La leyenda de Onninnona. Capítulo V

Capítulo 1

Capítulo 2

Capítulo 3

Capítulo 4

Capítulo5

Al norte del clan Roca Maciza.

             Las noches habían pasado apaciblemente desde el pequeño encontronazo con ese desconocido en la tienda de antigüedades. A pesar de no haber encontrado al atacante, el siempre humorístico anticuario había recobrado rápidamente la compostura después de contratar a un fornido guardaespaldas para que le protegiera a él y a la tienda.

            Al ver que el hombre ya se había recuperado del altercado, Onninnona se había marchado del clan, para aventurarse en un viaje que le llevaría a las Montañas del Crepúsculo. Tras indagar en el motivo de toda aquella revuelta y descubrir que alguien en las sombras lo estaba maquinando todo, había decidido ir al clan Aullador para intentar hablar las cosas.

Ahora que sabía que su amiga Alana no estaba secuestrada en el clan Roca Maciza, debía darse prisa por encontrar respuestas. Antes de aventurarse a campo través, se había infiltrado en las mazmorras del clan y había descubierto que ahí no estaba. Es más, ahí no había nadie. Estaba claro que todos sus recursos se dirigían para prepararse para la batalla.

            Todo aquello debía pararse o muchos bindir morirían por el capricho de alguien tan cobarde que no se atrevía a dar la cara.

            Lo único que todavía no le encajaba en todo aquel asunto, era la destrucción de las tabernas que se encontraban en los linderos de ambas cordilleras.

            Debía obtener más información para poder abarcar todo el problema en toda su magnitud.

            Subida a Cerdi, galopó lo más rápido que pudo por aquella llanura, hasta que divisó, en menos de una noche, las siluetas de las Montañas del Crepúsculo. Intuía que la taberna que señalaba el mapa, que le había prestado Rofin, estaría fuera de servicio, así que no tuvo más remedio que acampar antes de adentrarse en las montañas. A campo través estaría más segura.

            Las estrellas empezaron a iluminar el cielo semioscurecido cuando la mujer acabó de montar su pequeño campamento. En los tiempos que corrían, no estaba dispuesta a correr ningún riesgo, por lo tanto, enseguida colocó cinco cristales de cuarzo rosa alrededor del campamento e inmediatamente se concentró en darles un poco de gokui1. Al momento estos reaccionaron simultáneamente y un pequeño campo de energía se acabó creando, como último bastión en caso de recibir un ataque sorpresa.

            Ahora más tranquila, decidió tumbarse y observar cómo la hermana pequeña de geann se imponía poco a poco en el firmamento.

            —Pronto fibann se alzará en su plenitud —musitó con cansancio a su peludo amigo, recostado este junto a ella—. Es increíble que ya haya pasado media luna2 desde que emprendimos este viaje…

            Como única respuesta, el gregún se acabó tumbando y resopló.

            Ambos estaban muy cansados y en el silencio de la llanura, se durmieron plácidamente mientras sus cuerpos iban recuperando las fuerzas que necesitarían en el nuevo amanecer.

             ~·~

            —Esta vez no te me escapas, ¡pequeña ladrona!

            En una pequeña aldea, entre el Bosque Central y el lado más sudeste de las Montañas del Crepúsculo, un regordete carnicero de bigote prominente, había cazado al vuelo a una pequeña chiquilla que le había intentado robar un par de solomillos adobados. Desde hacía algunas noches se había rumoreado que alguien estaba robando a los aldeanos de la zona, así que el hombre estaba decidido a entregar a la ladrona a los guardias de la aldea.

            —¡Suéltame, pedazo de ballenato! —rugió la chiquilla intentando zafarse de la mano que la tenía agarrada por el brazo.

            Como única respuesta por parte del hombre, fue una fuerte bofetada que la acabó tirando al suelo, dejándola inconsciente.

            Para los bindir, el robo era algo intolerable y castigado con la pena máxima. Después de los asesinos, los ladrones eran la calaña peor vista. Incluso en algunas zonas los consideraban peor que los asesinos, por lo tanto, nadie salió a defender a aquella chiquilla que ahora el carnicero llevaba a hombros en dirección a la pequeña caseta de los guardias, que bordeaba los límites de la aldea.

            La mañana se había levantado con algunas nubes negras procedentes del norte. Todo el mundo sabía lo que eso significaba así que el regordete hombre, se dio prisa en dejar en manos de las autoridades a aquella delincuente, para volver al trabajo antes de que la lluvia les diera la bienvenida.

            A esas horas de la mañana, los guardias estaban empezando su ronda matutina por la aldea y sus alrededores, así que cuando el carnicero llegó a la garita,  solo encontró a una soldado.

            —Aquí os traigo a la ladrona de la aldea —proclamó inmediatamente y con argullo en su voz—. La he pillado robándome un poco de mi mercancía —sentenció empujándola a los pies de la mujer.

            La guardiana la miró detenidamente, sin decir nada.

            Era muy joven, de unos quince soles, pelo largo castaño, de estatura media y con unos ojos de un color otoñal intensos, casi negros. Vestía unos pantalones holgados y una especie de camiseta larga que le iba muy grande.

            La mujer sabía que hacía poco habían recibido notificaciones de robos en aldeas próximas a esa, pero hasta el momento nadie había podido identificar al causante de todo aquello.

            —Gracias por traerla, ahora me haré cargo —dictaminó la mujer, despidiendo al carnicero, que se fue raudo de nuevo a su negocio—. Te lo preguntaré directamente. —La adolescente se levantó del suelo y miró a la guardiana de grandes brazos que tenía delante— ¿Eres la ladrona que ha estado robando por todas las aldeas de los alrededores?

            —Soy inocente —respondió al instante—. Yo solo quería comprar un poco de carne, ¡cuando ese gordinflón me ha acusado de robarle!

            Fue en ese momento cuando un sollozo surgió de la nada e instantes después unos lagrimones salieron de la chiquilla. No obstante, la mujer no se inmutó y antes de dirigirse de nuevo a la garita, la esposó con unas cadenas finas de hierro forjado. Ante tal acción, la supuesta ladrona dejó de llorar y miró si algún guardia estaba cerca. Sabía que no podía ser conducida ante un tribunal. Por muy rudimentario que fuera, el druwide interrogador descubriría enseguida que era la ladrona que estaban buscando.

            Al ver que no había nadie a la vista, se lanzó en picado entre las casas de los alrededores para desaparecer de la vista de su carcelera. Por desgracia, el bullicio que había en ese momento por todos lados, hizo que tropezara con varios carros, haciendo que los gritos de los bindir sonaron alto y claro por todas partes. Inmediatamente la guardiana salió de la garita y tras una transmisión por su comunicador, todos los soldados de la aldea empezaron a perseguirla.

            En situaciones normales eso no la hubiera asustado. Era buena corredora y siempre se las había apañado para salir airosa de todas las situaciones, pero ahora era un tanto distinto. Estaba esposada y sabían cómo era su rostro. No podría salir de ese embrollo pasando por una chiquilla inocente, como había hecho otras tantas veces. Debía pensar en algo y rápido.

            Corriendo por las calles, que no eran muchas ya que esa aldea era muy pequeñita (apenas vivían trescientos aldeanos) se encontró varias veces con los guardias. Era muy difícil moverse a gran velocidad con las manos atadas.

            La persecución duró poco, cuando la ladrona se topó de frente contra un hombre regordete en medio de la calle.

            —¡¡¡Musha!!! —exclamó el hombre levantándose del suelo—. Pero qué… No puede ser ¡¿Otra vez tú?!

            Estaba claro que esa noche los Dioses estaban confabulados en su contra. Mira que había aldeanos, pues se tenía que topar otra vez con el carnicero, pensó para sí misma intentando levantarse.

            —¡Quieta ahí! —El carnicero lanzó su grande y voluminosa mano y la agarró del brazo antes de que saliera corriendo—Está claro que mereces un gran castigo —acabó diciendo mientras aullaba bien alto a los guardias para que vinieran y la apresaran.

            El juicio fue corto. A pesar de las insistencias de la chiquilla de que ella era inocente, ninguno la creyó. Ni su defensor, un amdaur llamado de una aldea donde no habían sufrido las fechorías de la ladrona; ni el juez, en este caso, un druwide viajero que pasaba por ahí; ni el jurado, compuesto por aldeanos que no habían sido atacados por la ladrona. Las últimas acciones de salir corriendo por la aldea y causar todo ese alboroto, habían hecho que sus palabras cayeran siempre en saco roto y tras un rápido interrogatorio del verificador, la mujer en este caso que tenía como misión sacar a la luz la verdad de todo ese asunto, todos la acusaron del delito de desorden público y de robo a gran escala. Por desgracia, todas las mercancías ya no estaban en posesión de la ladrona, que las había ido vendiendo, por lo tanto no podían ser devueltas a sus dueños legítimos. Si hubiera sabido lo que causaría eso, de bien seguro que las hubiera guardado a buen recaudo.

            —Es hora de dictar sentencia —anunció el juez alzando la voz—. Tanto el jurado como yo, te consideramos culpable. Al ver que no se pueden recuperar ninguna de las mercancías robadas, el castigo será mayor. —Una señal con la cabeza a los dos guardias de la sala, bastaron para que se adelantaran y se pusieran al lado de la acusada—. Te condeno a la vigía oscura —dictaminó, haciendo una señal con el brazo a los guardias para que la sacaran de ahí y la llevaran al calabozo.

            Al oír la sentencia, la joven ladrona entró en pánico. Nunca hubiera imaginado ese castigo. Mientras los guardias la arrastraban, empezó a llorar, esta vez de verdad, gritando bien alto que lo sentía. Nadie le hizo caso ni tuvo pena por ella. Había robado a sus iguales y debía ser castigada por sus delitos. Un joven, de su misma edad, situado en la última fila del granero que hacía las funciones de juzgado, la miró con desprecio mientras le susurró:

            —Yo era huérfano como tú —Los guardias abrieron la puerta—. Ahora tengo una familia que me quiere —En el umbral de la puerta, la ladrona acabó oyendo—. No debiste robar. Debiste pedir ayuda “al mundo3”.

            Esas palabras tocaron el corazón de la ladrona que graznó desesperada mientras se meaba encima, descontrolada, ante el futuro oscuro que tenía delante. Había tenido muchas ocasiones de pedir ayuda, incluso una joven anciana se había ofrecido a ir con ella para comunicarse con la organización, pero no había querido. No había sido por miedo, simplemente había preferido ir a su aire, sin normas y sin nadie que le diera órdenes. Desde los seis soles había estado vagabundeando por aquí y por allá. Se decía una y otra vez que esa era su vida. Nunca había tenido ningún reparo en robar, ese era su trabajo y le gustaba. Sin embargo, ahora la habían capturado y viendo el destino que le esperaba, se arrepentía del camino que había elegido. Qué tonta había sido, se decía a sí misma una y otra vez, viendo cómo la encerraban en un agujero hondo y de paredes de roca y hierro. Lo último que vio, fue a su captor cerrar la compuerta, impidiendo que volviera a ver la luz del sol.

            Sus llantos fueron inmediatamente amortiguados por la lluvia. La naturaleza parecía estar dando su castigo propio a la ladrona, amortiguando su lamento.

~·~

Una noche después, en un punto alejado de la aldea

 

            Onninnona se había tenido que desviar mínimamente hacia el oeste por culpa de una gran tormenta que había aparecido por el norte. Sabía que las tormentas de verano no duraban mucho, pero no tenía tiempo que perder, así que había decido seguir otra ruta que la llevara hasta su destino.

            Era pleno mediodía cuando llegó a un montículo en la llanura, ahora pedregosa, donde divisó a alguien amarrado a un gran trozo de madera. Al acercarse, contempló a una chiquilla encadenada, de pie. A sus pies había un cartel donde ponía en alfabeto cridenbel4: “Ladrona. Castigo: vigía oscura”. Al leer el cartel entendió por qué la encadenada tenía los ojos vendados. Sabía cuál era la costumbre. Había sido la primera en acercase así que debía ser ella quien le quitara la venda de los ojos.

            —Te voy a quitar la venda —le susurró acercándose pausadamente.

            —Ayuda… —consiguió articular la ladrona con la boca reseca.

            El robo era un delito muy grave, Onninnona lo sabía. Ella no era quién para tener piedad de esa chica así que tras contemplarla una última vez, le quitó la venda de los ojos, para que los rayos del sol alcanzaran las cuencas vacías donde antes habían estado los ojos de la ladrona.

            —Ayuda… Por favor…

            Las súplicas eran habituales en esos casos. El castigo de la vigía oscura, era estar ahí encadenado de por vida, vigilando el horizonte oscuro que “veías” cuando te quitaban los ojos. No se impartía este castigo a bindir inocentes, eso la aventurera lo sabía bien. Había presenciado varios juicios en sus viajes y solo había presenciado ese mismo dictamen en una ocasión: cuando el acusado había matado, por deporte, a varios ejemplares de perros salvajes y los había colgado en un árbol mientras les seguía acribillando el cuerpo. Los asesinos no solían salir bien parados, y los ladrones eran sus parientes más cercanos.

            —Qué significa vivir… —soltó de repente la ladrona cuando Onninnona se disponía a montar a Cerdi—. Porque nací así…

            Las palabras desesperadas de esa ladrona, hicieron que la mujer recordara una escena de su pasado. No pudo evitar hacerle la misma pregunta que había formulado hacía ya tanto tiempo.

            —¿Estás dispuesta a obtener la respuesta que buscas a cualquier precio?

            Las palabras de la mujer llegaron susurrantes a los oídos de la ladrona, que no sabía si era otra alucinación o si de verdad alguien estaba hablando con ella.

            —Responde —demandó con voz contundente.

            Al oír de nuevo la voz, la ladrona alzó la cabeza en su dirección y la miró con su mirada vacía.

            —Necesito saber por qué soy así…

            —No has respondido a la pregunta. —En ese momento se acabó de montar en su montura, a sabiendas de cuál sería la respuesta de la ladrona.

            —Estoy dispuesta. —Su voz se entrecortó con una tos seca que le abrasó la garganta.

            —¿Cuál es tu nombre? —le preguntó Onninnona, divisando la supuesta aldea donde le habían juzgado.

            —Luz…

1*Gokui: esencia/poder.

2*Una luna: medida del tiempo que utilizaban los celtas (28 noches)

3*Al mundo: organización encargada de encontrar un hogar para los niños huérfanos)

4*Alfabeto cridenbel: Alfabeto que hace referencia al Dios escritor de los Tuatha dé Danann. Se ha creado a partir del alfabeto Oghma que utilizaban los druidas para escribir.

alfabeto cridenbel cap 5

Luna Sullyr.

Iremos colgando un par de capítulos por semana, pero si no puedes esperar tanto y prefieres ir adelantando tu lectura, puedes seguir leyendo este relato en Wattpad.

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