La leyenda de Onninnona, capítulo XII

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Una luna después.

             En el lindero sudoeste de las Montañas del Crepúsculo, se podía contemplar cómo varios campos de cultivo de diversos cereales se extendían varias hectáreas, provocando, en ese momento, que la vida de los granjeros se intensificara de una manera estratosférica. Había llegado la festividad de Lugh y eso para la gran mayoría de los bindir, solo podía significar una cosa. Era la hora de recolectar la primera cosecha del ciclo solar. Era un momento de muchísimo ajetreo, donde todo el mundo echaba una mano, ya fuera recogiendo las cosechas, preparando los grandes mercados que cada región organizaba para que los bindir pudieran exponer y vender sus mercancías, o en el caso de los druwides, preparar los rituales para honrar un sol más al Dios Lugh* y a la Madre Dana*.

            Todo parecía estar en movimiento, a excepción de una pequeña cabaña, apartada de los campos de cultivo, donde el tiempo parecía no querer interrumpir el descanso de la mujer que dormía plácidamente en su interior.

            Era una pequeña estructura que se había remodelado hacía poco, para poder habitar en ella. No tenía muchas comodidades, pero sí las suficientes como para que Onninnona pudiera recuperarse de la herida sufrida en la contienda con los bandidos.

            El propietario de dicha edificación era un guardabosque, amigo del druwide Duminólix. Era un hombre de constitución delgada y de espíritu solitario, que vivía en una torre donde podía vigilar una gran explanada de bosque que se adentraba en las montañas. Ahora que la mujer ya estaba casi recuperada del todo, solo pasaba a visitarla cada mañana para ofrecerle un poco de comida. Del resto de cuidados, la aventurera se había hecho cargo hacía muchas noches.

            Era pleno mediodía así que el calor era algo sofocante, a pesar de  brisa fresca que llegaba de los confines de la cordillera que serpenteaba por el nordeste.

            En el interior de la vivienda, Onninnona se encontraba preparando la comida, mientras que su amigo Cerdi se recostaba en la esquina más fresquita de la casa. El gregún se había recuperado apenas unas noches después de la contienda con los bandidos. Solo había necesitado descansar ininterrumpidamente para que su cuerpo volviera a recargarse de gokui. Ahora lo único que tenía que hacer, era vigilar que su compañera se recuperara de la puñalada en el estómago.

            Para Cerdi la tranquilidad que rodeaba la vivienda era sumamente reconfortante, pero para la bindir no lo era. Más que tranquilidad, lo que sentía era abandono. Se había despertado de su inconsciencia con la única compañía de su amigo Cerdi. No había ni rastro del druwide. El hombre, después de hacerle las primeras curas de urgencia las primeras noches, la había dejado a cargo del guardabosque para emprender un viaje en solitario. Antes de marcharse, le había dejado una nota de despedida junto con un cristal audiovisual donde se podía contemplar cómo su amigo MacFinn narraba lo que había hecho nada más convertirse en un sombra.

            Le había sentado mal que el druwide la abandonara para ir a la caza del responsable de toda esa guerra en la Tierra Helada. No obstante, las punzadas de dolor que todavía sentía en su estómago le decían que no hubiera sido aconsejable esperar a que se recuperara para reemprender, no ya la búsqueda de la verdad sobre todo lo que estaba aconteciendo, sino la caza del verdadero responsable que movía sus hilos en las sombras.

            No podía evitar sentir que había fracasado en su misión.

            La noche siguiente fue una repetición casi exacta que lo que había estado viviendo desde que se había despertado.

            Se había levantado temprano, antes de que hiciera mucho calor, para ir a dar un paseo por los alrededores. Después se había lavado el cuerpo junto con su herida, para seguidamente prepararse un buen desayuno.

            Los bindir de los alrededores ya estaban en sus quehaceres cuotidianos cuando decidió que ya iba siendo hora de oír la historia que Duminólix le había grabado en el cristal. En la nota le había dicho que cuando estuviera recuperada para emprender viaje, activara el cristal de cuarzo rosa para oír la narración del sombra.

El momento había llegado.

Por desgracia, justo cuando estaba a punto de activar el cristal, alguien tocó a la puerta.

            Un instante después, Cerdi empezó a gruñir por lo bajo mientras se ponía en tensión.

            Agustín, el guardabosque, ya había pasado por la cabaña para dejarle su ración diaria de alimentos así que no esperaba más compañía. Era la primera vez que alguien iba a visitarla y tenía curiosidad por saber quién era.

            Con cautela, al ver la reacción de su amigo, se acercó a la puerta y preguntó quién era.

            —Soy Luz —la voz de la ladrona impregnó cada recoveco de la mente de la aventurera—. ¿Te acuerdas de mí?

            Al reconocer su voz, abrió la puerta y contempló cómo ante sí estaba una chiquilla de buena salud, con un vendaje en los ojos, que le sonreía, mientras acariciaba a un joven lobo, de pelaje marrón, de grandes dimensiones que tenía  su lado.

            —¿Qué haces aquí? —preguntó ante la sorpresa de verla de nuevo.

            Al contemplar al lobo, entendió por qué se había puesto en tensión su compañero. Los greguns y los lobos, eran dos especies que no se llevaban nada bien.

            —Gracias a la ayuda de la maestra Mare, me he recuperado rápidamente de la depresión que tenía al perder la vista —empezó a decir mientras Onninnona seguía contemplándola—. No obstante, llegó una noche en que me di cuenta de que el Templo no era mi lugar. Estaba cómoda, pero… sentía que no había llegado el momento de parar de caminar.

            El silencio se hizo entre las dos mientras el sonido de las cigarras hacía eco en sus mentes.

            —No me malinterpretes, me alegro de que te encuentres mejor, pero sigo sin entender por qué…

            —He venido para acompañarte en tu viaje —le interrumpió Luz agarrando su bastón con su mano libre—. Sé que será duro, pero algo me dice que no fue una simple coincidencia que nuestros caminos se cruzaran.

            Ante las palabras de la joven, Llamas Silbantes decidió que no estaba en condiciones de negarse a nada. Estaba claro que su estado físico y mental no estaba en su mejor momento, así que un poco de compañía no le vendría mal. Sin embargo, todavía había algo que no le gustaba de todo ese asunto.

            —Luz, me parece bien que quieras acompañarme, pero tu ceguera…

            —No te preocupes por mí —respondió con seguridad—. La maestra Mare me enseñó los principios básicos para ver con los ojos del Universo, además de ofrecerme la compañía de mi amigo Copito —acarició con dulzura al lobo que tenía a su lado—. Te prometo que no te estorbaré.

            Ese reencuentro le estaba desconcertando de una manera asombrosa. Ni por un momento se había imaginado que todo eso pudiera estar pasando, pero el hecho era que ahora mismo tenía ante sí a la ladrona que había liberado y le estaba ofreciendo su ayuda. La cabeza empezó a dolerle, así que decidió no pensarlo más.

            —Muy bien, adelante, eres bienvenida —se apartó a un lado para dejarla pasar—, aunque mejor será que dejes a Copito esperando fuera. Deberemos ir con cuidado con Cerdi y tu nuevo compañero. Está claro que no se llevan bien —sentenció al ver la cara desafiante de ambos animales.

            Sin más preámbulos, Luz se adentró en la vivienda y tras una breve explicación de lo acontecido desde su separación, por parte de Onninnona, ambas se acomodaron para escuchar la historia guardada en el cristal.

            Nada más activarlo un holograma del sombra apareció y su voz impregnó toda la vivienda. Y sin poder evitarlo, una punzada de tristeza se clavó en el corazón de la mujer.

*Lugh: Este Dios es conocido por múltiples nombres que van desde “el Brillante”, “el de la lanza” o “el Guerrero”. Se le suele invocar antes de una batalla para obtener así la victoria.

*Dana: Es la Deidad más importante del clan que lleva su nombre, los Tuatha dé Danann. Se le considera la madre de todos los celtas.

Luna Sullyr.

(También puedes seguir este relato en Wattpad)

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