La leyenda de Onninnona. Capítulo III

Capítulo 1

Capítulo 2

Capítulo 3

            Cuerpos calcinados, mutilados, aplastados, asfixiados… muerte por todas partes. Eso era lo que Onninnona encontró en el interior de la taberna. En ninguno de los dos pisos encontró un superviviente. Quien había provocado el incendio había sido un experto en pirotecnia. Aunque seguía siendo de noche, encontró enseguida los tres focos principales del atentado. Estaban colocados estratégicamente para destruir los pilares centrales de la taberna. Quien había provocado el incendio tenía como objetivo la destrucción total.

            Ahora se encontraba sentada en un árbol cercano, observando cómo un grupo de guardias junto a varios curanderos y un druwide, llegaban de una aldea cercana, al ver la humareda.

            La búsqueda de los culpables iba a parar a manos oficiales de los buscadores, así que no valía la pena preocuparse más por ese asunto. En ese instante tenía otras cosas en las que pensar, como por ejemplo, en la muerte de los padres de Avelín. Nada más encontrarlos, los había sacado de la taberna. Ambos estaban muertos de asfixia. La chiquilla, ahora dueña de la destrozada taberna, se encontraba excavando, junto con algunos familiares, que habían venido corriendo nada más saber lo sucedido, al lado de la cuadra en un rincón apartado y tranquilo.

            Al ver que ahí no podría tener descanso alguno, decidió marcharse a otro lugar. Sin más demora se montó en Cerdi con  intención de alejarse. Mientras pasaba por el lado de varios guardias, oyó algo que le sorprendió.

            —Otra quema —susurró el hombre a su compañera—. Ya van siete en apenas siete noches…

            —Está claro que alguien intenta cortar los posibles abastecimientos entre las Montañas del Ocaso y la parte central del territorio.

            En ese momento el druwide de cabellera negra se les acercó para darles unas órdenes.

            Una mirada del maestro, bastó para que Onninnona entendiera que debía marcharse. No ayudaba en nada quedarse ahí, así que tras inclinar la cabeza al druwide se alejó, esperando que las autoridades solucionaran cuanto antes esos ataques.

            Los primeros rayos del sol la alcanzaron cuando salió de las enmarañadas montañas. Había decidido dirigirse un poco al oeste para localizar el río que dividía todo el territorio. Ahora que la noticia de los incendios corría por su mente, y al parecer por las mentes de muchos viajeros que se había encontrado por el camino, dejó de lado el anonimato que había intentado seguir hasta ese momento. Estaba claro que nadie se iba a fijar en ella habiendo tantos problemas como los que había, al parecer, por toda la región.

~·~

En las afueras del clan Roca Maciza

 

            Ocultos a la vista de extraños, un grupo de bandidos descansaba plácidamente a la espera de nuevas órdenes. Después de la última quema, habían espoleado con fuerza a sus caballos para poner tierra de por medio, con el fin de no ser localizados con facilidad. Solo una pareja, formada por un salvan y una mujer, montaba guardia, por si algún campesino de la zona se les aceraba más de la cuenta.

            Hasta ahora nadie les había localizado. Eso era algo que impregnaba de orgullo al cabecilla del grupo, un salvan.

            Ahora mismo tenía intención de ponerse en contacto con su líder para informarle del éxito de su última misión. El elfo no podía evitar admitir que le congratulaba el hecho de que el otro grupo hubiera fastidiado varias misiones. Eso le ponía a él a la delantera para ser el favorito del líder. Sabía que cuando todo eso acabara y la guerra estallara, él recompensaría a su mejor súbdito y estaba dispuesto a que el puesto fuera suyo.

            Sin más preámbulos, sacó su cristal de comunicación y lo activó. Como era costumbre, no tuvo que esperar más que unos segundos antes de que la imagen holográfica de la cabeza encapuchada del líder, apareciera delante de él.

            —Mi señor —saludó inclinando un poco su cabeza—. Última misión, cumplida con éxito.

            —¿Dónde os encontráis? —el susurro de su voz parecía venir de otro mundo.

            —Al sur del clan Roca Maciza, apartados y ocultos, junto a una granja de tomates.

            —Bien hecho, Espólitor…

            Hasta ese momento nunca le había felicitado por nada, así que las palabras susurrantes del líder le impregnaron el alma, haciendo que sus largos brazos temblaran de puro placer.

            Por desgracia eso fue todo, la transmisión se cortó y el holograma se esfumó sin que el salvan pudiera consultar los avances de la otra banda.

            Pero eso ahora le daba igual. Algo le decía que estaba teniendo más éxito que sus camaradas, en las montañas del crepúsculo.

            Una gran sonrisa surcó su cara al mismo tiempo que se rascaba y acariciaba su larga cabellera dorada.

  ~·~

            —¡Rápido, cargadlo todo! —vociferó MacFinn a sus hombres.

            El tiempo se les estaba cayendo encima. Un retraso en el navío mercante había hecho que su estancia en el puerto del clan Pesquero, se prolongara más de la cuenta. Ya había comunicado al amdaur*1 responsable de las transmisiones de su clan, que iban a llegar tarde por culpa de esa demora. No obstante, quería hacer lo imposible por recorrer la distancia que les separaba del clan. Ese fue el motivo por el cual había vendido el carro de las provisiones, por una pareja de las más robustas moa*2. Tenía la intención de repartir las provisiones entre los caballos y las dos moa. De esa manera pensaba llegar en el plazo previsto.

            —¡Muy bien, chicos! —Observó que todo estaba listo— Marguerit, emprende la marcha —proclamó a la mujer, sabiendo que ella y su hermana, eran las mejores cabalgadoras del grupo.

            Sin más dilación, el grupo salió del puerto y rápidamente de la aldea por la puerta norte. Iban a recorrer toda la costa hasta cruzar el río, para después girar hacia el este y adentrarse en las Montañas del Crepúsculo por el terreno más plano que había.

            Las dos mujeres estaban montadas en las aves, cabalgando a una velocidad bastante moderada. Ambas sabían que si daban más cuerda a sus monturas, dejarían atrás a sus compañeros.

            Todo fue a pedir de boca, hasta que cruzaron el río y se encontraron que la taberna, El Cisne, estaba destrozada.

            Hacía apenas unas noches la taberna estaba en perfecto estado, así que el capitán se maldijo por su mala suerte, mas cuando cabalgaron hasta el límite de la cordillera del Crepúsculo, observaron que otra taberna había sido atacada. Entonces MacFinn empezó a inquietarse.

            Al ver que la noche se les había caído encima, decidió hacer un alto y acampar junto a la taberna chamuscada. Por fortuna, el pozo estaba intacto así que pudieron abrevar a sus monturas para que recuperaran fuerzas.

            Después de que todo el mundo se durmiera, decidió ir a dar una vuelta.

            —Volveré pronto —dictaminó a los hombres que hacían guardia.

            Sin más dilación, se encaminó con parsimonia por esas tierras, dejando la mente en blanco mientras el aire, un tanto gélido, le impregnaba la cara. Tenía ganas de estar a solas con sus pensamientos.

            Unas aves pasaron volando en la lejanía cuando vio a una caer, abatida por una flecha.

            Ipso facto se agachó y agudizó su vista para localizar al cazador. No tardó mucho en ver que a unos kilómetros al este, había un pequeño campamento camuflado entre varios árboles. Su prudencia pudo más que su curiosidad, así que antes de aventurarse para ver quiénes eran, sacó su transmisor y se lo comunicó a los vigías.

            No había muchas zonas donde esconderse al ser campo a través, pero para su sorpresa, se pudo acercar mucho al campamento sin ser visto. ¿Acaso no tenían a nadie vigilando? Se preguntó, un poco intrigado por aquellos desconocidos. Al asomarse por entre los caballos, vio a ese grupo pintoresco de… bandidos.

            —¡¡Musha!! ¡¿Pero qué haces?! —le vociferó Jasper, el líder del grupo.

            El vigía no supo qué decir más que enseñar el águila arpía que había abatido.

            Todos le vitorearon, viendo que esa noche al fin volverían a comer carne fresca. Sin poder evitarlo, Jasper resopló lleno de resignación por el grupo que le había tocado dirigir. Se preguntaba si su rival estaría teniendo tantos problemas como él a la hora de dirigir a su grupo.

            Sin muchas ganas de celebrar nada y aún en mente la conversación tan desagradable que había tenido con el líder, se alejó del pintoresco grupo para aclarar sus ideas. Fue en ese momento, cuando se alejó del ruido del campamento, cuando escuchó algo que le inquietó. Procedía de los caballos.

            Al acercarse, los contempló con detenimiento. Todo parecía estar bien, hasta que de improviso los animales salieron corriendo.

            —Pero, qué…

            Sin previo aviso, sus monturas salieron galopando en todas direcciones, pero eso no impidió que localizara a un hombre cabalgando alejándose de ahí. ¿Un ladrón entre bandidos? Vamos, qué ironía, se dijo a sí mismo, mientras gritaba a sus hombres que reagruparan a los caballos para perseguir al ladrón.

            MacFinn espoleaba sin premura a su montura, con intención de llegar cuanto antes a su campamento. Le habían descubierto husmeando en un campamento de bandidos, de eso no tenía duda. No obstante, un pensamiento le cruzó la mente. ¿Y si eran ellos los causantes de la destrucciones de las tabernas? En cualquier caso, ahora lo primero que tenía que hacer era regresar con los suyos. Luego ya tendría tiempo de llamar a las autoridades más cercanas del lugar.

            No tardó en hacer un alto al llegar junto a los vigías. Echando una última mirada hacia atrás, observó que los bandidos ya se habían organizado y se dirigían hacia ellos.

            —Debemos avisar al resto. —Bajó del caballo y se lo entregó a uno de los hombres—. Atad este caballo con el resto y regresad con el grupo —acabó ordenando, dándose la vuelta en dirección al campamento.

            Sin embargo, algo le impidió avanzar. Una punzada en el costado le había paralizado. Bajando la mirada, observó un puñal sobresalir de sus carnes. Después se produjo otra puñalada en el otro costado. Al girar la cabeza vio cómo el vigía, al cargo de su caballo, le miraba con el semblante serio, con el cuchillo ensangrentado en las manos. Un rápido vistazo le bastó para ver al otro vigía degollado en la hierba.

            —¿Por qué…?

            —No es nada personal, capitán, pero empiezas a ser una molestia para el líder…

            El capitán intentó sacar su espada para contraatacar, pero sus fuerzas flaqueaban. No pudo evitar que el traidor le derribara con una patada en el pecho. El dolor le pinzaba todos los nervios y hacía que su cerebro ardiera sin compasión. Intentó taparse ambas heridas con las manos, pero la sangre no paraba de salir. Entonces los bandidos le alcanzaron y pasaron de largo hacia el campamento. Solo un hombre se paró en seco junto al traidor. Su visión era algo borrosa, pero pudo ver que se decían algunas palabras.

            Sin muchos miramientos, ambos hombres cogieron a MacFinn por las dos piernas y lo arrastraron hasta el campamento. Al llegar, todos los soldados de la expedición habían sido asesinos, sorprendidos muchos en pleno sueño. De improviso, Jasper y el traidor alzaron al capitán e hicieron que mirara la masacre de sus camaradas, antes de lanzarlo sin miramientos al pozo.

            Un vacío impregnó a MacFinn, mientras caía sin impedimentos, observando cómo esos dos hombres le miraban con indiferencia. Antes de ser engullido por el agua, imploró perdón a los Dioses por haber metido en todo aquel asunto a la joven guerrera. Esto no iba a ser una simple disputa, ahora se daba cuenta de que había algo más detrás de todo aquello. Esperaba que Onninnona no acabara como él…

*1 amdaur: aprendiz de druwide

*2 moa: aves extintas de Nueva Zelanda

Luna Sullyr.

Iremos colgando un par de capítulos por semana, pero si no puedes esperar tanto y prefieres ir adelantando tu lectura, puedes seguir leyendo este relato en Wattpad.

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