La leyenda de Onninnona. Capítulo VI

Capítulo 1    Capítulo 2

Capítulo 3   Capítulo 4

Capítulo 5

Capítulo 6

La mañana traía consigo un gélido abrazo de las Montañas del Crepúsculo, justo cuando el pequeño grupo, capitaneado por Onninnona, se ponía de nuevo en movimiento. Después de responsabilizarse de la ladrona, ante las autoridades de la zona, la mujer había decidido desviarse un poco de su camino para llevar a su nueva compañera ante las maestras del Templo del Sueño. Al principio le había parecido una buena idea, pero ahora ya no estaba tan segura. Habían pasado muchas noches desde el primer encuentro con Luz y apenas acababan de llegar al lindero de la cordillera. Cerdi era incapaz de transportar a las dos bindir más todo el equipaje, así que habían tenido que adaptarse a un ritmo más suave. Por desgracia, eso había exasperado un poco a Onninnona, que sabía que el tiempo corría en su contra.

            Ahora mismo se aventuraban por senderos seguros entre las montañas, mientras los animales de la zona empezaban sus quehaceres mañaneros, cuando la aventurera de pelaje rojizo, decidió entablar una conversación con su nueva compañera.

            —Me dijiste que desde pequeña te has tenido que valer por ti misma para sobrevivir —empezó a relatar, recordando todo lo que sabía hasta ahora de ella—, pero nunca me has contado nada de tus padres.

            —No hay mucho que contar, la verdad —La joven, ahora montada en Cerdi, no paraba de mover la cabeza de un lado a otro intentando ver, sin éxito, lo que sus oídos captaban.

            La aventurera sabía que todavía era muy pronto como para que su nueva compañera se adaptara del todo a su nueva ceguera, así que no le daba mucha importancia que cada dos por tres se asustara por los sonidos que recibía. En uno de sus viajes, había conocido a una mujer que acababa de perder la vista, como Luz, así que sabía un poco del tema. Lo importante era no presionarla demasiado.

            —¿Siguen vivos?

            Notando que su ahora “compañera” no iba a parar de insistir sobre su pasado, la pequeña ladrona decidió zanjar el tema, contándole todo lo que sabía sobre sus padres.

            —No lo sé, ni me importa. —Cogió las correas de Cerdi e hizo que parara—. Dicho esto, espero que pares de interrogarme sobre mi pasado. Te agradezco que me liberaras de mi condena, pero no somos amigas ni nada por el estilo, así que deja el tema ya —zanjó de sopetón, volviendo a reemprender camino.

            Onninnona no quiso decir nada más. No valía la pena discutir llegados a ese punto. En varias ocasiones había tenido la intención de explicarle por qué se interesaba tanto sobre su pasado, pero al final se retraía y se callaba. A fin de cuentas, Luz tenía razón. No eran amigas y tampoco tenía derecho a inmiscuirse en su vida. Ella simplemente estaba ahí para cumplir una promesa que había hecho a una vieja amiga.

            De nuevo cada una en sus propios pensamientos, recorrieron camino hasta bien entrada la noche, cuando decidieron acampar para descansar. Estaban cerca de su destino, pero el cansancio de viajar entre montañas y bosques, había dejado exhausto a todo el grupo.

            La pequeña y azulada fibann se alzaba en su esbat1, iluminando todo el paisaje. Iba a ser una noche un tanto calurosa, se notaba en el ambiente, así que por primera vez Onninnona decidió dormir fuera de su tienda. Quería contemplar el firmamento estrellado y sentir la brisa de las montañas, así que tras quitarse su espada y ponerse cómoda, se tumbó en la hierba.

            Se encontraban en una pequeña explanada, así que se pudo recostar cómodamente para poder así contemplar al mismo tiempo la luna azulada de Bíroc, junto con el espectáculo de luces que representaban los puchis de la zona.

            Los pequeños seres semitransparentes estaban danzando, como cada noche, en busca de alimento. Ahora mismo varios de ellos se habían acercado hasta donde estaba la mujer y se habían posado en su barriga, justo en el punto donde la piel estaba al descubierto. Eran dos pequeñines de color amarillo, que no paraban de palpar la piel, mientras intentaban absorber algún líquido de su cuerpo. Sus besos iban dejando pequeñinas marcas en la piel, pero a la mujer no le importaba. Sus caricias no le producían ningún daño. Solo cuando contempló cómo esos pequeños animales iban bajando hasta ciertas partes de su cuerpo, decidió recostarse un poco y ahuyentarlos.

            Un simple toque de sus dedos, bastó para que estos pequeños volvieran a alzar el vuelo y flotaran en el aire, desplazándose a otro lugar.

            Ahora sentada como estaba, decidió dejar la mente en blanco y meditar un rato. Sabía que a la mañana siguiente llegarían al Templo del Sueño, así que debía prepararse para intentar que Luz fuera aceptada en el templo. No sabía qué destino tendría aquella pequeña ladrona, pero estaba convencida de que los bindir de ahí podrían orientarla.

            El sonido de la noche fue impregnando la mente de Onninnona y poco a poco, fue pasando de un trance meditativo a adentrarse en el mundo de los sueños.

            Como si Cerdi hubiera notado esta variante en su amiga, se levantó sigilosamente de debajo del árbol y se recostó junto a ella, justo cuando esta caía rendida por el sueño. De ese modo, ambos se quedaron profundamente dormidos, mientras dejaban que sus cuerpos y sus mentes recuperaran las fuerzas que necesitarían en el nuevo amanecer.

1*Esbat: plenilunio o luna llena.

Luna Sullyr.

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