Querido amor, por Andrea Nunes

15 de febrero de 2015

Querido amor:

Te echo de menos… No creía que fuese posible sentir tal añoranza. El tiempo que hemos compartido se ha evaporado ante mis ojos y ya solo habita en mi memoria. Ocupo mis días, trato de disfrutar, de llenar el abismo que abrió aquel primer beso, y no logro más que engañarme a mí misma, y engañarte a ti, porque te pongo mi mejor cara, y no es más que una máscara. No tenerte me quema por dentro, me abrasa, como si un ser hambriento estuviera volviéndose loco en mi interior.

Anoche, antes de dormirme, cuando estaba en ese estado de semiconsciencia en el que los sueños se mezclan con los pensamientos y las fantasías, sentí que estabas en mi cama y me abrazabas por la espalda, luego me besabas el hombro. Tal era la fuerza con la que te deseaba ahí, que pude apreciar tu olor, tu piel suave… me estremecí, se me erizó el vello de la nuca. Y en un instante, como si una daga invisible hubiese cortado el hilo del sueño, salí bruscamente de mi letargo, cayendo de nuevo en la realidad de mi cuarto solitario.

Es un dolor cruel y despiadado, amante de la tristeza. Pasean ambos siempre de la mano, regodeándose en el sufrimiento del desamor. Llegan juntos, sin previo aviso, y el único modo de espantarles es con el llanto. Las lágrimas consumen  a estos amantes y limpian el suelo que han pisado.

Trato de buscar mi redención. Pago el precio por el mal causado. He de experimentar en mis carnes el daño que he infligido y por ello cumplo mi penitencia. Un corazón roto a cambio de otro. Día a día la deuda se va reduciendo. El sabor amargo de los recuerdos se torna dulce poco a poco. Cuando cierro mis ojos para ver los tuyos, con sus infinitas tonalidades como las piedras que reflejan el sol bajo el agua cristalina de un manantial, mi corazón se serena  y mis labios se curvan en una sonrisa apacible llena de amor. Inmortalizo tu mirada de niña traviesa, tus juegos, tu ternura. Te siento cerca y te sigo añorando, pero encuentro tu alma tranquila y la mía se calma también.

Y tal vez, solo tal vez, algún día te haga llegar mis cartas y tú quieras volver a saber de mí.

Siempre tuya,

                        Eleanor

 

Andrea Nunes. España.

 

Otras publicaciones de la misma autora:

Nuestro primer beso                 El fruto prohibido            Fábula: La Garza que quería ser flamenco

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