La leyenda de Onninnona, capítuloXVI

Capítulos anteriores

Capítulo 16

            Era mediodía cuando alguien llamó a la puerta de una pequeña casita de forma circular, al sur del Clan Punta Flecha. La tranquilidad se respiraba en toda la casa, donde dos jóvenes disfrutaban de su nueva vida juntos. Sin embargo, cuando el hombre de cabellera rojiza y constitución delgada abrió la puerta, la paz que había armonizado el hogar, se desvaneció al instante.

            —¿En qué puedo ayudaros?

            El hombre no tardó en ver el grupo que tenía ante su puerta y enseguida empezó a inquietarse. Ante sus ojos tenía a dos mujeres, una de ellas aparentemente ciega, junto con un gregún de color fuego y un lobo de grandes dimensiones de color tierra. Más rezagados, vislumbró a una pareja de licántropos de clase lobuna y gatuna, aparentemente observando y seguramente escuchando todo lo que se iba a decir.

            Desde que se habían instalado en su nueva casa, nunca habían tenido más visita que sus vecinos más próximos, que se pasaban por ahí para saludarles y ver si su nuevo hogar estaba a su gusto.

            Estaba convencido de que esos forasteros no iban a traer nada bueno.

            —Me alegra ver que se encuentra bien, príncipe Vencip —le saludó, cortésmente y con seguridad, Onninnona.

            Su mundo se vino abajo al oír esas palabras.

            —¿Quién anda ahí?

            La voz despreocupada de una mujer hizo acto de presencia al lado de Vencip.

            —Cuánto has crecido, pequeña Alana —le saludó la aventurera nada más ver a su vieja amiga.

            La princesa se quedó de piedra al ver ante sí a Onninnona. Hacía muchos soles que no la veía, pero eso no le impidió reconocerla. Su larga cabellera rojiza, su mirada decidida y dulce al mismo tiempo y su acompañante fiel, Cerdi, fueron suficientes datos para identificarla.

            —¿Qué haces aquí? —consiguió articular con un sutil tartamudeo.

            En ese momento, la guerrera se giró momentáneamente y asintió con la cabeza. Al instante los dos licántropos la imitaron y empezaron el regreso al clan, sabiendo que su trabajo había terminado. Onninnona les agradeció mentalmente que utilizaran sus habilidades olfativas para localizar las feromonas de los dos enamorados. Sabía que sin ellos hubiera tardado mucho más tiempo en localizar su lugar de residencia.

            De nuevo, mirando a la cara de los jóvenes príncipes, les dijo.

            —Chicos, tenemos que hablar.

~·~

            Lindero sudeste de las Montañas del Crepúsculo

           

            —General, informe de situación —le ordenó Alborex, rîgos del Clan Aullador.

            La mujer extendió un mapa sobre la mesa de la parte central de la Tierra Helada y empezó a colocar fichas de diferentes colores y tamaños, señalizando sus tropas y las del enemigo. Aparentemente, el enemigo había podido aguantar bien su posición y ahora les estaba haciendo retroceder  hacia el interior de las montañas.

            —Recomiendo fortalecernos entre las montañas y esperarlos con una buena emboscada —la voz de la mujer impregnaba valor al observar el mapa—. En terreno despejado teníamos las de perder, pero entre las montañas serán nuestros —alegó con contundencia y sin un ápice de inseguridad.

            El rîgos empezó a meditar las palabras de su general mientras se mecía plácidamente su barba oscura. Sabía que la general Alicia era buena en su trabajo y ni por un momento se le había pasado por la cabeza culparle por las continuas derrotas que habían tenido a campo abierto, entre el Bosque Central y el lindero de la cordillera. Había sido demasiado impetuoso a la hora de esperar pillar con la guardia baja a su enemigo. Tenía que volver a poner sensatez ahora que tanto su ejército como el de su enemigo se habían reducido casi a la mitad desde que, casi una luna antes, las batallas empezaran.

            —¿Y cómo van nuestros víveres? Creo entender que hemos encontrado un grupo de comerciantes ambulantes, que nos han ido proporcionando suministros —aludió con un atisbo de preocupación al pensar que sus soldados empezarían a pasar hambre.

            —Está en lo cierto, señor. Hace ya media luna que nos los encontramos y de momento nos han estado ayudando en lo que han podido. Por desgracia, hemos extinguido sus existencias —concluyó desanimada al empezar a ver que esa guerra se había liberado con demasiada premura, sin preocuparse en exceso de arreglar detalles tan importantes como los alimentos de las tropas—. Creo que sería prudente enviar una comitiva a los clanes más importantes de la zona para recolectar alimento. De momento nos podemos ir apañando cazando en las montañas —argumentó sabiendo que de ese modo podrían sobrevivir durante un largo tiempo.

            —Muy bien, prepáralo todo y despacha a los comerciantes. No quiero civiles de por medio.

            Con autoridad se levantó de la silla, acto que anunció el cierre de la reunión, y se dirigió a la ventana de su tienda.

            Desde esa posición pudo contemplar todo el valle donde sus tropas se estaban instalando. Sabía que muchos más deberían morir para decantar la victoria en un bando u otro, y empezaba a preguntarse si valían la pena tantas muertes para salvar a Alana. Ni tan siquiera sabía si seguía viva. Era posible que todo aquello fuera en vano…

            Con esos pensamientos tan fúnebres, el hombre se encaminó a la cama, justo cuando su marido entró en la tienda.

            —¿Cómo te encuentras?

            Sin mediar palabra se tumbó en la cama y contempló momentáneamente el techo antes de cerrar los ojos y suspirar.

            —Así de cansado te encuentras —admitió Albin recostándose a su lado—. Estoy seguro de que encontrarás a nuestra hija —le susurró finalmente entes de acomodarse y abrazar a su esposo.

            Con el ruido de las tropas reagrupándose, ambos se quedaron sumamente dormidos, con el único pensamiento de volver a ver a su hija.

~·~

            Clan Roca Maciza

 

            La euforia se vislumbraba por todos los rincones de la sala de reuniones. Todos los presentes, desde grandes comerciantes, hasta personal de alto grado de la guardia de palacio, celebraban la retirada de su enemigo a las montañas. El hecho de haberles ganado todas las contiendas había provocado un alud de emociones que nadie intentaba ocultar.

—¡Es hora de asestar un golpe mortífero a nuestro enemigo! —exclamó con contundencia Vecicín, el rîgos del Clan Roca Maciza.

            Al son de las palabras de su líder, todos alzaron sus puños en alto y vitorearon su nombre.

            —¡¡¡Haremos que se arrepientan de haber secuestrado a mi hijo!!!

            La voluntad férrea del rîgos se manifestó con tal magnitud, que impregnó a todos los ahí presentes convirtiéndolos en bestias sedientas de sangre.

            Al caer la noche, todos celebraron un gran festín para recargar fuerzas.

            Al amanecer, moverían su ejército directo a las entrañas de territorio enemigo.

 ~·~

En casa de los príncipes

 

            Todos estaban reunidos en el pequeño jardín trasero de la casa, bebiendo un buen té al limón junto con unos buenos trozos de sandía y melón. No obstante, la armonía que parecía impregnar el ambiente, no iba en concordancia con lo que todos estaban sintiendo en ese momento.

            Al acabar de contar todo lo que estaba ocurriendo en el territorio, Onninnona dejó un espacio de silencio para que los jóvenes enamorados entendieran lo que habían provocado al escaparse de sus hogares. No quería apuntarles con el dedo y culparles de todo, ya que sabía que dados los sentimientos de ambos, lo que habían hecho era lo más lógico. No obstante, tenían una responsabilidad para actuar dadas las circunstancias. Era la única manera de terminar con las batallas.

            —Nunca nos hubiéramos imaginado que pasaría esto al decidir irnos —empezó a relatar con voz apagada Alana—. Solo queríamos estar juntos y vivir sin la constante enemistad que se tienen los dos clanes…

            —Lo sé, Alana y te entiendo —apremió a decirle con la intención de que no se auto culpara más de lo que ya se estaba culpando—. Pero el hecho es que ahora debéis hacer algo. Está en vuestras manos parar esta masacre sin sentido.

            —No estoy de acuerdo —soltó de repente Vencip sorprendiendo a todos los presentes.

            —¿Cómo puedes decir eso?

            Luz se consternó al oír sus palabras.

            Un severo vistazo a Copito, que estaba rondando por ahí jugando con las ardillas, bastó para que este dejara de hacer ruido.

            —Si son tan estúpidos para emprender una guerra sin tener un motivo justificado para ello, que así sea. Es cosa suya.

            —Lo hacen por nosotros —le dijo rápidamente Alana, asustada.

            —Mentira… —se levantó de la silla y estiró su cuerpo mientras dejaba que el aire de la naturaleza llenara sus pulmones—. Lo hacen por su arrogancia. Daría igual que volviéramos junto a nuestros clanes. Su odio es tan profundo, que tarde o temprano encontrarían otra excusa para combatir e imponerse al otro —Se volvió y dio la espalda a los presentes—. Si tanto nos quisieran hubieran verificado que nos fuimos por nuestros propios pies, sin que nadie nos obligara a nada.

            Dicho eso, se alejó con paso decidido hasta desaparecer en el interior de la vivienda.

            Todos se quedaron pensativos durante un rato meditando sus palabras.

            Entonces Alana empezó a llorar.

            —Tranquila —le susurró conciliadoramente Onninnona colocándose a su lado para abrazarla—. Yo me haré cargo de todo. Te lo prometo.

            —Gracias —consiguió decir entre sollozos.

            Onninnona le había prometido solucionarlo todo, porque sabía que era lo que tenía que decir, pero debía admitir que no sabía cómo hacerlo sin la participación de ambos príncipes.

            Debía conseguir de algún modo que el joven Vencip les acompañara o más muertes sembrarían la Tierra Helada.

Luna Sullyr.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s