La leyenda de Onninnona. Capítulo IX

Capítulo 1    Capítulo 2

Capítulo 3   Capítulo 4

Capítulo 5   Capítulo 6

Capítulo 7    Capítulo 8

Capítulo 9

Clan Aullador

             El sol se estaba poniendo justo cuando los aldeanos salían del recinto donde se había celebrado el torneo lunar de gwyddbivyll.

            Era un torneo donde participaban muchos bindir de las cuantiosas aldeas de los alrededores del clan Aullador. Aunque ese torneo había sido un tanto particular. A causa del conflicto que había entre los dos clanes dominantes de las Tierras Heladas, muchos integrantes del ejército, que se estaba preparando para la batalla, habían participado para entrenar las estrategias de combate. No era muy habitual verlos participar en ese tipo de competiciones pero la ocasión así lo había requerido. El rîgos del clan tenía intención de preparar lo mejor que pudiera a sus oficiales.

            En el interior del edificio solo quedaban varios brownies recogiéndolo todo y una mujer de cabellera llameante, echándoles una mano.

            Onninnona llevaba casi siete noches en la aldea y era la huéspeda de esa adorable pareja de duendes, encargados de organizar el evento que acababa de terminar. En todo ese tiempo no había podido aclarar mucho el asunto de la desaparición de los príncipes. Se había encontrado con el mismo panorama que en el clan Roca Maciza. Ambos habían caído en la misma simulación e inmediatamente habían culpado al clan contrario, si bien eso la había sorprendido. Esperaba que, al llegar a la aldea, su amigo MacFinn hubiera podido poner un poco de sentido común a su comandante, pero no había sido el caso, ya que su amigo todavía no había llegado. Al saber de la noticia, no había podido evitar preocuparse por su desaparición. Era imposible que todavía no hubiera llegado. Debía de haberle pasado algo. Aparentemente, ninguno de su grupo había vuelto de su misión, por que hacía muchas noches, el jefe de seguridad, había mandado varias patrullas para que intentaran encontrar alguna pista del paradero del grupo de MacFinn. Mas ya hacía casi media luna de la partida y los soldados que habían regresado no habían podido encontrar ni rastro del grupo.

            La angustia se estaba apoderando de la mujer, que estaba viendo que todo eso era demasiado para ella.

            Al terminar de recoger, se despidió de sus anfitriones y salió al exterior para dar una vuelta.

            Necesitaba aire fresco.

            La aldea en sí era bastante grande. Albergaba unos quince mil bindir y todavía le sobraba un poco de espacio. A diferencia de las aldeas de la zona, esta había construido sus edificaciones en forma circular, como si fueran pasteles de diferentes niveles, haciendo que en cada edificio pudieran vivir entre cuatro a dieciséis familias. A Onninnona le resultaba agradable observar las infraestructuras y los bindir que vivían en ellas. Ahora se encontraba en la zona norte, en dirección a una pequeña plaza, donde esperaba encontrarse con un viajero, con el cual había hecho amistad.

            A pesar del atropello de los preparativos de la batalla, todavía podía observar a muchos jóvenes jugando por la calle o incluso en los jardines particulares de cada vivienda. Concretamente, se había parado a contemplar cómo en el tercer piso de un edificio, dos niños pequeños escalaban un manzano para coger unos cuantos de sus frutos. Era agradable ver que a pesar de lo que estaba pasando, todavía hubiera momentos de tranquilidad para los más jóvenes.

            Sin esperar más y viendo que los niños de ese edificio se estaban reuniendo en los patios más cercanos, gritando al escalador para darle ánimos, volvió a reemprender camino para encontrarse con Bénix.

            Antes de llegar a su destino, pudo observar cómo el cielo se estaba oscureciendo, dejando que el resplandor de geann cogiera el relevo del sol. No pudo evitar pensar en una cosa. La noche siguiente sería su esbat, y eso solo significaba una cosa. Había pasado una luna entera desde que empezó su misión de rescate. El tiempo había pasado volando…

            Todavía pensando en sus cosas, no se dio cuenta de que había llegado a la pequeña fuente central de la plaza, donde un hombre de su edad, pelo largo, negro, corta barba, ojos castaños y un tanto rechoncho, le saludaba con alegría.

            —Ya pensaba que no ibas a venir —insinuó, ahora alegre al verla—. Vamos, tengo reservada una mesa en el restaurante Tierra Ahogada. —La cogió de la mano y ambos pasearon por las calles de la aldea—. ¿Cómo ha ido el torneo?

            Estaba cansada y no quería hablar mucho, así que no se entretuvo en darle muchos detalles sobre el torneo. Ahora lo único que le apetecía era dar una vuelta por las calles, ahora iluminadas por las farolas, en su compañía. A Bénix lo había conocido nada más entrar en la aldea. El hombre venía del clan Punta Flecha. Estaba de vacaciones y su intención era ir a un pequeño balneario que se encontraba a tiro de piedra de la aldea. Por suerte para Onninnona, el balneario se había mantenido cerrado hasta la noche anterior, así que había podido disfrutar de la compañía de su nuevo amigo durante seis noches seguidas.

            El tiempo pasó rápido y antes de que se diera cuenta, la cena terminó y se encontraban de nuevo vagabundeando por las calles, en dirección al distrito sur, donde Bénix tenía alquilada su habitación. A pesar de estar un tanto agotada por el arduo trabajo que había desarrollado todo el día, una parte de ella no iba a poner objeciones a acostarse con su compañero, como lo había hecho hacía varias noches. Sabía que dentro de dos noches sus vacaciones terminarían, así que quería exprimir el poco tiempo de que disponía de su compañía.

            Aquella noche hacía una temperatura muy agradable, así que en el recorrido hasta el hotel de Bénix ambos contemplaron a muchas parejas paseando como lo estaban haciendo ellos. Incluso oyeron cómo alguna no había podido esperar a llegar a su casa para hacerlo a escondidas en uno de los jardines distribuidos por la aldea. Ninguno dijo nada, pero oír los gemidos de esa pareja, les puso un poco cachondos. Y así lo manifestaron, nada más llegar al portal del hotel, donde empezaron a besarse con pasión.

Onninnona no se había podido arreglar para la ocasión, así que seguía llevando la camiseta blanca junto con unos pantalones holgados que se había comprado nada más llegar a la aldea. Pero todo eso no parecía importarle a su acompañante, que enseguida empezó a acariciarle el cuerpo. No tardaron en separar sus cuerpos, y se miraron, con ojos pasionales y el pulso acelerado. Sin más preámbulos, Bénix agarró a Onninnona y la introdujo en el vestíbulo, para acabar llevándola a una pequeña salita de espera, donde no vio a nadie. Estaba muy acelerado, por lo tanto la subió a una mesa y empezó a besarle el cuello para acabar agachándose y bajándole los pantalones, con el fin de besarle el coño. Esto hizo que la mujer empezara a gemir de felicidad, al mismo tiempo que empujaba con sus manos al hombre para que no parara de besarle sus partes íntimas. Así estuvieron unos minutos, hasta que Onninnona se corrió. Seguidamente se quitó el pantalón, bajó el de su acompañante, lo tumbó, y se introdujo su miembro eréctil hasta el fondo. Ambos exclamaron al unísono y empezaron a follar sin preocupaciones. Lo que más le había gustado a Onninnona de ese hombre, era que a la hora del acto, era muy pasional. Lo había comprobado la primera vez que se habían acostado, cuando él la levantó de la cama y empezó a penetrarla de pie empotrándola contra la pared. Hacía muchas lunas que no follaba con nadie, así que había sido muy placentero encontrarse con Bénix. El cual ahora se encontraba tumbado mientras la mujer cabalgaba como si no hubiera un mañana. Quería aguantar tanto como pudiera, pero al quitarle la camiseta y ver sus pechos, no pudo aguantar y los acarició, notando enseguida lo duros que estaban. Sin poder esperar más y viendo que estaba a punto de correrse, se incorporó y chupó los rosados pezones de Onninnona mientras, con sus últimas fuerzas, aceleraba las embestidas, haciendo que la mujer gritara de placer.

            En el último ímpetu del acto sexual, Bénix se separó de Onninnona y esta empezó a chupársela hasta que el hombre se corrió a más no poder en su boca.

            Los dos se habían quedado satisfechos o así lo creía el hombre, pero se equivocaba. Al cabo de unos minutos de estar tumbados, Onninnona empezó a besarle el cuello mientras que con la mano empezaba a pajear de nuevo la polla de Bénix. Este estaba cansado y empezó a susurrarle que no quería más, pero sus palabras se ahogaron cuando Onninnona empezó a manosearle los huevos al mismo tiempo que se ponía encima de él, con el culo en su cara. Enseguida empezó a notar cómo chupaba con delicadeza su miembro con su traviesa lengua y sin esperar más, empezó a besar el coño que tenía enfrente de él. Así estuvieron un buen rato hasta que ambos, no aguantaron más, y se corrieron con gusto.

            Después de eso, los dos se recostaron durante un rato, pero no por mucho tiempo. Al final, Llamas Silbantes se despidió de su compañero y tras vestirse, se encaminó hacia su casa. Sabía que a la mañana siguiente Bénix volvería al balneario para luego marcharse de nuevo a su hogar, así que quería despedirse ahí.

            De nuevo en las calles y ahora con su cuerpo totalmente relajado, se dispuso a llegar cuanto antes a su habitación para poder dormir plácidamente durante toda la noche, mas no pudo hacerlo, ya que a la puerta de la casa de los brownies, se encontró con un druwide que se levantó del bando, nada más verla.

            —Perdona, pero, ¿eres Onninnona Llamas Silbantes?

            El hombre, rubio de pelo, era de su misma altura y como la mayoría de los de su orden, llevaba consigo un gran bastón donde se apoyaba. No lo reconocía de nada, pero estaba claro que la estaba buscando. Estaba de buen humor, por lo tanto, con mucha amabilidad le contestó afirmativamente a su pregunta.

            —Bien, entonces creo que es hora de que recojas tus cosas y me acompañes —notificó sin más rodeos—. Hay alguien a las afueras de la aldea que quiere verte. Por lo visto es conocido tuyo. Creo que me dijo que se llamaba… MacFinn.

            Al oír el nombre de su amigo, creído por todos muerto, no se lo pensó dos veces y se adentró en la gran vivienda donde había vivido durante su estancia allí. Era un edificio de dos pisos, con un jardín central con vistas al cielo. Ahí vivía toda la familia de Tori y María, los brownies que la habían acogido. Eran muy numerosos, así que fue con cuidado de no despertarlos a todos. Simplemente despertó a sus dos anfitriones y les comunicó que lo sentía, pero que tenía que marcharse enseguida. Fue una despedida rápida y eso Onninnona lo agradeció. Después de coger unos bocatas vegetales, que le había preparado María, y beberse una keintys, recogió a Cerdi del jardín y salió al exterior.

            —Será mejor que nos demos prisa —se apresuró a decir el druwide mirando inquisitivamente las calles—. Me gustaría salir de la aldea sin que nadie nos vea…

            —¿Por qué tanto secretismo? —objetó la aventurera sin entender por qué el guardián no entraba él mismo en su clan— Ahora que caigo, no sé ni tu nombre —recalcó empezando a pensar con más claridad.

            —No hay tiempo para esto —aseguró mientras utilizaba su percepción para confirmar que nadie les estaba espiando—. Vamos, sígueme —la apremió sin más dilación.

            Sin decir nada más, emprendió camino por las calles silenciosas del clan Aullador.

*Gwyddbivyll: Juego protocelta de estrategia, similar al ajedrez, aunque con piezas diferentes en su apariencia y distribución.   

*Keintys: Bebida que se toma después de hacer el acto sexual, para evitar el embarazo. Palabra de origen gaélico manés que significa sexo.

Luna Sullyr.

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