La leyenda de Onninnona, capítulo XX

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Capítulo 20

                 —Pero… ¿quién eres?

            Saxtris no podía creer lo que estaba viendo. Un licántropo de clase lobuna estaba ante él. No podía creerlo.

            —Tu maestro pecó de arrogante si creía que nadie se iba a dar cuenta del hechizo de resurrección que utilizó contigo —Su cuerpo musculado y sus casi tres metros de altura le conferían una apariencia imponente—. Los druwides de la zona se dieron cuenta de la distorsión en el gokui y convocaron una reunión secreta para hablar del asunto. Yo fui el elegido para ir en tu búsqueda —En ese momento se giró hacia Luz, que seguía un poco asustada—. Lo siento, niña. Debía mantener en secreto mi misión.

            La joven todavía seguía conmocionada ante la verdadera identidad de Copito, aunque ahora que sabía que era un licántropo por fin entendía la gran estatura que tenía en su forma animal. Mare le había dicho que había lobos que alcanzaban una gran estatura pero en el fondo nunca le había creído del todo. Ahora que sabía quién era entendía su estatura, fuerza y resistencia.

            Aceptando el hecho de que había estado viajando con alguien de su especie, no pudo evitar acercarse y tocarle la piel. Su tacto era suave y cálido. La luz que silueteaba a su alrededor le confería una apariencia formidable.

            No pudo evitar sonreír.

            —Bueno, mi antiguo aprendiz —El druwide se levantó y después de crujir los huesos del cuello se quitó la túnica blanca, dejando al descubierto por primera vez los tatuajes de los nudos celtas que tenía en los hombros—. Será mejor que te rindas. No puedes ganar esta batalla y te aseguro que esta vez no me dejaré matar —subrayó enfáticamente con el semblante serio.

            Todo el grupito se puso en posición de combate y formaron una línea detrás de Copito, que encabezaba al grupo.

            Espólitor lo había estado observando todo con detenimiento sin creerse cómo habían cambiado las tornas. Sabía que el plan original tenía pocas posibilidades de victoria sin contar con la aparición del hombre lobo, pero ahora que este se había añadido a la ecuación, estaba convencido de su derrota. La inmunidad natural al gokui que tenían los de su especie los hacían unos adversarios terroríficos. Por otra parte, una idea empezó a formularse en su mente. No había planeado llevarla a cabo tan pronto, pero ahora ya no tenía nada que perder. Hiciera lo que hiciera, su muerte estaba asegurada.

            —¡No creas que te será tan fácil derrotarme! —chilló Saxtris, empezando a desplegar su gokui putrefacto a su alrededor—. ¡Espólitor, ataca!

            Su cara enloquecida lo decía todo. No iba a dejarse capturar y así lo demostró empezando a reírse como un maníaco mientras empezaba a formar un círculo de poder que quemó la hierba del suelo.

            —Esto se acaba aquí —El salvan se le había acercado por detrás y le había descargado su elf-shot*—. Es hora de que mueras de una vez…

            En ese momento Saxtris empezó a notar una quemazón horrible en sus pulmones. La furia que surgió ante tal traición, fue suficiente como para derribarlo con una llamarada que envolvió su cuerpo.

            —Estúpido elfo —La sangre empezó a surgir de su boca—. Podíamos haber gobernado este territorio…

            En ese momento las llamas acabaron de calcinar los últimos huesos del salvan, dejando tras de sí nada más que polvo. El viento fue el encargado de llevárselo en sus brazos muy lejos de ahí.

            Onninnona era la única del grupo que no estaba sorprendida ante lo que había pasado. Sabía por experiencia que el miedo no es el mejor sentimiento a trasmitir si  se quiere conseguir seguidores. Eso a la larga implicaba traiciones para liberarse de sus captores. Toda la vida había sido así.

            Rápidamente Saxtris dejó de poder manifestar su gokui. Sus fuerzas estaban menguando. El dardo que le habían clavado le estaba quemando por dentro, poco a poco, todos los órganos. No podía creerse que todo hubiera acabado así.

            Tumbado en el suelo, pudo ver cómo su antiguo maestro se le acercaba y le contemplaba con compasión. Eso le enfureció todavía más.

            —Puede que yo haya muerto —Su cuerpo empezó a convulsionarse a medida que sus órganos empezaban a fallar—. Pero mi venganza para todos los traidores ya está en marcha —En su último aliento consiguió mostrar una sonrisa satisfactoria.

            Saxtris había muerto.

            —Esto no es bueno —soltó de repente Copito, indignado—. Él solo era el aprendiz. Mi objetivo era localizar a su maestro. Ahora que ha muerto me será prácticamente imposible descubrir quién es el verdadero artífice de todo esto…

            —El tiempo pone a todos en su sitio —rumió por lo bajo el druwide mientras movía el bastón alrededor de su antiguo aprendiz—. Seguro que con el tiempo nuestro enemigo volverá a dar la cara.

            En ese instante las llamas surgieron alrededor del cuerpo esquelético de Saxtris.

            —Esta vez me aseguraré de que nadie vuelva a manipularte, querido alumno…

            En absoluto silencio, todos observaron cómo las llamas consumían definitivamente lo poco que quedaba del cuerpo del antiguo vate*. Los pocos bandidos que seguían observando la escena, empezaron a huir con temor a ser apresados. Por desgracia para ellos, Copito se había quedado con las ganas de combatir y fue en su captura.

            Nadie dijo nada, pero sin darse cuenta todos empezaron a comprender lo que acababa de ocurrir. Hasta ahora habían estado en completa tensión por los acontecimientos que se estaban desarrollando, pero ahora que había acabado, todo les pareció un sueño. Solo Onninnona parecía estar en tensión, como si algo le impidiera exclamar victoria.

—Maestro, ¿qué ha querido decir Saxtris con sus últimas palabras?

El druwide se sobresaltó al oírla como si las llamas le hubieran estado hipnotizando.

            —No te preocupes, solo eran palabras vacías.

            Quería seguir insistiendo en el tema, cuando en la lejanía vio llegar dos jinetes, desde el campamento de ambos ejércitos, montados en moa.

            —Qué habrá ocurrido…

            La rîgos Alana tuvo un mal presentimiento.

            Sus sospechas se manifestaron cuando ambos emisarios proclamaron sus mensajes en alto. Tanto en las zonas del norte como del sur, los bindir estaban enfermando con unos síntomas parecidos a lo que había acabado matando a ambos ejércitos.

            La noticia golpeó de lleno a Duminólix, que no pudo evitar caerse al suelo.

            —¿Qué has hecho…? —le susurró al difunto Saxtris, del cual ahora ya solo quedaba polvo.

            —Su última jugada —comentó la guerrera tras sopesar el impacto de todo aquello—. De algún modo ha logrado envenenar a prácticamente todo el territorio.

            —Así que al final se ha salido con la suya…

            Vencip dio un puño en el suelo frustrado por todo aquello.

            —Todavía hay esperanza.

            Todos depositaron sus miradas en Onninnona, que parecía muy segura de sí misma.

            —Maestro, utilice el método original para transportar, mediante el agua, un hongo curativo —La idea se le iba formando a medida que iba hablando—. Se lo comunicaremos a todas las aldeas. Debería ser capaz de minimizar las muertes que pueda causar el envenenamiento.

            Ante esa idea todos empezaron a creer que todavía tenían alguna posibilidad de salir victoriosos, mas el druwide no se entusiasmó tanto como el resto.

            —Me temo que es imposible —El anuncio paralizó al grupo—. Mis fuerzas flaquean. No tengo ni un ápice de gokui para llevar a cabo tal proeza….

            Nadie podía creer que ahora que habían logrado averiguar cómo contrarrestar el veneno, no tuvieran fuerzas para llevarlo a cabo.

            —No puede ser… —empezó a decir Alana indignada por todo aquello.

            Mientras todos pensaban en algún otro modo para salvar a cuantos bindir pudieran, Onninnona tomó una decisión.

            —Utilíceme a mí —exigió con decisión—. Extrae toda gota de gokui del que disponga y salva a todos.

            Hizo callar a todos con su mirada, sin que nadie pudiera discutir sus palabras.

            —Alana, Vencip, no olvidéis lo que habéis aprendido en vuestra convivencia juntos y extendedlo entre los clanes. Ahora está en vuestras manos impedir que la enemistad vuelva a brotar en los corazones de todos —Con tranquilidad se acercó a su pequeña amiga y le dio un beso en la frente al mismo tiempo que le susurraba—. Recuerda lo que de verdad importa en la vida —Tras eso, Vencip inclinó la cabeza en señal de respeto para luego colocarse al lado de su compañera, a la cual abrazó—. Pequeña ladrona —Se acercó a Luz y la miró con detenimiento—. Tienes un futuro grandioso por delante. No dejes que nada te impida caminar hacia él—Entonces, con dulzura, la abrazó—. Te entrego mi gran carga para que la lleves a buen destino. Estoy segura de que encontrarás a su siguiente propietario.

            Sin entender a qué se refería, Luz se quedó quieta mientras observaba cómo Onninnona se desenganchaba su espada y se la entregaba. Hasta ahora había dado por hecho que era su propia espada, pero a medida que sostenía el arma, empezó a recordar que en ningún momento había sido desenfundada bajo ninguna circunstancia. No sabía bien, bien qué hacer con ella, pero no pensaba defraudar a Onninnona.

            Con fuerzas renovadas, agarró fuerte el arma y asintió.

            Sin más tardanza, Llamas Silbantes decidió montar por última vez en Cerdi, para que le llevara, junto al druwide, al río que había al oeste.

            Sabía que no debía mirar atrás, así que cuando emprendieron viaje, se resistió a mirar. Entendía lo que iba hacer y estaba decidida a hacerlo, aunque estaba segura de que MacFinn hubiera querido que utilizara el gran poder que albergaba la espada para aquel hechizo, pero ella sabía que todavía no había llegado la hora de que el arma saliera a la luz.

            Intuía otro destino para Dumlet.

            A medida que galopaba con premura hacia su última gran aventura, la guerrera no dejó que la tristeza le invadiera. La muerte les llegaba a todos de una manera u otra, había muy pocos elegidos a los que se les otorgaba la posibilidad de escoger su final.

            Al atisbar el río, Onninnona apremió a Cerdi.

            Al llegar a la ribera, el druwide desmontó y al acercarse al agua, contempló su rostro.

            —Siento todo esto —Se disculpó otra vez—. Si tan siquiera estuviera recuperado del todo, no haría falta que sacrificaras tu vida. Mi soberbia te está a punto de matar, Onninnona…

            —No es cierto —Se le acercó y le colocó la mano en su hombro—. El destino siempre es incierto. Todo pasa por alguna razón. He vivido muchas aventuras a lo largo de mi vida y si mi final es este, lo aceptaré con gusto si con ello logro salvar a alguien —En ese momento se giró y se acercó a Cerdi—. Solo tengo algo que pedirle —El gregún intuía lo que iba a pasar y había empezado a gemir de tristeza—. Cuide de él.

            Entonces el animal se encabritó y se removió como si no quisiera aceptar lo que estaba a punto de suceder. Antes de que Onninnona lograra calmarlo, este tomó una decisión y empezó a manifestar su gokui al mismo tiempo que se tumbaba en la hierba y miraba detenidamente a su amiga.

            —Creo que Cerdi también ha tomado una decisión —se aventuró a decir el druwide al ver la mirada del animal.

            En ese momento la mujer no pudo evitar derramar unas lágrimas. Nunca le hubiera pedido que se sacrificara por ella, pero el hecho era que ya había tomado una decisión y sabía que no podía hacer nada para hacerle cambiar de parecer, así que con dulzura se tumbó en la hierba, recostando su cabeza en el estómago de su amigo. Este acercó su cabeza al costado de la mujer y ambos se entrelazaron en un abrazo, mientras empezaban a desprender sus gokui.

            Al ver la escena, Duminólix sacó unos puñados de los hongos que utilizaría de un frasco que tenía en el cinturón, y empezó a formular el hechizo, entretanto dejaba que los hongos empezaran a flotar y a reproducirse por el agua. El hechizo duró un poco y a medida que el druwide iba succionando ese gokui esmeralda de los cuerpos de Onninnona y Cerdi, se juró a sí mismo que de algún modo compensaría los daños que había causado su incompetencia.

            La vida de la pareja de amigos empezó a esfumarse plácidamente mientras estos se dejaban llevar por el suave sonido de la naturaleza que les rodeaba.

            Lo último que vieron sus ojos fue el revolotear de tres gráciles pájaros sobre sus cabezas.

 

*Elf-shot: Significa golpe de hada o golpe de elfo. Es el arma más peligrosa de los seres del Mundo de las hadas y los elfos. Esta arma es como una punta de flecha disparada como un dardo. Tiene la capacidad de dañar partes vitales sin dañar la piel.

*Vate: Categoría que podías obtener después de pasar las pruebas de aprendiz de druwide. Se especializaban en la sanación y el gokui. Es un camino delicado ya que el poder del gokui es algo que solo las mentes más equilibradas pueden dominar sin desviarse del camino de la bondad y la luz.

Luna Sullyr.

Mañana publicaremos el epílogo de La leyenda de Onninnona. ¡No te pierdas el final de la historia!

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