La leyenda de Onninnona. Capítulo X

Capítulo 1    Capítulo 2

Capítulo 3   Capítulo 4

Capítulo 5   Capítulo 6

Capítulo 7    Capítulo 8

Capítulo 9

Capítulo 10

A las afueras del clan Aullador 

            —Ha llegado tu hora —sentenció el druwide en un susurro amenazante, apuntándole con su bastón.

            El sombra no paraba de jadear mientras alzaba la cabeza y contemplaba al hombre que se alzaba delante de él, apuntándole con su bastón, con la intención de asestarle el golpe final que le llevaría al olvido. No obstante, no tenía miedo. Si todavía tuviera la habilidad de derramar alguna lágrima, sabía que en aquel momento no podría evitar que alguna cayera por su rostro, al contemplar toda la muerte que había causado. Había cuerpos desangrados por doquier, aunque solo había uno que le importaba. No tardó en localizarla y, al contemplarla, pudo notar su entrecortada respiración. El gregún seguía recostado a su lado, lamiéndole las heridas, y entonces un leve esfuerzo de la mujer hizo que girara la cabeza y le observara.

            En ese momento no pudo evitar sentir vergüenza por lo que había hecho así que se levantó como pudo y le susurró al druwide.

            —Mátame…

Una hora antes

             Acababan de salir del clan por uno de los túneles de los alcantarillados y habían salido a una distancia suficiente como para que ningún centinela pudiera localizarles. No obstante, Duminólix no quería correr ningún riesgo así que había sugerido que se movieran con sigilo entre la maleza del bosque, que rodeaba el clan, para no ser detectados por las patrullas que vigilaban el lugar.

            Onninnona, nada más salir del túnel, se había subido a los lomos de su compañero para asegurarse una mejor posición donde poder observar su entorno. Por fortuna, la luz de geann fue lo suficientemente brillante para iluminarles el camino. Seguía sin acabar de fiarse de ese hombre, por lo tanto quería estar preparada para cualquier acontecimiento que pudiera suceder.

            El trayecto les deparó varias sorpresas, al toparse con alguna patrulla, pero por fortuna las habían podido esquivar sin ser detectados. Ahora se encontraban parados en un pequeñísimo claro, vigilado en su centro, por un anciano roble.

            —Creo que va siendo hora de que te presentes, maestro…

            El hombre pareció no haber captado la voz de la mujer, ya que siguió inspeccionando el lugar, como si ella no existiese.

            De repente un glotón apareció en escena y se acercó raudo hacia el maestro. Acto que hizo que volviera al presente.

            —Duminólix es mi nombre —soltó sin más antes de bajarse la capucha para observarla mejor—. Creo que será mejor que te prepare para el encuentro con tu amigo.

            La aventurera no entendió a qué se había referido con eso de que se preparase. Aunque debía admitir que a cada momento que pasaba, su instinto le apremiaba a que estuviera lista para el combate.

            En ese momento, una silueta apareció de detrás del roble y un escalofrío recorrió a Onninnona.

            Cerdi se puso inmediatamente en tensión enseñando los dientes.

            —Tu amigo MacFinn ya no está en el mismo plano que nosotros —empezó a explicar el druwide señalando la figura que acababa de aparecer—. Todavía no sé los detalles, pero al parecer se trata de un grupo de bandidos comandado por el causante de todo lo que está pasando en Cymru. —En ese momento Onninnona le clavó la mirada con aire interrogativo—. Perdón, quería decir las Tierras Heladas. —La silueta recubierta en sombras dio otro paso, saliendo de su escondite—. Lo que intento decirte es que tu amigo ha muerto. Lo que estamos viendo ahora mismo es MacFinn, convertido en un sombra.

            La noticia impactó de lleno en la mujer. Al saber que su amigo quería reunirse con ella, no se le había pasado por la cabeza el hecho de que ya no fuera más que un sombra. Eso solo le decía que su muerte le había sorprendido de tal modo que no había podido cruzar el umbral y pasar al otro lado. Estaba claro que todo eso se estaba complicando cada vez más a cada segundo que pasaba.

Observando la túnica harapienta que envolvía las sombras, donde antes había estado el cuerpo de su amigo, no pudo evitar sentir pena por él.

—No pierdas más el tiempo —le apremió el druwide, notando algo extraño en el ambiente—. Al parecer tu amigo tiene algo importante que decirte relacionado con Saxtris…

Llamas Silbantes se percató de ese último detalle que había soltado el druwide, pero en ese momento decidió dejarlo estar. Ahora lo único que le interesaba era escuchar la historia de su amigo.

Desmontó con agilidad de Cerdi y se encaminó pausadamente al encuentro del sombra. El gregún intentó acompañarla, pero un gesto de la mujer bastó para que interrumpiera su caminar y se detuviera. Quería ir sola al encuentro de MacFinn. No tenía ningún miedo. Por mucho que ahora ya no estuviera vivo, seguía confiando en él.

El sonido del bosque parecía impregnar toda la escena con un silencio un tanto agobiante, como si la historia del soldado arrastrara una tristeza de tal magnitud, que todos los seres vivos que les rodeaban se impregnaran de ella.

Se detuvo a unos metros del sombra, al notar una repentina bajada de la temperatura. Sabía que los de su especie tenían esa habilidad. Muchos la llamaban la esencia de los muertos, pero a ella nunca le había gustado esa descripción. Para ella, ese frescor solo era un síntoma de un alma en pena que no podía pasar el umbral hacia el Otro Mundo, donde le esperaban todos sus seres queridos. Era algo triste que solo se merecía la compasión de los que seguían estando vivos.

Al contemplarle más de cerca, intentó localizar algún rasgo característico de su amigo, y lo único que vio fue su cicatriz en el ojo izquierdo. Todo lo demás, a excepción de la silueta de su boca y su ojo bueno, eran sombras que intentaban formar un cuerpo definido.

—¿Onninnona?

Su voz parecía venir de un lugar muy lejano.

—Soy yo, viejo amigo —le contestó con cariño.

En ese momento unos ruidos procedentes de la copa del roble atrajeron su atención. Como si hubieran salido de las mismísimas sombras, las siluetas de diez hombres aterrizaron de sopetón a los pies del anciano árbol. En ese momento el sombra tocó el tronco del árbol y al instante la ilusión se deshizo, haciendo que todos los presentes vieran al fin la imagen maltrecha y muerta del viejo roble.

La sorpresa se dibujaba en los rostros de Duminólix, Cerdi, Max y Onninnona.

—Lo siento, amiga mía —dictaminó con tristeza MacFinn en el mismo instante en que un hombre aparecía de la nada y atravesaba a Onninnona con un puñal—. Lo siento…

Lo último que vio la aventurera antes de caer el suelo, fue la cara  malévola de Jasper.

* El sombra: Espíritu que se ha quedado entre el mundo de los vivos y el de los muertos a causa de una deuda pendiente que le impide pasar hacia el Otro Mundo.

Luna Sullyr.

Colgaremos más capítulos la semana que viene, pero si no puedes esperar tanto y prefieres ir adelantando tu lectura, puedes seguir leyendo este relato en Wattpad.

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