose según vayamos recibiéndolos, sin ningún tipo de filtro, desde el lunes 25 de enero, hasta el 14 de febrero.
  2. Vale cualquier género, mientras se adapte a la temática: poesía, relato, cuento, ensayo…
  3. Los propios participantes, Paréntesis y cualquier lector que lo desee, comentarán los textos, aportarán sus opiniones y correcciones y votarán (el voto será válido con un “me gusta” en la publicación). Por lo tanto, los propios participantes serán a la vez escritores y lectores, y se convertirán en jueces.
  4. El día 15 se hará el recuento. El texto con más “me gusta” y mejores críticas, será el ganador.
  5. Para que os resulte más sencillo acceder a todos los textos participantes en el taller, podréis encontrarlos en la pestaña Talleres, dentro de las categorías Miscelánea y Concursos literarios.
  6. El premio será un libro digital a elegir entre los siguientes:
    1. Poesías, de Mario Benedetti (formato ePub)
    2. El alquimista, de Paulo Coelho (formato ePub)
    3. Veronika decide morir, de Paulo Coelho (formato ePub)
    4. El plan infinito, de Isabel Allende (formato ePub)

¡Mucha suerte a todos, esperamos vuestros textos y comentarios!

La princesa del abismo en la mirada, por Andrea Nunes y F. K. Essaza

La princesa del abismo en la mirada

Género: Magia, Realismo,  Amor, Erótico, (Poesía y narración)

¿Princesa?
Si tuviera que ser princesa, sería la del olvido. Princesa de la nada. Una princesa perdida en su prisión de cama con doseles y paredes enjoyadas. Princesa triste, de lágrimas en la cara.
Princesa del vacío. En un reino de espinos, hallé una corona y, a falta de más cabezas, fui coronada. Princesa sin caballo. Princesa sin destino. Princesa falsificada. Princesa del sueño de un chico dormido que solo sueña con hadas. Princesa. Dicho así, en sus labios, fue una mentira muy bonita. Me hizo soñar.

Portada Princesa del abismo en la mirada

F. K. Essaza y Andrea Nunes. España.

La princesa del abismo en la mirada

Lo que ves es lo que soy, por Fernando Bermúdez

Lo que ves es lo que soy

Acepto desaparecer, porque me voy apagando como una vela, no hay duda, hago. Me dejo ser en un universo infinito, donde retorno, tomo pausa & vuelvo a crecer entre la tierra, soy arado, regado, atendido & recogido. Como fruto único e irrepetible, sigo creciendo, viendo, autonomizándome, sigo siendo arado por los días, regado por el aire, sigo siendo tierra, que vuelve a su madre, sigo aprendiendo de mis muertos, de los que fui, de los que seré, de esta soledad que me regala un segundero para no tomarme el tiempo tan a pecho, sigo siendo el silencio de un suicida, la risa de un pequeño, las arrugas de una anciana, las estrías de una madre, sigo siendo este universo que seguirá dando vueltas, en todas estas vidas que me esperan.

Camino entre raíces, creciendo a cada legua, me alejo poco a poco a la espera, desaparezco a cada paso,  dejando mis huellas para mi próxima cruzada, me limito a pensar qué seré, cómo actuare, seré acaso un mito o solo es mi realidad queriendo ver como un estúpido; pero aunque lo fuera, creo en la magia, en los sueños, en la gente, creo en todo lo que muchos han dejado de creer, & no tiene nada que ver con dios, soy mi destino, mis destierros & mis noches de insomnio.

He sembrado promesas por ahí, muchas de ellas tienen nombre, capítulos, notas musicales, llevan un calvario como todo el mundo, son sorprendentes, algunas han muerto & con ellas muchas ilusiones; tengo por nombre silencio, & con él tres puntos suspensivos que dirigen mi vida, compleja, misteriosa, insoluta, aventurera, sarcástica, risueña, seria & con muchos abecedarios por descubrir.

Mis días mueren por los nuevos, viven por los viejos, sonríen por los que no conocen, saben que si ellos parten, tendré una experiencia más en mis momentos, saben que escribiré de ellos, que no los dejaré morir en vano, saben que en cualquier tertulia contaré sus hazañas, contaré lo que vivimos juntos, saben que se llamarán pasado, que no los visitaré seguido, que serán leyenda, que tocarán la vida de otros entes & compartirán los días como recuerdos.

Debo decir que lo que ves es lo que soy, que lo que piensas no lo es, que lo que quieres tal vez no ocurra, que cuando las mareas te acechen muerto, & la tierra tome lo que es de ella, puedes cerrar los ojos demasiado fuerte & volver a donde perteneces, volver a la vida, a la lluvia que recorre tu rostro, al sol que calienta tu cuerpo, al frío que estremece tu piel, a los paisajes áridos, tristes, coloridos, imaginantes con piel de jaguar que se dibuja entre las estrellas, volver al amor que es todo un ciclo, que se siente a cada mañana cuando  lo único que posees eres tú & entorno.

La muerte recorre con facilidad cualquier espacio, es amante de los juegos, de la desesperación, de la desolación; siempre deja que la imaginación del hombre se crea poderosa, la deja libre, con cercas por doquier, les deja creer en la eternidad, en mitos & leyendas. La muerte anuncia su llegada, en silencio, sin prisa, disfruta cada instante de la agonía, del dolor & la sobrevivencia del más fuerte. La muerte concluye siempre dejando los cuerpos a su madre, a la tierra. La muerte no se olvida de nosotros, ella nos recibe & nos recoge en tiempo de olvido.

“Soy lo que ves, & lo que ves es todo lo que existe, soy como el Narciso o la Rosa, con espinas, belleza, vida & final”.

Fernando Bermúdez. México.

 

Fernando Bermúdez

Otras publicaciones del mismo autor:

Cuenta regresiva

No me importa

Noches & Caminos

De camino a casa, por Jenny Fernández

De camino a casa

De camino a casa se sumergió en sus pensamientos sin darse cuenta mientras miraba por el cristal del autobús, como siempre, con sus cascos puestos escuchando canciones que, ahora sí, hablaban de él.
Fue entonces, en medio de sus pensamientos y una canción terriblemente cruel que decía “no quiero estar sin ti”, cuando se dio cuenta de que le debía, por lo menos, media vida. Le debía unos ojos, porque él le dejó los suyos para ver su mundo algo menos triste, más mágico, y por supuesto, más libre. Le debía unas manos firmes y que tranquilicen, porque él usó las suyas para sostenerla a ella y llenarla de caricias así como de cosquillas que nunca aceptaba de vuelta. Le debía lágrimas, litros de dulce agua salada que ellos tanto valoraban. Se las debía porque fue gracias a él que aprendió a llorar bien, para limpiar y purificar. Para perdonar, e incluso para curar. Se las debe, porque siempre que las derramó cayeron sobre su pecho que siempre fue, es, y será, la mejor almohada en la que dormirá jamás.
Le debía una espalda también, por cargar con todas las mochilas que llevaba ella sobre la suya mientras aprendía que solo una mochila, era la suya. Le debía una clase práctica de besos en la espalda en forma de agradecimiento, con un ‘gracias’ susurrado al oído, por enseñarle a vivir a cambio… de tan solo un suspiro al dormir, y otro al despertar.
Se dio cuenta pues, de que necesitaba saldar sus deudas con él, a largo plazo y con intereses.

Jenny Fernández, de su libro Los suspiros de Nay. España.

de camino a casa

Resultados del Taller: Día Mundial de la Nieve

En primer lugar, muchas gracias a todos los que habéis participado en nuestro primer taller, y ¡feliz día de la nieve! Hemos tenido cinco participantes, que para empezar, no está nada mal, aunque esperamos tener más en los próximos talleres y, sobre todo, esperamos que los participantes futuros se animen más a comentar los textos de sus compañeros de taller, pues es una parte esencial de esta actividad y ha fallado un poco en esta ocasión.

Como ya sabréis, se conceden dos premios, uno otorgado por el público (balance de comentarios positivos y Me gusta en los textos), y otro otorgado por Paréntesis al texto que más le haya gustado, independientemente de los votos y comentarios de los demás lectores. Los resultados son los siguientes:

  1. El premio otorgado por el público es para Jorge Ochoa, Dueño de mis letras (Blanca), con un balance de 2 Me gusta y 7 comentarios.
  2. El premio otorgado por Paréntesis es para Geovanny Soto (Porque siempre quise conocer la nieve).

¡Enhorabuena a los ganadores! Como se explicaba en las bases del taller-concurso, vuestro premio es un libro digital, a elegir entre:

    1. La princesa del abismo en la mirada, de F.K. Essaza y Andrea Nunes (formato PDF)
    2. El alquimista, de Paulo Coelho (formato ePub)
    3. Veronika decide morir, de Paulo Coelho (formato ePub)
    4. La fortuna de Matilda Turpin, de Álvaro Pombo (formato ePub)

Para solicitar vuestro premio, escribid un correo electrónico a Paréntesis (parentesissite@gmail.com) indicando qué libro preferís.

Aquí podéis leer los textos de los ganadores de este taller:

Porque siempre quise conocer la nieve, por Geovanny Soto

Blanca, por Jorge Ochoa

Y como adelanto, os vamos informando de que el próximo taller será triple, es decir, tendrá tres temas a elegir (o para quien no quiera elegir, se podrá participar con los tres temas): uno será para celebrar el Día internacional contra el cáncer (4 de febrero), otro para el Día Mundial de la tolerancia cero a la mutilación genital femenina (6 de febrero), y el último para celebrar el Carnaval (segunda semana de febrero). Os daremos más detalles a lo largo de esta semana.

 

 

 

Ese secreto que daba hondura a las personas, Patrick Modiano

Del blog literario Calle del Orco

Calle del Orco

Patrick Modiano

He aquí también la prueba de que a un escritor lo marca de forma indeleble su fecha de nacimiento y su época, incluso aunque no participase de forma directa en la acción política, incluso aunque parezca un solitario, replegado en eso que suele llamarse “su torre de marfil”. Y, si escribe poemas, son a imagen y semejanza del tiempo en que vive y no habrían podido escribirse en ninguna otra época.
Es lo que sucede con el poema de Yeats, ese gran escritor irlandés cuya lectura me ha conmovido siempre de manera tan honda: “Los cisnes salvajes de Coole”. En un parque, Yeats está observando a unos cisnes que se deslizan por el agua:

Me ha llegado otro otoño, diecinueve
desde que conté el primero;
vi, antes de haber terminado,
de pronto a todos remontar el vuelo
y que en grandiosos anillos al dispersarse giraban
con estruendo de sus alas.

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Un asalto a la cultura, por Andrea Nunes

UN ASALTO A LA CULTURA
La reforma de la ley de pensiones, que entró en vigor en el 2013, obliga a los escritores a elegir entre sus pensiones o sus derechos de autor (lo mismo sucede con músicos y otros artistas). Es tan absurdo como suena. Escritores reconocidos, como Javier Reverte, Eduardo Mendoza, Antonio Colinas y otros muchos, se ven en esta situación. Un escritor, tras una vida entregada a la literatura, y una larga trayectoria aportando a la cultura y a la intelectualidad, y cotizando legalmente como autónomo, se ve en serios problemas una vez que se jubila en España. La pensión mínima que cobra un escritor retirado es de 600 euros; si gana más de 9.000 euros al año en derechos de autor, ya no puede compatibilizar el cobro de ambos. Para colmo, si cobra su pensión, tampoco es legal que al mismo tiempo cobre algún honorario por conferencias o charlas, por no mencionar qué sucede si gana un premio. Si un autor cobra el premio Planeta y además cobra su pensión, por ejemplo, es un estafador y será castigado por el Estado. Con esto, obligan a muchos autores importantes de la literatura española, a dejar de trabajar, les privan de continuar enriqueciendo a la sociedad con sus aportaciones precisamente en un momento de su carrera en el que probablemente tienen mucho que ofrecer. Esta es la realidad de nuestro país. Un aplauso.

Para comprender mejor el problema y ver más información, podéis leer este artículo de La Vanguardia: El Estado jubila a los escritores; o este otro de El Español: Un premio Cervantes multado por cobrar su pensión y sus derechos de autor.

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