La leyenda de Onninnona. Capítulo VII

Capítulo 1    Capítulo 2

Capítulo 3   Capítulo 4

Capítulo 5   Capítulo 6

Capítulo 7

            El astro diurno estaba atacando con sus brazos luminiscentes, cuando el trío llegó a una gran llanura donde pudieron observar una pequeña edificación que se alzaba sobre las demás. Este último tramo había resultado un tanto peliagudo para el grupo, que se había tenido que enfrentar a varios greguns salvajes, pumas y algún que otro glotón. Era curioso que a medida que se iban acercando al recinto del Templo del Sueño, los animales empezaran a interponerse en su camino, como si no quisieran que nadie irrumpiera en sus dominios.

            La aventurera no sabía qué pensar de todo aquello. La verdad es que era la primera vez que llegaba hasta el recinto del templo. La última vez que había estado por esa zona, simplemente se había encontrado con una maestra que le había explicado un poco la historia del templo y sus habitantes. Ahora era la primera vez que veía el templo en sí.

            No era una gran estructura que impresionara, aunque sabía de sobras que las apariencias engañan, así que intentó ser objetiva y analizar todo lo que sus ojos veían. En conjunto, todo parecía una pequeña aldea recién construida, alrededor de una estructura que se alzaba sobre un gran montículo de piedra. La llanura que rodeaba las edificaciones era grandiosa. A primera vista parecía albergar unas cien hectáreas. Sin duda era una superficie muy extensa.

            Sin más preámbulos, el grupo avanzó con paso decidido hasta adentrarse en la llanura, no obstante, alguien les llamó la atención.

            —¿Qué hay de nuevo, forasteros?

            El ser encapuchado que había hablado, los pilló por sorpresa. Nadie se había percatado de su presencia, ni el gran olfato de Cerdi. Sus primeras reacciones habían sido la de ponerse en guardia, todos menos Luz, que con su ceguera no había podido localizar al cien por cien de dónde venía la voz, y ahora estaba asustada sin saber dónde mirar.

            —Has crecido mucho, Llamas Silbantes.

            Al oír ese nombre, Onninnona al fin reconoció quién era la encapuchada.

            —¿Mare? Eres tú, ¿verdad?

            La encapuchada, sentada a la sombra de un árbol, se levantó sujetando fuerte su bastón y se quitó la capucha de su túnica, para dejar al descubierto su rostro lleno de arrugas impregnadas de sabiduría, junto con una cascada de cabellos blanquecinos que destacan con su piel oscura.

            Con paso tranquilo y seguro, la anciana maestra se encaminó hacia el grupo hasta que se plantó justo enfrente.

            —Veo que has traído alguien contigo, pequeña. —Antes siquiera de que Onninnona presentara a Luz, la maestra se acercó a ella y la miró como si de verdad pudiera verla—. Así que has venido a cumplir tu promesa —reafirmó nada más contemplar la ceguera de la ladrona.

            —Los Dioses han querido que me la encontrara antes de que me adentrara en las Montañas del Crepúsculo. —Con paso decidido cogió a la chiquilla y la bajó del gregún—. Como bien me dijiste, la chiquilla tiene un problema moral que le impide evolucionar.

            —Ya lo veo…

            —¿Qué está pasando aquí? —se quejó Luz, al notar que estaban hablando de ella—. ¿Por qué me da la sensación de que me he perdido un capítulo de la historia?

            —Hace tiempo, cuando Llamas Silbantes era todavía una jovenzuela —empezó a narrar la maestra—, tuve una visión del futuro, de este mismo presente.

            —La maestra Mare me salvó la vida cuando estaba viajando por estas montañas, así que como agradecimiento, le prometí que si alguna vez encontraba a alguien con tus características, la traería ante su presencia —al ver la expresión extrañada de la ladrona, acabó diciendo—. Ella era como tú, Luz. Creo que podrá ayudarte a resolver tus dudas.

            Ahora mismo la pequeña ladrona estaba sobrecargada de información y no sabía qué hacer o decir. Fue entonces cuando Mare dio un paso adelante y le dijo:

            —Entiendo tu desconcierto. Sé lo que es la oscuridad total a la que estás sometida…

            Sin esperar nada más, alzó su mano y tocó la cabeza de la chiquilla. Inmediatamente después, Luz sintió una pequeña descarga de energía. Entonces experimentó algo que nunca había sentido. De algún modo, la oscuridad que le había envuelto desde su ceguera, desapareció. Ahora podía ver las siluetas de los de su alrededor como si fueran estrellas brillantes. Por primera vez pudo ver al gregún que la había transportado y a la mujer que le había traído hasta allí. No podía distinguir mucho los detalles, pero las veía como luces en la oscuridad. Pero eso no era todo. De algún modo se sentía bien consigo misma, como si algo en su interior hubiera despertado.

            De sopetón, todo volvió a oscurecerse, cuando la maestra retiró la mano. Esto asustó a Luz, que inmediatamente intentó buscar a tientas a la maestra.

            —¿Qué ha sido eso…?

            —Así es como podrías ver el mundo —la voz de la anciana era suave, pero al mismo tiempo penetrante—. Yo aprendí a equilibrar mi oscuridad con mi luz, y este es el resultado. Cuando sepas hacerlo, tus dudas se aclararán, igual que tu visión del Universo.

            Onninnona no sabía de qué estaba hablando. No era una gran experta en el dominio del gokui, nunca había sido muy sensible, pero de una cosa sí se había dado cuenta. Mare había creado, momentáneamente, un vínculo con la ladrona. No sabía qué había producido ese vínculo, pero estaba claro que había captado toda la atención de Luz. La chiquilla se había quedado impresionada.

            —Quiero aprender…

            En ese momento empezó a llorar sin saber por qué.

            —En ese caso, ven conmigo, pequeña Luz.

            Sin tan siquiera despedirse de Onninnona, la pequeña ladrona reemprendió viaje, junto a la maestra Mare, hacia el templo. Solo un giro  y una inclinación de cabeza de parte de la anciana, bastó para que la mujer entendiera que su misión ahí ya había concluido.

            —Será mejor que reemprendamos camino, amiguito —comentó alegremente, montando en el gregún—. Es hora de que prosigamos con nuestra búsqueda —sentenció decidida mirando al oeste, donde tenía intención de encontrar las últimas piezas del rompecabezas.

            Sabía que si se apresuraba podría llegar en menos de una noche al Clan Aullador, pero ahora que había dejado a cargo de las maestras del templo a la pequeña ladrona, algo en su interior le decía que no se apresurara y que viajara con calma.

            El sol estaba empezando a descender por el horizonte, cuando Onninnona, Llamas Silbantes, decidió reemprender viaje hacia el oeste, con la intención de tomárselo, esta vez, con calma.

            Al anochecer, una sombra envuelta en una túnica harapienta, se plantó justo donde Onninnona se había encontrado con la maestra y tras tocar el suelo con la mano, alzó la cabeza en la dirección donde la mujer había reemprendido camino.

            —¿Quién anda ahí?

            De improviso, un maestro del templo se acercó raudo al lugar, pero cuando llegó, no vio nada. Solo notó una presencia que no lo dejó indiferente.

Luna Sullyr.

Colgaremos más capítulos la semana que viene, pero si no puedes esperar tanto y prefieres ir adelantando tu lectura, puedes seguir leyendo este relato en Wattpad.

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