Mordiendo sueños, por Raúl Ignacio Lario

Llora por mí tormenta larga,
yo ya no tengo lágrimas;
toca la piel de mi ventana,
que tu música llame otra mañana.

Que la noche levantó su falda;
poco falta para la alborada
y mi sangre siento cansada.
Hoy no la he visto, ni siquiera callada.

Del libro Mordiendo sueños

Raúl Ignacio Lario, Argentina.

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Corrientes, por Mónica Olivares

Nuestro reflejo descansa en una botella vacía,

se hunde en el mar artificial habitado por balsas rotas,

  los peces piden asilo a la tierra firme,

la espuma burbujea efervescente,

el musgo es como el sudor metálico de las 2pm.

Yo soy el pasajero olvidado,

quizá el que se sube y no paga su boleto.

He olvidado que este viaje comienza porque busco desaparecer,

las aves me observan como si desearan devorarme,

escucho como se quiebran con el viento.

Los que nos perdimos en este mar

damos mensajes con el rostro repleto de ruinas,

el cuerpo traslucido sin miedo al ridículo

bailamos en el encierro de la brisa,

nuestras carcajadas son lo que escuchas

cuando pones un caracol en tu oído

porque el sonido atrapa lo que todos ignoraron alguna vez

y las aguas nos sumergen para redimirnos una noche cualquiera,

nos escupen en la arena, vivimos en todas las costas,

nacemos en cada puerto después de la madrugada sedienta,

y bebemos nuestro aliento hasta que llegan las olas

para despertarnos.

Mónica Olivares. México.

Otras publicaciones de la misma autora:

Habitas luces                          Deshoras                      Amaneceres perpetuos

Piel azul, por Ángel Gabriel Luz

En una danza constante
con los acordes
de la melodía más hermosa
que Dios creó para ti.

Nuestras almas inmortales
bailan desnudas,
sin cuerpo que nos agobie
con su pesadez.

Solo el azul claro
de la piel de nuestras almas
se confunde con las cálidas
aguas del mar de la eternidad.

Me elevo contigo
y en un abrazo me uno a ti piel-azul
y la esencia de nuestras vidas
nos hace girar y girar.

El amanecer y el atardecer
se hacen uno solo,
el día y la noche también
y todo lo separado vuelve a unirse.

Así como estaba al principio
de la creación,
tú y yo, uno solo somos,
danzando libres sobre las aguas… besos para ti.

Ángel Gabriel Luz. El Salvador.

 

Otras publicaciones del mismo autor:

Tu guardián, tu guerrero             Caminantes en mi alma                Muerde mis sueños

La mirada de la luna, por Shasmine Cianne

¿Por qué iluminas esta ciudad eterna…?
¿Por qué calmas las aguas de esta tormenta?
¿Porque eres blanca y bella
En esta dinastía de falsas estrellas?
¿Qué dices ahora que se iluminan las cenizas
Sobre los oníricos deseos de un poeta?
Es que sin ti la noche se siente incompleta
Y la soledad se acerca con prisa.
Contigo todo parece tener sentido
Y al mismo tiempo ser vano e idílico.
Tus manchas resplandecen sobre las heridas
Y todavía se sienten frías…muy frías…
la-mirada-de-la-luna
Shasmine Cianne, La Frankenstein Cibernética. Argentina.
Otras publicaciones de la misma autora:
Todavía no                  Sahumerio de pasión

Habitas luces, por Mónica Olivares

Habitas luces

Ojalá algún día me pierda en la noche

y olvide los recuerdos,

 libere las esdrújulas que habitan

mis mensajes ocultos cuando tiembla el vacío de mi alma.

Ojalá nadie esté

cuando se apague la lámpara

para que me vaya en paz.

Mónica Olivares. México.

Otras publicaciones de la misma autora:

El niño sin pijama                      Deshoras                  Guardián de lápidas

El niño sin pijama, por Mónica Olivares

EL NIÑO SIN PIJAMA

Soy un infante perdido en un cuento,

maquino insomnios bajo

la sombra que teje el alba.

Soy un día nublado

en el que olvidas tu nombre,

desprendo un aroma fúnebre nostálgico.

Una vereda angosta con espinas

resbaladiza,

quebrada.

Un precipicio incrustado

en la deformidad de tus labios.

Un caminante de pasadizos

con el destierro en mis hombros.

Esta noche soy la línea de una estrofa en blanco que nunca llega a su fin

Y sin embargo

casi nunca logro desvanecerme por completo.

Mónica Olivares. México.

Otras publicaciones de la misma autora:

Diario de un occiso              Demencias peatonales              Secuencias rotas

Deshoras, por Mónica Olivares

Deshoras

A solas en una cama

a destiempo

Suena el silencio

Se arropa y desnuda

Nebuloso y onírico,

Aquí todo es una

Prisión de letras en extinción,

¿Aún tienes pesadillas?

Mónica Olivares. México.

Otras publicaciones de la misma autora:

Guardián de lápidas                            Demencias electrodomésticas                

Quizá la noche llegue antes de ser invocada

¿Y si bailo al compás de tu mirada?, por Katherine León Gómez

¿Y si bailo al compás de tu mirada?

Se marchitó, simplemente se fueron sus cenizas en el viento, y aún preguntas si estoy bien. No puedo creer la complejidad de tu ignorancia.

Si grito a los vientos, si bailo al compás de tu mirada, si lo que te digo es realmente sincero, es lo que quiero que veas cuando me mires, eso es lo que quiero ser para ti; tengo miedo a que me conozcas, tengo miedo de que al caer el sol sepas lo psicópata que soy imaginando fantasías contigo, tengo miedo a que veas mi represión en el cigarrillo de todas las noches al ver que tú estás dedicándole tus suspiros a tu hermosa amada. Solo te pido un favor antes de que partas: mírame a los ojos y enamórate de mí.

y si bailo al compás de tu miradaKatherine León Gómez. Colombia.

Otras publicaciones de la misma autora:

¡Oye!               Pensando en ti            Sus ojos

Como el sol, por Geovanny Soto Sosa

COMO EL SOL

Yo sé que volverás mañana…
Como el sol, sé que volverás mañana…
y calentarás otra vez la casa, mi cuerpo y las almas.
En tu equipaje se escondieron tus risas,
las que me enamoraron, las que adelantaban a
todas las tristezas enraizadas en el
substrato de mi mente,
las que dejabas para velar
el sueño rosa de los niños en su cuarto.
Las paredes de esta casa… de tu casa,
revivían ante tu despertar en cada aurora,
esa energía pura de tu pura existencia esmaltada
de chispas emergiendo, saltando desde tu corazón atizado de amor.
Volverás para acariciar el piso con tus plantas desnudas y blancas,
para compartirle de esa dicha saliendo espontánea,
viva,
resucitadora,
y acallar los lamentos que me entran y llegan
ahora hasta apretar mi cuello.
Tu cama te espera. Tus suaves almohadas y las sábanas
que teñiste con suspiros perfumados a naranja, a fresas,
a placeres de abrazos dulces, de miradas sin pena.
El sol saldrá pronto. Ya es casi la hora.
Y justo en ese momento, vendrás
para decirle al oído
que jamás te fuiste, en verdad, de nuestro lado.

Como el sol

                    Geovanny de Sosa (Geovanny Soto Sosa). Costa Rica.

Otras publicaciones del mismo autor:

Cuento del miedo                    Porque siempre quise conocer la nieve

Noventa días tiene Luz Marina

Bienvenido a la Nada, por Jonathan Haller

LA ERA DE LA NADA
bienvenido a la Nada

2-. Bienvenido a la Nada

Demencial es la ausencia de lo que no fue.
Quietud que borra el significado,
¿anestesiarás mi nervadura en cada luna llena?
(¿Intentas desahogarte otra vez,
usando versos raquíticos que nadie entenderá?
Cede tu lugar ¡y vuelve a tus banalidades!
El oscuro pigmento, hastiado está de tus melancolías).

Catarsis de impreso quebrado,
un entrometido ente caza mis letras.
¿Por qué la quimera consiguió propia identidad?
Desearía abrigarme con el miedo,
pero el limbo del negado sentimiento me lo impide…
(Cargarás con una inservible reacción, niño sin hogar.
Jamás vi un cero positivo o negativo.
¿Acaso quieres ser el primero en vestirse con un símbolo más).

¡Cállate! (Idiota, no puedes silenciar al silencio mismo).
Puedo destruir la página;
sólo existes entre las palabras escritas.
(¿Cómo sobrevivirás sin la ayuda de mi discordancia?
Somos similares:
frágiles como la hoja hostigada por este soliloquio.
¡Vamos, quema el papel!
Te reto a eliminar tu debilidad revelada).
Si procedo, algo en mí también se irá.

Bienvenido a la nada;
discuto con mi rabia.
¿Quién es real?
¿El clamor del desesperado
o el eco perverso de la cacofonía?
A partir de su arribo yo soy ajeno.
Me desconozco, me odio.

La gravedad del error sigue acechándome.
El regreso y el predestinado mañana
preparan su recibimiento incomparable.
(Confesarte amortiguó tu caída,
no obstante, ha sonado la campana:
debes enfrentar tu espiral.
Nómbrame; sabes lo inverosímil que resulta ignorar
la resonancia interna de este anticristo rufián).

No necesito hacerlo…
Eres la misma nada y así te llamaré.
(Soy paciente; en cuestión de días serás tan mudo
como un idioma cimentado por doble us).

México. Carlos Ivan Alvarado Ruiz. (Jonathan Haller)