La leyenda de Onninnona, capítulo XIX

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Capítulo 19

            En las entrañas del mundo, sin que nadie perturbara su descanso, el druwide Duminólix se despertó de su sueño reparador en una cueva solitaria. Un alarido surgió de su garganta reseca mientras movía su cansado cuerpo. Sus ojos tardaron un poco en acostumbrarse a la poca luz que desprendían los cristales de las paredes. Con mucho esfuerzo empezó a levantarse mientras su mente empezaba a reorganizarse del despertar. Todo estaba muy confuso, como todas las veces que le habían “matado”. Al notar su cuerpo desnudo, rebuscó en un baúl un par de prendas para entrar un poco en calor, mientras su sangre volvía a circular con normalidad por su cuerpo.

            Una vez vestido, se sentó en el suelo, mientras observaba cómo las letras grabadas de las paredes no paraban de iluminarse. En ese momento no pudo evitar acordarse de cuando construyó todo ese lugar, decidiendo así partir su alma. Era muy joven entonces, meditó para sus adentros mientras observaba cómo su pelo y su barba empezaban a desprendérsele.

            Notando que su cerebro empezaba a funcionar de nuevo plenamente, decidió meditar qué debía hacer a continuación. Sabía que había pasado una luna entera desde que su descuido lo había conducido a su guarida, así que debía suponer que los acontecimientos habían avanzado en su ausencia. Debía saber qué estaba pasando entre los clanes, se dijo a sí mismo.

            Sabía que necesitaría de un poco más de tiempo para recuperarse al cien por cien, pero el tiempo corría en su contra; por consiguiente, cogió una fruta guna guna* del baúl y empezó a comérsela mientras acababa de vestirse y se preparaba para el viaje.

~·~

            Se había formado una pequeña pausa en las batallas a causa de las inesperadas muertes por parte del Clan Aullador y las inesperadas enfermedades por parte del Clan Roca Maciza. Nadie sabía cómo había podido pasar, pero el hecho era que más de la mitad de ambos ejércitos o se habían muerto por cánceres fantasmas o se habían vuelto locos.

            La situación era crítica en ambos bandos.

            En el bando de los Aulladores todos estaban apenados por la muerte furtiva de su rîgos. Los curanderos habían dictaminado que un cáncer en el corazón había acabado con su vida. Aun así, estaban desconcertados. La curandera jefa era una aguana* muy respetada por todos sus compañeros y tras ver el cáncer, no se lo podía creer. Justo antes de la partida hacia la batalla había examinado con detenimiento al rîgos y estaba segura de que no tenía ningún indicio de cáncer. Nunca había visto que un cáncer se formara y matara en apenas una luna.

            El pánico vino cuando los ayudantes y los curanderos empezaron a examinar los cuerpos de los moribundos. Todos habían  padecido la misma enfermedad. Ya fuera cáncer de corazón, pulmón o cerebral. La aguana no había visto nunca nada parecido y solo había podido hacer una cosa. Ordenar que quemaran toda la comida y bebida que tuvieran, para un rápido examen con el fin de verificar algún otro infectado.

            Así habían pasado las noches de duelo. Preocupados y sin obtener ninguna respuesta.

Por otra parte, en el Clan Roca Maciza se había impuesto la seguridad total. Era una medida extrema que impedía que nadie del campamento saliera de él, bajo ninguna circunstancia. Los curanderos del ejército estaban trabajando sin demora, intentando averiguar qué había producido ese brote repentino de locura.

            El primero en morir por la enfermedad fue el rîgos, que después de una noche de gritos, se quedó mudo con una sonrisa siniestra en la cara. A medida que pasaba el tiempo, los infectados habían ido muriendo uno a uno. Ahora mismo apenas quedaban un par de decenas de soldados sanos, mientras que los trastornados iban causando estragos por falta de vigilancia. Había llegado un punto, que el coronel Mirenín junto con el príncipe Vencip, habían decretado que se matara a todos aquellos que empezaran a padecer la última fase de locura. No querían que hubiera más víctimas.

            No había tiempo para pedir ayuda ni para encontrar una cura, así que al descubrir que el causante había sido un alimento en mal estado, que había podrido grandes partes del cerebro, se decretó la muerte de los ahora escasos infectados. No valía la pena hacerles sufrir más.

            Su muerte era segura.

            —¿Ahora qué hacemos, mi rîgos?

            Al oír las palabras del coronel, al antes príncipe se le hizo un nudo en el estómago. Sabía lo que eso significaba. Si no quería que se produjera una guerra civil, debía asumir el cargo de jefe del clan y despedirse para siempre de la vida tranquila y feliz con Alana.

            —Señor, debes tomar una decisión —avisó con premura el anciano general al ver el semblante perdido del joven rîgos.

            —Envía un emisario al Clan Aullador —respiró hondo para darse fuerzas mientras pensaba en Alana—. Solicita una reunión con su nuevo rîgos. No tiene sentido combatir más —bramó sin poder evitarlo al ver cómo había cambiado su vida en apenas unas noches.

            Al ver la rabia de su líder, Mirenín asintió en silencio y se esfumó fuera de la tienda para cumplir con la orden dictaminada.

            A la noche siguiente, justo cuando el sol salía por entre los peñascos de las montañas, ambos rîgos de cada clan, junto con una pequeña escolta, se encontraron en la pequeña llanura donde se había producido una de tantas batallas.

            Del Clan Roca Maciza, aparecieron Vencip, Mirenín, Luz y Copito, mientras que de los Aulladores aparecieron Alana, Chinchín, Onninnona y Cerdi.

            Nada más acercarse, ambos amantes desmontaron de sus caballos y se acercaron para darse un fuerte abrazo.

            —Siento mucho lo ocurrido —le susurró Alana al notar la tristeza de Vencip.

            —Yo también siento tu pérdida…

            La reunión comenzó inmediatamente después de que ambos rîgos se serenaran. Los dos altos cargos de los ejércitos expusieron la situación de sus tropas, cuando de repente, un círculo de poder interrumpió abruptamente la reunión.

            Todos se pusieron en guardia ante la interrupción. Solo cuando Onninnona pudo visualizar la silueta del druwide Duminólix, se apresuró a calmar el ambiente haciendo las correspondientes presentaciones.

            —Siento la interrupción, pero he venido a desvelar el misterio de toda esta muerte —expuso el anciano druwide.

            Llamas Silbantes era la única que lo había visto con anterioridad así que fue la única que se sorprendió al ver el cuerpo esquelético del hombre. A parte de la desaparición de su barba dorada y su pelo, las arrugas surcaban todo su cuerpo como si de repente hubiera envejecido muchos soles de golpe. No entendía qué le estaba pasando y cuando el maestro desvió la mirada hacia ella, esta entendió el mensaje. Luego hablarían del asunto.

            El ahora anciano druwide, se sentó con cuidado en el suelo, acto que imitaron todos los presentes. Seguidamente empezó a relatar todo lo que sabía de Saxtris, el ardid de toda aquella muerte.

            Ninguno se quedó indiferente cuando escucharon la teoría del druwide, que decía que la destrucción de las tabernas de ambos linderos de las montañas se había producido para que los suministros para los ejércitos fueran escasos, con el fin de que Saxtris pudiera infiltrar a sus subordinados a modo de mercaderes que ayudaban en el aprovisionamiento de las tropas.

            Estuvo un buen rato narrando los acontecimientos, desde quién era verdaderamente Saxtris, hasta su último encuentro con él, omitiendo que había muerto en ese encuentro.

            —La muerte y la locura propagada por ambos ejércitos es culpa mía —confesó apesadumbrado, agarrándose fuertemente a su bastón que tenía incrustado un rubí azul en su extremo—. Yo fui quien enseñé el método de propagación a mi antiguo alumno.

            —¿Por qué iba a enseñarle a propagar la muerte?

            Onninnona no se lo acababa de creer.

            —En principio yo le enseñé a utilizar un hongo microscópico para propagar una cura inmediata en caso de extrema necesidad —expuso derrumbado por su pesar—. No sé cómo, pero ha conseguido contaminar el hongo curativo para que produzca alteraciones en el cuerpo.

            —¿Por qué a unos ha causado la muerte y a otros la locura?  —preguntó Vencip, entendiendo desde buen principio que por mucho que se culpara al druwide, él no tenía la culpa de todo aquello.

            —Dependiendo del método de propagación se obtienen unos resultados u otros. Me aventuraría a decir que la propagación de la enfermedad fue muy distinta en ambos ejércitos.

            Intentando asimilar toda aquella nueva información, los allí presentes empezaron a ver la luz al final del túnel. Ahora que sabían todo aquello, tenían un enemigo en común y eso de algún modo les insufló renovadas fuerzas.

            —Creo que sería prudente volver a nuestros hogares y exponer lo que ahora sabemos a nuestros consejos —Onninnona se levantó y estiró su cuerpo—. Deberíamos volver a reunirnos dentro de tres noches para organizar una búsqueda exhaustiva de Saxtris —aconsejó con determinación mientras observaba a los dos jóvenes que acababan de recibir la carga de liderar a sus respectivos clanes.

            —Sabias palabras, mujer.

            En ese momento todos desviaron su mirada hacia el hombre que acababa de hablar.

            —Creo que no puedo permitir que salgáis con vida de esta reunión —berreó con la satisfacción de un cazador al atrapar a su presa indefensa—. Creo que contaré que ambos bandos se enzarzaron en una disputa y que por desgracia yo, un druwide ermitaño que pasaba por ahí, fui el único en salir vivo de la contienda —acabó burlándose al mirar a su decrépito maestro.

            En ese momento los cuatro bandidos que quedaban de la banda de Espólitor, junto a él, aparecieron de la nada, detrás de Saxtris.

            —Creo que te equivocas —empezó a decir Copito, sorprendiendo a todos los presentes, incluido a Luz—. Tu arrogancia será tu perdición —dictaminó el licántropo empezando a cambiar a fase híbrida, estirando su cuerpo mientras observaba cómo su presa empezaba a retroceder aterrorizada.

*Fruta guna guna: Fruta autóctona de Bíroc, que se encuentra en los fondos de los ríos o del mar. Propiedad principal: revitalizante para cuerpo y alma.

*Aguana: Es un hada del agua y la versión hembra de los salvani. Tienen una gran envergadura, larga cabellera, y una voz dulce y armoniosa.

Luna Sullyr.

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