La leyenda de Onninnona. Capítulo I

Capítulo 1

            La noche había caído en el gran valle de las Montañas del Ocaso. Era pleno verano y la brisa que llegaba, silbando entre los recovecos de los peñascos, hacía que los habitantes de la región salieran de sus hogares para impregnarse de su frescura. En el cielo nocturno, geann, la gran luna esmeralda, resplandecía con intensidad, acompañada de un sinfín de estrellas que se perfilaban en el firmamento.

            Los animales de la zona también disfrutaban de tan agradable espectáculo, aullando al cielo algunos, mientras que otros se tumbaban en la fresca hierba de la llanura que rodeaba la pequeña aldea del clan Viento Fresco.

            Todos parecían estar descansando, mas en una pequeña cabaña a las afueras de la aldea, la joven profesora todavía no había acabado de recoger los utensilios que utilizaron sus alumnos en la fiesta de la noche anterior.

            El solsticio de verano era un evento que todos los niños esperaban durante todo el ciclo solar. Los fuegos artificiales les entusiasmaban, eso era innegable. No obstante, para Onninnona había sido algo agotador. Había sido su primer y esperaba que el último, solsticio de verano en la escuela. Hacía pocas lunas que la antigua druwide¹ había fallecido. En la druidería ya sabían de ese evento, pero aun no habían enviado a ninguna sustituta/o así que ella había sido la elegida, por el consejo de la aldea, para ser la maestra sustituta.

            Acababa de regresar de uno de sus largos viajes por las regiones del norte y lo único que deseaba era estarse durante una buena temporada en su hogar, tranquila y disfrutando de la calma del valle. Qué ilusa había sido al aceptar el cargo de maestra, pensando que podría llegar a cabo esa labor sin esfuerzo alguno. Solo había tardado unas noches en darse cuenta de lo cansado que era enseñar en la escuela. No pasaba ni una noche, sin que deseara que una druwide se divisara en el horizonte con la intención de relevarla del cargo.

            En ese momento su ayudante seguía recogiéndolo todo para que al nuevo amanecer todo estuviera limpio y listo para los alumnos.

            Rosa era una pequeña brownie que había llegado hacía unos soles a la aldea, con la intención de instalarse permanentemente. Como Onninnona, ella también era una intrépida aventurera. Se había pasado gran parte de su longeva vida viajando por las islas de Bíroc. Sus experiencias eran bien valoradas en las clases que impartía por las tardes, a los alumnos más mayores.

            Ahora mismo estaba acabando de barrer el interior de la gran aula, cuando alguien interrumpió su trabajo.

            De improviso, un hombre encapuchado, armado con una gran espada a la espalda y una porte disciplinada, que solo un soldado veterano podía tener, había abierto la puerta de la escuela sin tan siquiera llamar.

            —¿Qué hay de nuevo, forastero? —le saludó cortésmente dejando la escoba a un lado y tensando mínimamente sus músculos—¿Puedo ayudarte en algo?

            El hombre no se molestó ni en mirarla. Simplemente se quedó ahí parado, examinando el aula como su estuviera buscando algo o alguien. Al ver que salía una luz de una puerta, que sin duda daba a un despacho, al fondo de la sala, decidió aventurarse como si fuera amo y señor de todo lo que pisaba.

            Al ver que ese extraño bindir no parecía estar dispuesto a decirle qué quería, la brownie se interpuso en su camino y en un momento cambió a su fase súper, desgarrando la parte superior de su vestido, con sus púas.

            —Solo te lo diré una vez —empezó a decir de modo desafiante—. Vete por donde has venido o me veré obligada a echarte de mala amanera…

            El encapuchado se quedó parado durante un momento, observando por primera vez a la pequeña duende.

            —Estoy buscando a una mujer de cabellera rojiza con tonalidades doradas, de estatura mediana y ojos verde azulados.

            Al oír la descripción, Rosa supo enseguida que estaba describiendo a Onninnona. No obstante, no tenía intención de dejarlo pasar. Ese hombre no parecía tener buenas intenciones.

            —No conozco a nadie así. Será mejor que te vayas —escupió esas palabras de tal manera que el hombre entendiera que no estaba de broma.

            El ambiente empezó a tensarse cuando el hombre se quitó la capucha y dejó al descubierto su cara. Estaba manchada de arrugas y una gran cicatriz que le rajaba el ojo izquierdo, perdiéndose por la calva. Su barba desaliñada y negra, indicaba que llevaba mucho tiempo viajando. Estaba claro que había venido de muy lejos, meditó la brownie, empezando a mover sutilmente sus manos acabadas en garras.

            En ese instante una voz salió del despacho.

            —Rosa, ¿hay alguien contigo?

            Al ver que el encuentro entre la profesora y el extraño era inevitable decidió no ocultar lo evidente.

            —Onninnona, hay alguien que te busca —fue su escueta respuesta.

            El desconocido hizo hincapié de avanzar, pero una garra de la brownie impidió su avance.

        —Tú te quedas aquí —dictaminó mirándole de forma amenazadora, aprovechando su aumento de tamaño al estar en fase súper.

            Al cabo de poco, la puerta del despacho se abrió y de su interior salió una mujer de mediana estatura, con unos pantalones vaqueros, una camiseta de tirantes blanca y una coleta reagrupando su larga cabellera.

            Nada más entrar en el aula y observar a lo lejos al hombre, supo de quién se trataba.

           —¿McFinn…?

           —Me alegra verte de nuevo, joven guerrera —su postura se relajó un poco—. Por desgracia mi visita ampara malas noticias…

            La mujer se les aproximó y al llegar junto a su compañera, le tocó el hombro y le indicó que todo estaba bien, acto que hizo que la brownie se relajara y volviera a su estado original.

            —Será mejor que nos sentemos —aclaró Onninnona al ver de cerca el rostro cansado del guerrero—. Rosa, por favor, ¿podrías preparar un poco de té y traer algo para comer?

            Sin acabar de fiarse del todo de aquel desconocido, la brownie asintió y subió al piso superior por la escalera de caracol que había en la esquina sureste.

           —¿Qué ha pasado? —preguntó directamente, al mismo tiempo que acompañaba a su invitado a sentarse junto a la mesa circular que rodeaba el tronco del árbol que estaba justo en el centro del aula.

            —Todavía no ha pasado nada, pero… —se acabó quitando el cinto de sus espada y se recostó en su asiento–. La hija del rîgos² del clan Aullador ha desaparecido.

               —Alana…

            —Dado que os hicisteis amigas en tu estancia en la aldea, me han enviado a buscaros para que nos ayudes a encontrarla.

            En ese momento Rosa empezó a bajar las escales con una bandeja con: una tetera, varios vasos, fruta, pan, queso y carne ahumada. El silencio volvió a aparecer mientras McFinn iba engullendo todo lo que había en la bandeja. Dada la importancia de su misión, Onninnona dedujo que había estado viajando, sin apenas descanso, desde las montañas del crepúsculo, al norte. Antes de que el guerrero acabara de comer, indicó a la brownie que ya se podía marchar a casa. Un poco indecisa, la ayudante se acabó alejando de la escuela, no sin antes mirar varias veces hacia atrás, con la inquietud de si estaba haciendo lo correcto, dejando a la maestra sola con ese hombre.

            Una vez solos de nuevo y después de llenarse de nuevo el estómago, el hombre prosiguió diciendo:

            —Sé que te estarás preguntando por qué te pedimos ayuda a ti, en vez de al grupo de buscadores —es lo primero que se había preguntado la joven profesora—. La respuesta es sencilla —hizo una pausa para acabar diciendo—, creemos que los responsables son los del clan Roca Maciza.

            Ante la mención del clan enemigo, la profesora empezó a reflexionar en voz alta.

            —Si pidieseis ayuda a los buscadores, esto sería oficial… —su cerebro iba procesando todo aquello mientras se iba quitando la coleta, dejando su pelo libre—. Si vuestras dudas se confirmaran, habría guerra entre ambos clanes…

            —Una guerra que por desgracia, ahora mismo no podríamos ganar…

            —McFinn… ¿Quién te envía?

            La pregunta que esperaba evitar contestar hasta haber emprendido viaje, le golpeó de lleno. La astucia de Onninnona parecía no haber menguado ni un ápice, pensó para sus adentros. Viendo que tenía que decir la verdad, cogió fuerzas y la soltó del tirón.

            —Nadie sabe que estoy aquí. Se supone que estoy de viaje a la Aldea Costera, esperando suministros.

            —Tu rîgos se está preparando para la batalla y tú quieres evitarla, aun a costa de trabajar a sus espaldas —concluyó la mujer de piel pecosa, intentando agrupar todas las piezas del puzle.

            —Soy leal a mi clan —soltó de repente levantándose bruscamente como si la insinuación de la profesora hubiera herido su orgullo—. Lo único que intento es salvar a la chiquilla sin derramar sangre alguna —sentenció con decisión.

            —Sin embargo, me estás pidiendo que arriesgue mi vida.

            Las palabras salieron de su boca como cuchillas, desgarrando el aire.

            El guerrero no tuvo más remedio que calmarse y volverse a sentar. A fin de cuentas, esa mujer estaba en lo cierto. Básicamente lo que le pedía era que rescatara a Alana, sabiendo que muy posiblemente tuviera que arriesgar su vida en su empeño.

            Llegados a ese punto supo qué hacer.

            Sin más dilación se puso de rodillas y agachó la cabeza de forma sumisa mientras le decía:

            —Sé que es egoísta, pero por favor, salva a Alana.

            Ante tanta desfachatez del guerrero, la mujer no pudo evitar resoplar. Apenas se había vuelto a instalar en su casa y ahora le pedían que volviera a emprender viaje, pero no un viaje cualquiera, sino un viaje que le acarrearía muy posiblemente la muerte. Por otro lado, hacía rato que ya había tomado una decisión, así que no valía la pena hacer sufrir más al hombre.

            —Musha³, levántate de una vez. No hace falta todo esto —el guerrero alzó la cabeza–. Alana es mi amiga, así que iré a rescatarla.

1*Druwide: druída

2*Rîgos: rey

3*Musha: exclamación celta de contrariedad, equivalente a “¡caray!, ¡caramba! o ¡demonios!”.

mapa

Luna Sullyr.

Iremos colgando un par de capítulos por semana, pero si no puedes esperar tanto y prefieres ir adelantando tu lectura, puedes seguir leyendo este relato en Wattpad.

Anuncios

5 comentarios en “La leyenda de Onninnona. Capítulo I

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s