La leyenda de Onninnona, capítulo XI

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Capítulo 11

            El primero en reaccionar fue Cerdi. Nada más caer el cuerpo de su amiga al suelo, vociferó un rugido que resonó por todo el bosque. Un instante después se abalanzaba lleno de rabia a por el bandido que seguía empuñando el puñal impregnado de sangre de Onninnona.

            Todos parecían ir a cámara lenta en comparación con la rapidez del gregún, que ya había derribado a dos bandidos antes de llegar justo enfrente de Jasper. Este ya no sonreía en absoluto, sino todo lo contrario. La rapidez del animal le había pillado por sorpresa. Ahora podía observar la maraña de músculos en tensión de la bestia y antes de que todo se silenciara en su cabeza, lo último que pudo hacer fue intentar huir. Mas no pudo hacerlo antes de que las extremidades alrededor del cuello Cerdi se tensaran, instantes antes de que este lanzara el más potente ataque sónico que había lanzado en toda su vida.

            El líder del grupo fue impactado de lleno por el ataque y antes de estrellarse contra el tronco del árbol, su vida se le escurrió de entre los dedos. Primero explotándole los tímpanos, seguido del derrame cerebral que se produjo . Un segundo después, su cuerpo se convirtió en un amasijo de residuos al aplastarse contra el tronco.

            La explosión había derribado a todos los presentes. Cuando volvieron en sí, observaron, con pavor, cómo el huesudo árbol había sido destruido, dejando un rastro de destrozos en la dirección donde el gregún había dirigido su ataque sónico.

            Todos los bandidos fijaron su mirada en el animal y un escalofrío recorrió sus cuerpos, al ver cómo este sacaba los dientes y les miraba uno a uno de una forma amenazante. Estaban paralizados por el miedo. Algunos habían tenido la ocasión de matar algún gregún y estaban sorprendidos ante la bestia que tenían ante sus ojos. Habían subestimado el poder del animal, el cual empezaba a irradiar una ola de gokui por todo el cuerpo, como si estuviera envuelto en electricidad.

            Cuando Cerdi se disponía a desgarrar la carne de todos esos hombres y mujeres que tenía ante sí, la silueta del druwide pasó volando por su lado, interceptando en ese instante, con su bastón, el golpe que le había lanzado el sombra. El puño oscuro y el bastón chocaron de forma brusca, haciendo que ambos combatientes retrocedieran unos metros.

            El gregún observó a ambos y tras un mirara la druwide, asintió con la cabeza, dándole las gracias.

            —Haz lo que tengas que hacer. —Se quitó la túnica blanca y se preparó para el combate—. Déjame al sombra a mí. Te prometo que le enviaré directo al Abred, para que las serpientes de Mider devoren su oscura alma.

            Las alimañas voladoras de los alrededores empezaron a alzarse a pleno vuelo, gritando con rabia mientras empezaban a tapar la luz de geann, justo cando Max se aproximó a Cerdi y empezó a despegar también su gokui, haciendo que la misma electricidad verdosa que envolvía al gregún, recubriera su cuerpo.

            Los bandidos se agruparon con miedo enfrente de las dos bestias y alzaron las armas, sin ninguna esperanza de sobrevivir ante tales especímenes. Por otro lado, el sombra se acababa de levantar  para contemplar có

mo Duminólix le apuntaba con su bastón, este impregnado de neblina verde.

            A pesar de todo eso, MacFinn, o mejor dicho, la mínima parte de su alma que todavía no había sido contaminada por la oscuridad, estaba tranquilo. No parecía importarle nada en ese momento. Se sentía atrapado. Enseguida las dos bestias empezaron a atacar a los bandidos,  matándolos uno por uno, pero los sonidos parecían llegar con retraso a su cabeza. Era como si todo se hubiera ralentizado. Lo último que vio antes de ser golpeado por el druwide en pleno pecho, fue el cuerpo ensangrentado de su amiga.

            El druwide sabía quién era el verdadero responsable de todo aquello y se maldijo por haber permitido que todo eso pasara. Se había confiado y ahora Onninnona había pagado las consecuencias.

            Después de derribar al sombra y ver cómo su cuerpo se retorcía de dolor ante la sacudida de su gokui,  empezó a pensar cómo su viejo alumno había conseguido tal cantidad de poder. Había logrado capturar y manipular a un sombra, una hazaña de gran magnitud, pero además, había conseguido controlar el cuerpo de MacFinn para crear la ilusión que había causado que todos cayeran en su trampa. ¿Cómo lo había conseguido? No notaba su presencia en los alrededores y sabía que para tal control, debía de estar próximo a su presa. Pero no lo estaba, de eso estaba convencido.

            —Estabas muerto… —susurró a la noche, empezando a ver que no iba a ser tan fácil acabar con Saxtris—. Padre, guíame con tu sabiduría y dame fuerzas para parar todo este sinsentido de muerte.

            Cerdi y Max ya habían acabado con todos los bandidos, y ahora se habían aproximado al cuerpo herido de Onninnona así que decidió no demorar más el asunto. Cogiendo fuertemente y con decisión su bastón, se acercó al sombra con la intención de desterrarlo de una vez al Abred. No se sorprendió cuando este se levantó y le susurró que le matara. Había notado al momento que lamentaba todo lo que había hecho, pero ahora no debía dudar. Su deber como miembro de la orden tuatha era acabar con él para la protección de todos. No podía dejar que su alumno siguiera controlando a un ser tan letal como lo era un sombra.

            Decidido a acabar con él, alzó el bastón y de repente una voz susurrante le imploró que no lo hiciera.

            Había sido Onninnona quien le había detenido.

            La mujer ahora estaba levantada, apoyada en Cerdi, tapándose la herida donde brotaba su sangre. Su mirada era decidida a pesar de las circunstancias.

            —Lo siento, pero no puedo dejarle libre —aclaró de inmediato volviéndole la cara.

            —Lo sé… Pero no seas tan obtuso. —Esa reprimenda hizo que el hombre volviera a girarse para observarla—. Nuestro enemigo siempre ha estado varios pasos por delante, es el momento de dar la vuelta a la situación.

            Sin poder evitarlo, cayó de rodillas y empezó a toser sangre. Aunque su herida no era mortal, el veneno con el cual había estado impregnado el puñal, estaba haciéndole muchos estragos en su cuerpo. Sabía que necesitaba un tratamiento de urgencia contra la infección o de lo contrario acabaría muerta.

            Duminólix se quedó quieto asimilando las palabras de la mujer y tuvo que admitir que tenía razón. Hasta el momento su alumno había estado varios pasos por delante de todos ellos. Estaba jugando un juego a gran escala. Si quería conseguir atraparle debía conseguir alguna ventaja. En este caso el sombra que tenía ante sí. Por el momento era el único ser en “vida” que había estado en contacto directo con Saxtris. Toda la información que pudiera darles sería de gran ayuda.

            —Muy bien. —Bajó su arma aunque siguió manteniendo su gokui envuelto en ella—. Sé que todo esto te ha sido impuesto así que es hora de que intentes expiar lo que has hecho, antes de ser juzgado por los Dioses.

            MacFinn se derrumbó, exhausto. No podía creerse que le estuvieran ofreciendo la posibilidad de expiar lo que había hecho. Aunque había sido controlado por alguien, había sido su decisión de convertirse en un sombra lo que había propiciado toda aquella situación, así que debía asumir parte de la culpa.

            Nada más recibir el golpe del druwide, había notado cómo la mano invisible del ser oscuro que le había estado controlando, se había esfumado, por lo tanto había llegado el momento de contar todo lo que había hecho a partir de su muerte.

            —Bien… Todo comenzó cuando…

*Abred: Región del Otro Mundo, regida por el Dios Mider, donde van a parar todas las almas que en vida han cometido actos oscuros e imperdonables.

*Mider: Hermano del Dios Dagda. Este Dios celta rige con mano firme la región del Otro Mundo llamado Abred.

*Padre: Refiriéndose al Dios Dagda. Considerado el primer druida que existió.

*Orden tuatha: Organización capitaneada por druwides que tienen como misión preservar la paz en todo el planeta Bíroc.

Luna Sullyr.

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