La leyenda de Onninnona. Capítulo II

Capítulo 1

Capítulo 2

            Los rayos del sol acariciaban el pequeño valle donde residía el clan Viento Fresco, cuando Onninnona hacía un alto a Cerdi, su montura gregún, para volver la mirada a su hogar. La noche anterior, nada más partir MacFinn, se había encargado, primero de hablar con Rosa para dejarla a cargo de la escuela y segundo, despedirse de su familia. Sus seis hermanitos no se lo habían tomado muy bien. Apenas volvía a instalarse en la rutina del clan, cuando se marchaba de nuevo. Tampoco para ella había sido fácil despedirse de ellos. Por suerte, sus padres habían comprendido enseguida que era necesario que se marchara para intentar solucionar el problema que tenía entre manos. La verdad sea dicha, si había llegado donde había llegado, había sido, en parte, gracias al apoyo constante de sus padres.

            Sabía que tenía que marcharse, así que no lo demoró más y tras acariciar la cabecita de su montura, volvió a reemprender viaje hacia el norte.

            Mientras viajaba rauda como el rayo por las colinas, valles y montañas, no puedo evitar acordarse de cuando conoció a Cerdi. Había sido hacía ya muchísimos soles, justo cuando emprendía su primer viaje en solitario al Bosque Central. Era un viaje que le entusiasmaba hacer, pero al mismo tiempo estaba temerosa de perderse por las montañas. Por voluntad divina, le había encontrado en su forma primaria, un nym. Nunca había visto a ninguno con el pelaje rojo. Era algo inusual en las Tierras Heladas. El pequeño parecía acabado de nacer y se encontraba solo, así que nada más acerarse, no pudo evitar acariciarle y ver cómo estaba. Seguramente su manada le había abandonado por ser diferente y pensar que no sobreviviría por esas tierras tan frías. Sin pensárselo dos veces lo había acogido entre sus brazos y había recorrido con él las Montañas del Ocaso.

            Al volver de nuevo al clan, una luna después, el pequeño Cerdi había evolucionado a un precioso perro de pelo corto. No sabía si sus padres se habían tomado la noticia de un nuevo miembro a la familia muy bien, pero el caso es que desde entonces, Cerdi siempre le había acompañado en sus viajes.

            Hacía bastantes soles que el pequeño perro había vuelto a evolucionar a su forma definitiva, un gregún de tres grandes colas.

            Ahora estaba recorriendo un camino secundario por un pequeño valle, para poder adentrarse en una cueva que conocía. Sabía que si recorría el camino convencional podría llegar antes a la Taberna del Viento, pero también sabía que por ahí encontraría a muchos bindir de los clanes vecinos. Dada su misión, quería pasar inadvertida todo lo que pudiera.

            Era el mediodía cuando llegaron al pequeño valle de frondosos árboles, cuando hicieron un alto antes de adentrarse en la ruta escondida que les llevaría hasta la taberna y por consiguiente, el límite de las Montañas del Ocaso.

            Mientras Cerdi bebía en el río, que se acababa perdiendo entre las montañas, Onninnona decidió instalar una pequeña tienda para descansar unas horas. Sabía que por aquella zona no había muchos peligros que Cerdi no pudiera repeler, por lo tanto tenía intención de descansar hasta que la noche les alcanzara. Era peligroso, lo sabía, pero bajo el amparo de las estrellas, disminuían los ojos vigilantes de los extraños.

            Depositó con cuidado sus pertenencias a un lado y se tumbó en la manta que había extendido, al mismo tiempo que echaba la cabeza a un lado y contemplaba su espada. Estaba bien enfundada en su cinto. Los recuerdos le golpearon la mente de un modo arrollador y un sentimiento de tristeza inundó su corazón.

            En ese momento Cerdi se le acercó y se recostó a su lado, para hacerle compañía. De ese modo, de un plumazo sus recuerdos volvieron al olvido de su memoria.

            El atardecer estaba ocultando de nuevo al astro solar, cuando la aventurera recogió sus bártulos. Esperó pacientemente a que el sol se ocultara entre las montañas. En este último tramo iba a tener que emplear a fondo a su compañero. Quería que descansara todo lo que pudiera. Ya había recorrido varias veces ese camino con él, y aunque nunca habían salido heridos de gravedad, sabía que un pequeño descuido y no saldrían vivos de las entrañas de la montaña. Las historias que contaban sobre el laberinto del Come Piedras era lo que antaño la había impulsado a aventurarse para travesarlo. Había pasado tiempo de su primera vez. Ahora ya, más madura, no podía evitar detenerse un momento para pensar las consecuencias de sus actos. Se estaba haciendo mayor… se dijo a sí misma, un poco desanimada al ver que el tiempo había pasado volando.

            —Bueno, el momento ha llegado —susurró al aire—. Cerdi, nos vamos—proclamó con decisión.

            Sin más preámbulos, unos minutos después ya estaba montada en su montura, atravesando el valle, cuando llegaron a la entrada oculta del laberinto del Come Piedras.

La noche había ocultado al sol y ahora geann iluminaba con su tenue luz verde.

            —Preparado, pequeño. —Le acarició detrás de las extremidades que los de su raza tenían alrededor del cuello—Ya sabes qué hacer —acabó besándole en la cabeza para darle ánimos.

            Unos segundos después, el gregún tensó su cuerpo y las extremidades de su cuello se alzaron al mismo tiempo que aullaba, produciendo el característico ataque especial de los de su raza, el ataque sónico.

            Sabiendo qué hacer, no esperó orden alguna y se aventuró por los túneles, utilizando las vibraciones de su ataque para ver en la oscuridad. Por su lado, Onninnona había encendido dos antorchas de calcitas de color amarillo y las había colocado en los laterales de la silla de montar. En ese momento no podía hacer otra cosa que confiar en su amigo. Ella no era capaz de percibir a esa velocidad los obstáculos que se iban encontrando, solo podía ver, difuminados en la oscuridad, los pequeños murciélagos y los papiks que residían en el laberinto.

            Agazapada en la silla de montar, supo, sin necesidad de ver nada, que habían  llegado a la mitad del laberinto. Lo sabía porque en ese momento, tras lanzar otro de sus ataques sónicos, Cerdi había aumentado la velocidad. Eso solo podía significar una cosa, el gran salto estaba por llegar. En ese punto, muchos aventureros morían engullidos por el abismo que se prolongaba kilómetros y kilómetros en las entrañas de la montaña. Muchos intentaban saltarlo con sus caballos, y otros tantos habían acampado en su límite para crear un puente, pero ambas opciones bien sabía que no eran acertadas. La primera, porque un caballo no podía saltar tanta longitud y la segunda, porque los animales de las cavernas no eran muy propensos a tener visitas.

            Volviendo al presente, un chorro de adrenalina le recorrió las venas justo cuando Cerdi saltó al vacío. Esa sensación, en plena oscuridad, era algo que siempre le encogía el corazón. No por miedo a no llegar al otro extremo, no, de eso estaba segura. Todavía tenía la cicatriz en el hombro que le causó el primer salto. Su pequeño y alocado compañero había calculado muy mal el salto y habían llegado a estrellarse contra las estalactitas del techo de la cueva. Desde ese momento, cuando saltaban, lo único que le daba miedo era volverse a topar contra alguna estalactita y acabar con un chichón en la cabeza. Por fortuna todo eso era parte del pasado y el Cerdi de ahora, era mayor y sabio, así que tras aterrizar perfectamente al orto lado, continuaron el recorrido.

            Al llegar al final de túnel, tras haber tenido que luchar con algunos murciélagos para salir, observaron con alegría la Taberna del Viento. Seguía siendo de noche. Dedujo que todavía faltarían varias horas para el amanecer, de modo que tras ver el cansancio de su compañero, decidió acampar por aquella zona y aventurarse hacia la taberna a la luz del día.

            Siempre había preferido acampar a la intemperie que entre cuatro paredes. Parecía que por mucho que pasara el tiempo, la libertad era algo que ansiaba encontrar en cada momento de su vida.

            Antes de cerrar los ojos y dormir durante unas horas, algo en la lejanía captó su atención. Una pequeña explosión se produjo en la taberna y las llamas aparecieron impregnando la noche de una iluminación llena de sangre y muerte.

            Sin pensárselo dos veces lo recogió todo y volvió a montar a Cerdi.

            Apenas unos minutos después se encontraban enfrente de la taberna, observando cómo algunos supervivientes se tumbaban a lo lejos, heridos, mientras el fuego acababa de engullir las voces de los desafortunados que se encontraban envueltos en llamas, en el interior de la estructura. El mecanismo anti incendios no tardó en activarse y una gran cantidad de agua de la cisterna del tejado, apaciguó las llamas del lugar.

            Onninnona observó que una de las supervivientes era la hija de los dueños de la taberna. Se llamaba Avelín, la conocía de otras veces. La chica de largos cabellos dorados ahora yacía en el suelo, manchada de mugre, llorando, mientras otra mujer le vendaba la cabeza donde anteaño había relucido su cabellera.

            —Avelín —la saludó aproximándose todavía montada en su montura—. ¿Dónde están tus padres?

            La chiquilla alzó la cabeza al reconocer su voz. Al verla, se alzó y se arrodilló ante ella, cogiéndole la pierna mientras sollozaba con más fuerza.

            —Estaban dentro —consiguió gritar entre jadeos mientras perdía las fuerzas y acaba tumbada en el suelo—, estaban dentro…

            Al saber eso, Onninnona desmontó y tras vociferar órdenes a algunos bindir que se encontraban ilesos, se adentró en la devastada taberna para encontrar a sus amigos y a los posibles supervivientes.

Luna Sullyr.

Iremos colgando un par de capítulos por semana, pero si no puedes esperar tanto y prefieres ir adelantando tu lectura, puedes seguir leyendo este relato en Wattpad.

Anuncios

Un comentario en “La leyenda de Onninnona. Capítulo II

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s