Rompecabezas, por Shasmine Cianne

Rompecabezas, del blog Soñando hasta Saturno

A mi rompecabezas, a pesar de que ya soy grande, le faltan todavía algunas piezas. Y este juego es una parte de mí muy muy importante porque de no estar me rompe mucho la cabeza.

Pero estas piezas no las encontraba por ningún lado. Ni bajo los bancos de la plaza, ni debajo de los de la escuela, ni de los directores, ni de los colectivos, ni siquiera debajo de los bancos del hospital, menos todavía debajo de los bancos de los bancos.

Pero hoy la encontré, ahí estaba, una de las partes que me faltaban. Ahí la vi, frente a mi.

En tu sonrisa de niño inocente lleno de preguntas, que ama repetir y los cuentos con dibujitos.

En el globo terráqueo ¿Notaste lo grande que es el Pacífico? que descansaba tan pesado y aun así seguía girando y girando.

En las páginas que me deleitaban y me acogían ocremente como siempre lo han hecho.

En los dibujos inspiradores que cobraban vida frente a mis ojos. De repente tenía amigos de todo tipo para jugar.

En ese momento en que la fantasía se hacía realidad, como siempre me habían jurado que era imposible.

En esa lucesita que creí ver cuando me vino la chispa de la felicidad y reí a carcajadas sin poder parar. Realmente sin poder parar.

Allí cuando recordé que puedo hablar con los niños y descubrir cosas maravillosas de verdad. Como que los colores y lo divertido es lo primordial.

Encontré la partecita que me faltaba buscando entre rompecabezas incompletos y super emocionados por completarse a mucha velocidad. Despacio. A veces tenemos que volver atrás.

Agarre una pieza negra y enmohecida que formaba parte de mi, la deje en la basura y me fui feliz. ¿Quién dijo que yo alguna vez me iba a rendir? Jamás.

Un niño siempre regresa a jugar.

Feliz día del niño

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Shasmine Cianne, La Frankenstein Cibernética. Argentina.

 

Otras publicaciones de la misma autora:

La mirada de la luna                  Todavía no                 Sahumerio de pasión

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Héroes, por Xavi Benigni

Yo tengo una debilidad por los héroes, y no por aquellos con súper poderes, no.
Hablo de aquellos héroes que te preguntan cómo estás y verdaderamente escuchan la respuesta.
Aquellos héroes que te ayudan a levantarte, mientras las otras personas no sabían ni que habías caído.
Aquellos héroes que una vez han entrado en tu vida, se quedan.
Aquellos héroes, llamados “amigos”.
Estas palabras son para ti, amigo
Aunque no acostumbre a decirte esto, que sepas que te quiero.
Te quiero porque cuando estoy contigo me siento invencible.
Te quiero porque no me abandonas nunca, ni cuando estamos lejos uno del otro.
Ni cuando me equivoco, ni cuando te trato mal.
Te quiero porque me ayudas incluso cuando sabes que estoy haciendo una tontería.
Porque me ayudas cuando lloro, cuando las lágrimas hacen una carrera por mis mejillas.
Te quiero porque es bonito cuando nos miramos y reímos, porque no necesitamos palabras para entendernos.
Te quiero porque me dices las cosas a la cara, y me defiendes a las espaldas.
Te quiero porque juntos hemos hecho muchas cosas, y haremos muchas más.
Divirtiéndonos. Y pasando siempre de la gente que nos critica sin saber.
Porque estarías despierto toda la noche para mí, y porque sabes que yo haría lo mismo por ti.
Te quiero porque eres sincero conmigo incluso cuando sabes que esa sinceridad me hará daño.
Te quiero, amigo.
Porque somos hermanos de vida, y en ocasiones ser hermanos de vida es mejor que ser hermanos de sangre.
Vídeo: Youtube
Xavi Benigni. España. 
Otras publicaciones del mismo autor:
El amor no entiende de distancias               Fíate                Valórate          

Laskar Pelangi, por Andrea Nunes

La Tropa del Arcoíris (Laskar Pelangi) está formada por un grupo de diez niños extraordinarios que, a pesar de vivir en la zona más pobre de la isla de Belitung, Indonesia, tienen el valor de enfrentarse a la sociedad en la que viven y luchar en favor de su educación. Esta novela comenzó como un gesto de agradecimiento a Bu Mus, la valiente maestra que se desvivió por ellos. Uno de sus alumnos, Ikal (Andrea Hirata), le escribió este libro cuando creció, porque se lo había prometido, y el resultado fue una historia de lucha por valores universales que logró trascender más allá de Indonesia y llegar a los corazones de miles de lectores.

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La lectura de La Tropa del Arcoíris me ha impactado, me ha emocionado, me ha enfadado, me ha entristecido, y me ha hecho reír y soñar. Con los cambios que está sufriendo nuestra sociedad respecto a la educación, a las relaciones familiares y a cómo crecen los niños, me parece de especial relevancia esta historia real. En ella, dos maestros se hacen cargo de una escuelita en medio de la nada, semiabandonada por el gobierno indonesio, cuyos alumnos son marginados y discriminados por la pobreza en la que viven, de quienes nadie espera nada y, según opinan todos, no tienen futuro. Pero estos dos maestros, Pak Harfan y Bu Mus, se dedican con pasión y devoción a su trabajo, a pesar de ser pobres ellos también y de tener que pluriemplearse para poder sobrevivir. Son profesores que adoran a sus niños, creen en ellos y les dan alas para ser quienes deseen ser. Y estos niños, a su lado, aprenden a leer y a escribir, aprenden historia, geografía, matemáticas y música, pero también aprenden a soñar. Descubren que su destino no está escrito, que pueden cambiarlo, y que tienen derecho a ser algo más en la vida. Pak Harfan y Bu Mus se enorgullecen de ser lo que son, se enorgullecen de sus alumnos y, a su vez, logran que ellos se enorgullezcan también de ser los alumnos de la pequeña escuela de la Muhammadiyah. En este contexto se pone de manifiesto el valor real de la educación, el placer de aprender, de adquirir una cultura, un pensamiento crítico, y la capacidad de crear y soñar. Una de las reflexiones de Ikal cuando crece, es precisamente esta, la capacidad de valorar tu educación; se enfurece cuando ve cómo hijos de familias con dinero tiran por la borda sus estudios por pereza, aburrimiento, rebeldía u otras banalidades, y recuerda lo difícil que lo tuvieron él y sus amigos. También recuerda cómo iban a clase, algunos de ellos descalzos, otros con sandalias hechas de neumáticos; siempre les faltaban botones a las camisas; casi no tenían libros, ni cuadernos, ni material escolar en general. Y recuerda también algún encuentro con estudiantes de la PN, la escuela privada a la que iban los niños de buenas familias; lo impecables que iban, la cantidad de cosas que tenían… Recuerda que para estos niños, y para sus profesores, parecían primar los resultados, los números impresos sobre el boletín de notas, el prestigio y la reputación. En cambio, la Tropa del Arcoíris no tenía que preocuparse por su reputación porque era prácticamente inexistente…

Si pensamos en la relación habitual que tienen hoy en día los profesores con sus alumnos y, a la vez, la relación que tienen ambos con la educación en sí, veremos mejoras respecto a lo que era antes, pero por otro lado también vislumbraremos un cierto retroceso en otros aspectos. Esta novela nos invita a reflexionar sobre el espíritu humano en la educación y otros ámbitos de la vida y la sociedad. Se la recomiendo a todo aquel que no la conozca, especialmente a quienes se dedican a la docencia, y os animo a participar con vuestros comentarios sobre el modelo de educación actual, y sobre las desigualdades educativas que, en pleno siglo XXI, todavía existen y golpean a quienes tienen menos recursos.

la-tropa-del-arcoc3adris“La suerte, el esfuerzo y el destino son como tres montañas azules que acunan a la humanidad. Estas montañas conspiran entre sí para crear el futuro, y resulta difícil entender cómo obran en conjunción. […] lo que sí sé a ciencia cierta y a partir de mis experiencias en aquella escuela tan humilde es que una vida de esfuerzo es como coger fruta de un cesto con una venda en los ojos: sea cual sea la fruta que acabemos cogiendo, al menos tendremos fruta.”

(Andrea Hirata, La Tropa del Arcoíris)

Otras publicaciones de la misma autora:

Un asalto a la cultura             Palibrio y sus estafas                 ¿Junto o separado?

Corrientes, por Mónica Olivares

Nuestro reflejo descansa en una botella vacía,

se hunde en el mar artificial habitado por balsas rotas,

  los peces piden asilo a la tierra firme,

la espuma burbujea efervescente,

el musgo es como el sudor metálico de las 2pm.

Yo soy el pasajero olvidado,

quizá el que se sube y no paga su boleto.

He olvidado que este viaje comienza porque busco desaparecer,

las aves me observan como si desearan devorarme,

escucho como se quiebran con el viento.

Los que nos perdimos en este mar

damos mensajes con el rostro repleto de ruinas,

el cuerpo traslucido sin miedo al ridículo

bailamos en el encierro de la brisa,

nuestras carcajadas son lo que escuchas

cuando pones un caracol en tu oído

porque el sonido atrapa lo que todos ignoraron alguna vez

y las aguas nos sumergen para redimirnos una noche cualquiera,

nos escupen en la arena, vivimos en todas las costas,

nacemos en cada puerto después de la madrugada sedienta,

y bebemos nuestro aliento hasta que llegan las olas

para despertarnos.

Mónica Olivares. México.

Otras publicaciones de la misma autora:

Habitas luces                          Deshoras                      Amaneceres perpetuos