La leyenda de Onninnona, capítulo XIII

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Capítulo 13

La nada.

El goteo del agua.

La impotencia de no haber podido hacer nada.

Muchos sentimientos se fueron formando ante mí, nada más caer en lo profundo del pozo. Se dice que cuando mueres, el Gokui de la vida examina tu vida mostrándote el camino hacia el Sid*, mediante los pájaros de Cliodnu* o el serpenteante camino hacia el Abred, donde las serpientes de Mider te esperan. Pero ese no fue mi caso. Yo no vi, ni sentí nada más que unas ansias incontrolables de venganza. Con ese sentimiento me desperté. La ira me controlaba y antes de que me diera cuenta, ya volvía a estar en la cúspide del pozo, donde mis asesinos me tiraron como si de basura se tratara.

He de reconocer que entonces me sentía completo como nunca lo había estado. En mi mente solo había un objetivo, todo lo demás, era irrelevante. Las distracciones se esfumaron, igual que el cansancio de mi maltrecho cuerpo terrenal.

Qué equivocado estaba entonces…  Tardé mucho en darme cuenta de quién era. Creo que dejé siete cuerpos sin vida, antes de percatarme de que me había convertido en un sombra.

Te lo juro, no lo hice adrede. Yo, solo… quería dar caza a mis asesinos, nada más…

Qué ciego estaba…

Empecé toda esta aventura con la intención de salvar vidas y lo único que conseguí fue más muerte…

El rastro de los bandidos que me atacaron me llevó al Clan Pesquero y para cuando llegué ahí ya me había convertido, sin darme cuenta, en un siervo de la oscuridad. No obstante, he de reconocer que ver el mundo con los ojos de un sombra es algo peculiar. Solo ves sombras donde antes veías luz. Y la oscuridad que contemplabas antes de convertirte, ahora es una luz cegadora que te hipnotiza. Gracias a eso me fue fácil encontrar a mis asesinos, o mejor dicho, a varios de ellos.

Si tan solo hubiera sido un poco más veloz los hubiera podido atrapar a todos, pero en esa misión también fracasé.

Me fue muy fácil sacar la información que necesitaba de los dos bandidos que se habían quedado en tierra. Y por los Dioses, qué bien me sentí al notar cómo sus vidas se escurrían bajo mi gélido contacto. Fue un buen sorbo de agua fría en una tarde calurosa de verano, mas esa sensación me duró más bien poco. Todavía tenía que cazar al cabecilla y al traidor. Por desgracia tuve que armarme de paciencia hasta que volvieran a desembarcar ya que me era imposible navegar en un navío por mí mismo.

Esa media luna fue un tormento inconcebible. Mis ansias de matar estaban desatadas. Quería seguir con mi caza personal, pero no podía. Estar rodeado de tantos bindir me fue insoportable, así que cuando decidí salir del clan, vi por fin un rayo de esperanza. El barco mercante descrito por los bandidos volvió a puerto de su travesía por las aguas del sur.

Estaba eufórico, tanto, que no esperé más y salí de de las sombras del puerto para esperar a mi presa en los andenes donde tenía intención de anclar.

Estaba obsesionado. Mi raciocinio se desvanecía más y más rápido. No podía controlarme. Y así fue como maté a otros tantos bindir que esperaban en el muelle para atender a los navegantes. Por fortuna, eran altas horas de la noche y no había muchos aldeanos por las cercanías. Estoy convencido de  que hubiera seguido matado con tal de que me dejaran el camino libre.

Después de eso, el barco atracó y los bandidos fueron desembarcando uno por uno, sin saber que yo les estaba esperando.

No voy a mentir, todavía veo sus caras contraídas por el miedo al ver que sus vidas se esfumaban entre mis brazos y… oh… qué placer me sigue produciendo ese recuerdo.

Sé que hace tiempo que dejé de lado mi parte humana para convertirme en lo que ahora soy. Seguro que muchos me aconsejarían luchar contra el deseo de venganza para retornar al sendero de la luz, pero es que eso me da igual. Esas palabras simplemente han dejado de tener sentido para mí…

Los cuerpos inertes seguían cayendo ante mí, cuando noté que alguien salía de las entrañas del navío. No sabía quién era, pero desde que me había convertido en un sombra, era la primera vez que sentía un escalofrío. La sola presencia de ese ser me paralizó por un momento. Por suerte o por desgracia, los guardias nocturnos se habían percatado de todo lo que estaba haciendo, así que me alcanzaron junto con un druwide. Su presencia hizo que el ser encapuchado se volviera a internar en el interior del barco. Al parecer no quería ser visto por el druwide.

Después solo sentí un golpe electrificante que me alcanzó de lleno y me lanzó muchos kilómetros mar adentro.

Lo último que recuerdo antes de subyugarme ante los pies de mis asesinos, fue el frescor del agua salada recorriendo todo mi cuerpo…

 

La cabaña se había quedado en sumo silencio mientras las dos bindir asimilaban todo lo que acaban de escuchar. Solo la tenue luz del cristal hizo que la mujer volviera a la realidad.

—Creo que hay otro mensaje —musitó, levantándose de la silla como si de una marioneta se tratara.

—Será mejor que espere fuera —la interrumpió de golpe la adolescente—. Algo me dice que este mensaje es solo para ti —concluyó, levantándose con el semblante serio.

De nuevo totalmente sola en su pequeña vivienda, Llamas Silbantes se armó de valor y volvió a conectar el cristal.

Inmediatamente reapareció la imagen de su amigo.

 

Créeme si te digo que no sé por dónde empezar… Lo siento, niña. Siento tanto haberte metido en todo esto. No sé qué pasará a partir de ahora. Mi historia hace mucho que terminó, pero lo único que sé es que quiero que estés a salvo. Olvídate de mi visita dos lunas atrás. Deja toda esta misión en manos del druwide Duminólix. Él lo solucionará, estoy convencido.

Dicho esto, sé que no me harás caso y ahora más que nunca irás a por los enemigos que amenazan tu hogar, así que solo te puedo aconsejar que tengas mucho cuidado y que no te fíes de nadie. La telaraña que ha creado este tal Saxtris se extiendo por toda la Tierra Helada. Está obsesionado con el poder. Has de tener mucho cuidado cuando te enfrentes a él.

No sé qué más decirte así que solo te pido una cosa. Si llega el momento, no dudes en usar el poder que se te otorgó para aniquilar a tu enemigo. ¿Me oyes? No lo dudes…

Espero que si el Gokui me da otra oportunidad de reencarnarme me vuelva a encontrar contigo, pequeña.

Cuídate, Onninnona.

 

Al desvanecerse de nuevo el holograma del sombra, la guerrera decidió que ya había descansado suficiente. Se tenía que poner en marcha. No podía esconderse. No, después de escuchar la historia de su amigo difunto.

Sin esperar más, recogió con determinación sus pertenencias y escribió una nota de despedida para el guardabosque.

—Hemos de ponernos en marcha —reafirmó nada más salir y encontrarse a su nueva compañera sentada junto a su compañero peludo.

—¿En qué dirección?

Una breve mirada al horizonte bastó para que Onninnona tomara una decisión.

—La guerra entre los clanes es inevitable —sentenció cerrando la puerta tras de sí y colocando la nota en el pomo de la puerta—. Pero estoy segura de que ese no es el movimiento final de nuestro enemigo. Hemos de salir del juego de persecución y llegar directamente a la casilla de salida.

Nada más montar en Copito, dijo:

—¿Y cómo hacemos eso?

Una rápida mirada a su acompañante bastó para ver la determinación en su postura.

—Desvelando la verdadera desaparición de los príncipes.

 

*Sid: Término celta que significa “paz”. Es una de las regiones del Otro Mundo, donde van las almas de los moribundos para descansar hasta la eternidad, siempre y cuando sus vidas sean merecedoras del reposo eterno.  

*Cliodnu: Deidad y gobernante del Sid, en el Otro Mundo. Su melodioso cantar favorece un sueño reparador para aquellas almas que le llegan con algún tormento del mundo terrenal.

Luna Sullyr.

(También puedes seguir este relato en Wattpad)

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