Textos solidarios

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Probablemente muchos de vosotros ya conoceréis este proyecto, pero quiero compartirlo igualmente, por si acaso hay aún algún despistado como yo, que me enteré hace muy poquito, aunque justo a tiempo.

Este proyecto solidario consiste en la publicación de un libro con poesías, relatos, cuentos, ilustraciones y fotografías de carácter social, cuyos autores cederán a modo de colaboración. Todos los ingresos que se obtengan de su venta serán destinados a Médicos sin Fronteras.

Sé que es un poco tarde, pero el plazo para enviar un granito de arena está abierto hasta el día 31. Puede que ya no os dé tiempo a crear nada, pero tal vez alguien tenga algo terminado que pueda encajar con la idea de los textos solidarios y, si no, siempre será bienvenido un gesto que ayude a la promoción de este proyecto. Además, una vez recibidas todas las colaboraciones, también será necesaria una labor de maquetación, corrección, etc., y puede ser otra forma muy importante de colaborar.

En el blog Scripto podéis consultar las bases generales para participar, así como otra información útil e interesante sobre este libro en ciernes, que llevará el título El mundo en tus manos.

El despertar de Astro, por Andrea Nunes

El interior de un huevo es un lugar agradable, cómodo, seguro. Un calor húmedo envuelve a la tierna criatura que crece en su interior. Una criatura inocente que duerme plácidamente. Su conciencia aún no existe. Sus emociones aún no se han manifestado. Pero su ser está ahí, arropado, latente, en armonía con el minúsculo espacio que supone su universo, ajeno por el momento al mundo exterior. Haciéndose fuerte. Preparándose para romper el cascarón.

Es un sueño recurrente, desde la infancia; ni siquiera puede recordar la primera vez que lo tuvo. Pero en los últimos años se ha vuelto más pertinaz, más real. Tiene la sensación de que no es solo un sueño. Empieza a sentir que lo que sea que lleva incubando toda su vida, está a punto de abandonar las quimeras. A veces siente curiosidad. ¿Qué criatura será esta? ¿Llegará a verla alguna vez? ¿Podrá salir del huevo? Otras veces, la curiosidad conduce a la ansiedad, a la necesidad de saberlo de una vez por todas. ¿Y si realmente significa algo? ¿Debería reaccionar? ¿Ayudar a romper el cascarón? ¿Cómo? Cree recordar que cuando era niña, observaba el huevo desde fuera. Cerca de la adolescencia, la perspectiva cambió, empezó a sentir que estaba dentro del huevo. Ese sueño era más raro, porque no veía nada, solo oscuridad… Y aún así lo sabía, sabía perfectamente que estaba dentro del huevo. Y qué agradable resultaba despertarse por la mañana tras haber dormido en su interior. ¿Y ahora? Ahora es una mujer adulta y sigue soñando lo mismo una y otra vez… La sensación es cada vez más fuerte, y se levanta en conflicto cada mañana. En conflicto porque sigue adorando la comodidad de su descanso en el huevo, y al mismo tiempo siente que ha llegado la hora de abandonarlo. ¿Pero cómo salir de ahí? Y si lo consigue… ¿Lo echará mucho de menos? ¿Habrá vuelta atrás? Qué estupidez… ¿Cómo va uno a volver a su huevo tras haber roto el cascarón? De todas formas no es más que un sueño… ¿Por qué darle tantas vueltas a algo que no es real?

Hace unos años, hizo lo que nunca antes había hecho. Compartió su secreto, le habló a su marido del misterioso huevo. ¿Por qué no iba a hacerlo? Es la persona a la que ama, la persona en la que más confía. Y qué decepción. No le concedió la más mínima importancia, no lo entendió. Así que siguió guardándoselo para ella.
Es este el pensamiento que ronda su cabeza esta mañana al despertar. ¿Qué habría pasado si él lo hubiera entendido, si le hubiera dado la importancia que tiene para ella? Tal vez podrían haber discutido el tema en profundidad. Tal vez ahora podría explicarle cómo se siente. Podría decirle que cree que debería hacer algo por cambiar la situación del huevo. Podría hacerle entender que hay una sombra desconocida en su interior, que se está transformando. Tal vez él podría ser de gran ayuda. Al fin y al cabo, es un hombre muy inteligente. Se da la vuelta en la cama y le abraza por la espalda. Él aún duerme. Pega la nariz a su nuca y aspira su aroma. Es posible que no siempre se entiendan el uno al otro, es cierto, pero se quieren con locura.

Ella es una mujer muy afortunada. Vive en un hermoso palacio en las montañas coronadas de nieve. El espectáculo que contempla desde su balcón a diario es embriagador. La inmensidad del paisaje roba el aliento. En invierno las cumbres son blancas; en primavera, también, pues al derretirse la nieve con los primeros rayos de sol cálido, comienzan a florecer los blancos almendros. En verano, en cambio, se mudan a su castillo junto al mar. No es menos bello este paisaje estival, pues la grandeza del océano es tan profunda como la de las montañas. El ruido cercano de las olas calma su espíritu, los paseos por la playa avivan sus sentidos, los reflejos dorados del sol sobre el agua del atardecer aceleran su corazón. Cuando contempla el mundo desde su balcón, ya sea en la montaña o en el mar, siente deseos de saltar para volar adonde le lleve el viento. Le gusta observar a los pájaros, imaginar que es uno de ellos.

La mayor alegría de su vida, lo que le sirve de roca y sustento cuando se siente bloqueada, es su marido. El suyo no es un matrimonio de conveniencia, ellos se casaron por amor. Es el mayor regalo que ha podido ofrecerle la vida, pues ¿cuántos reyes y reinas pueden decir eso? No es solo la mujer más afortunada de Arbelok, ni la más feliz. Probablemente trasciende más allá de eso.

El matrimonio concertado no atañe exclusivamente a la realeza. Es un mal que aqueja a toda la alta sociedad de Arbelok. Únicamente los pobres se casan por amor, y a veces ni ellos. Qué triste le resulta pensar en la falta de amor que hay en el mundo. Si la gente se dejara llevar por su corazón en lugar de tratar de hacer siempre lo más conveniente, lo más complaciente, lo que se espera que deben hacer… El mundo sería un lugar infinitamente mejor, podrían vivir todos en paz. Pero la gente en general no es dada a escuchar a su corazón tanto como a la razón que dicta la sociedad, y ni siquiera una reina tan poderosa como ella puede cambiar eso. Ha de dedicarse a asuntos más mundanos. Trabaja duro por el bien de su pueblo, es la mano derecha de su marido, una figura esencial en la economía del reino. Jamás tiene tiempo para aburrirse, lo cual no significa que se divierta. Pero sí tiene tiempo para pensar, para meditar sobre la belleza de todo lo que le rodea. Ella sí es dada a escuchar a su corazón, al menos de vez en cuando. Ella es rara según la percepción de los demás. Especialmente rara para ser reina. Y además sueña con huevos que han de romperse.

Decide que es hora de levantarse. El rey siempre duerme hasta más tarde. Antes le gustaba quedarse abrazada a él por las mañanas, hasta que al fin despertaba. Pero hace casi dos años que ha dejado de hacerlo. No se ha planteado nunca la razón, aunque probablemente ha decidido sin ser consciente que prefiere disfrutar de la belleza matinal en lugar de quedarse en la cama. Sale a desayunar al jardín si hace buen tiempo, y si no, le gusta comer algo junto a la chimenea. Luego puede permitirse un pequeño paseo, se sienta a pensar en sus cosas junto a la fuente. El sonido del agua que cae es siempre bien recibido, ayuda a empezar bien el día. Admira lo que tiene a su alcance, lo agradece. Después empieza su jornada de trabajo, excepto si es domingo, como hoy. Los domingos alarga su paseo, se adentra en los bosques reales. Se sienta junto al río en lugar de junto a la fuente. Siempre está sola, siempre lo disfruta.
Hoy, en cambio, su paseo le reserva una pequeña sorpresa. Se acomoda en la misma roca de siempre. Contempla su reflejo en las mansas aguas del recodo. Sus cabellos dorados le devuelven un destello. Es curioso, le sorprende su imagen. No se ve igual que siempre. No se ve igual que esta misma mañana en el espejo de su tocador. Sus ojos verde oliva le devuelven una mirada que no parece suya. Su propio reflejo le desafía desde el agua.

De pronto siente movimiento a sus espaldas. Se le eriza el vello de la nuca. No se atreve a volverse, sigue observando el río. En efecto, advierte un reflejo en el agua, hay alguien detrás de ella. O algo… Una figura alada… ¿Quién? ¿Qué? ¿Un ángel? No… los ángeles no visten de verde, ¿o sí? ¿Un hada tal vez? La figura se acerca más, es una mujer. Pero una mujer con alas. Está prácticamente a su altura. Se inclina sobre ella. Su melena oscura le cae por un hombro, se mezcla con los cabellos rubios de ella, siente su cosquilleo. Ve su rostro junto al suyo, pero no es capaz de mover un músculo, se ha quedado catatónica.

―Abre los ojos, Astro… ―el hada le susurra al oído. Ha de ser un hada, ¿no?

Al fin, reacciona. Da un respingo. Se gira. Pero está sola. El hada ha desaparecido. ¿Cómo es posible? ¿Estaba ahí de verdad? ¿Se lo ha imaginado? No puede ser… Se levanta, mira alrededor, la busca. Nada. Un miedo irracional empieza a expandirse por su cuerpo. Como cuando tiras una piedra al río. Es solo una onda pequeña. Una onda pequeña que crece, da lugar a otra más grande, y en un instante el pánico se apodera de ella. Y corre. Corre como nunca. Regresa al palacio, huyendo de una desesperación asfixiante que le pisa los talones, depredadora, y no se detiene hasta llegar a la fuente del jardín. Toma aire. Trata de tranquilizarse. ¿Qué ha pasado? ¿Por qué tiene tanto miedo? ¿A qué vienen esas ganas de llorar? De repente todo lo que le rodea le parece inquietante, amenazante.

Los lacayos cruzan el otro extremo del jardín tirando de las correas de los perros. Están preparando la partida de caza dominical. El príncipe también está ahí, esperando a que le traigan sus armas y su caballo. Y ella, sin saber por qué, se siente incómoda. De pronto le molesta la partida de caza, le irritan los ladridos de los perros, le irrita el príncipe. ¿Por qué? Es cierto que el príncipe es hijo de la primera esposa del rey, pero prácticamente lo ha criado ella, ha ejercido de madre, sin duda le quiere con toda la ternura de su corazón. La respuesta llega. No quiere que la vea turbada, ella siempre es fuerte, impasible. Le aterroriza que alguien intuya lo que le sucede. Aparta esa idea de su mente, suaviza sus pensamientos, sus emociones. Lo consigue. Decide que es hora de volver al trabajo, como si no hubiese pasado nada.

Ella ya no es la misma. Lo sabe. Pero ¿cuál es el motivo? ¿Qué ha cambiado tan repentinamente? Es más, ¿de verdad ha cambiado algo repentinamente? ¿O ha estado siempre ahí y es ahora cuando lo ve? Al sentir el contacto de esa criatura mágica en el bosque ha experimentado muchas cosas… No ha sido solo lo que ha dicho. La ha escuchado, sin acabar de comprender, pero también la ha sentido. Ha sentido una oleada de amor que no puede explicar. Un amor que no ha percibido nunca antes de tal manera. Le asusta sentir, le asusta pensar… Le duele… ¿Es por sí misma por quien está sintiendo amor? ¿Acaso no se ha querido siempre? Pasan los días, y ya no duerme igual que antes. Sigue soñando con el huevo, no hay ninguna novedad, sigue siendo feliz mientras sueña, pero despierta llena de angustia y pesadumbre. Y no alcanza a dormir más de tres o cuatro horas seguidas. Se desvela todas las noches. Por las mañanas vuelve al bosque siempre que puede, con la esperanza de reencontrarse con su hada… Y su hada ya no está. Sufre una inmensa sensación de pérdida, y piensa… ¿Cómo se puede lamentar la pérdida de algo que nunca se ha tenido?
La gente a su alrededor nota que algo le sucede. Su hermosa reina tiene ojeras, ¿qué será lo que tanto le preocupa?

Le preocupa no ser nunca plenamente feliz, aunque eso ella aún no lo sabe.

Al cabo de varias semanas el insomnio es insoportable. Despierta una vez más, empapada en sudor, en mitad de la noche. Ya no puede más. Se levanta, el rey sigue durmiendo serenamente. Claro… Trabaja mucho, está cansado. No es su culpa no poder estar ahí cuando ella despierta. No le responsabiliza.

Sale del palacio, se dirige a la fuente del jardín. Tal vez podría volver al bosque… No, descarta la idea, está demasiado oscuro. Se sienta en el suelo, acaricia la hierba recién cortada. Está un poco húmeda, pero es agradable, huele bien. Cierra los ojos, escucha el borboteo de la fuente. Está empezando a relajarse cuando súbitamente se acelera su ritmo cardíaco, se le eriza el vello de los brazos, un cosquilleo en la nuca. Está aquí. Su hada. Toma aire. Abre los ojos.
Se la encuentra frente a frente. Una mirada oscura y llena de luz al mismo tiempo. Ojos negros que brillan bajo la luna. Sonrisa traviesa. Rostro infantil. Olor a primavera.
―Te he estado esperando ―dice ella. El hada asiente.

―Lo sé, yo a ti también, pero aún no estabas preparada.

―¿Preparada para qué?

―Para tu viaje.

―… No entiendo…

―Nos vamos de viaje.

―¿Adónde?
―Al lugar donde se forjan los sueños.

―…
―Sshh… No pienses más, estás agotada…

El hada le pasa la palma de la mano sobre los ojos, ella los cierra. Suspira… Es verdad que está agotada, no puede consigo misma, le pesa el cuerpo… se deja caer entre los brazos de su ninfa, se siente segura, se siente feliz. Por fin duerme.

Está envuelta en el cálido manto de la oscuridad. A solas consigo misma. Qué placer esa deliciosa sensación del despertar. Tiene la necesidad de estirarse, pero no puede. No hay espacio. Quiere abrir los ojos pero tampoco es capaz… Es como si los tuviera pegados.
―Astro, estoy aquí… ―es la voz dulce del hada, pero llega amortiguada al otro lado de la pared― ¿Por qué no vienes conmigo?

¿Por qué no? El impulso es intenso, ha de seguirlo. Hace un esfuerzo colosal, levanta la cabeza, presiona contra la pared ovalada. Estira los brazos, la araña. Es dueña de una fuerza extraordinaria que no sabe de dónde sale, la pared ya no parece tan sólida. Se descascarilla. Logra abrir una pequeña grieta y entra un rayo de luz pálida. Lo nota a pesar de tener los ojos cerrados, percibe más claridad a través de sus párpados. Se envalentona, se afana más en su tarea. Está entrando aire nuevo, aire fresco. Al fin puede llenar los pulmones… ¿Cómo no se había percatado antes? ¿No era consciente de que se ahogaba? Se marea un poco, tal vez por el esfuerzo; tal vez por la embriaguez de aire y luz, por la vida que se filtra a través de la grieta, que gotea… Quiere bebérsela a chorros. El cascarón se rompe lo suficiente para poder sacar la cabeza… Lo está consiguiendo, está saliendo del huevo. Y qué torpe se siente. No logra abrir los ojos. ¿Dónde está su hada?

―¡Ayúdame a salir!

Pero no obtiene respuestas. Sigue esforzándose. Qué cansancio… El huevo vuelca, cae de lado, y con una última sacudida se arrastra al exterior. Se hace un ovillo en el suelo, necesita recuperar energía.

―¿Ves como no necesitabas mi ayuda?

El hada se arrodilla a su lado, la coge en su regazo. Nota su propio peso contra el cuerpo delicado y suave de ella. Se siente pequeña en sus brazos y grande al mismo tiempo. ¿Qué tamaño tiene el hada? Se ve a sí misma como un bebé, pero advierte que ella hace un esfuerzo por sostenerla. ¿Pesará mucho? La lleva al río, se sumergen juntas en el agua. El hada le limpia la cara.

―Ya puedes abrir los ojos, pequeña.

Y lo hace, al fin. La luz es clara, como cuando amanece, pero aún ciega un poco. Mira a su hada, su silueta a contraluz se ve un poco difuminada, le cuesta enfocar la vista; percibe que sonríe. Y sí, su hada es pequeña y delicada, pero ella tampoco es muy grande.
―Bienvenida a la vida, Astro.

―¿Por qué me llamas Astro?

―Porque ese es tu nombre.

―No… Yo me llamo… Vaya… No lo recuerdo…

―Es porque ya no importa el nombre que te hayan dado antes. Tú eres Astro, ese es tu verdadero nombre, el que te pertenece. Astro baja la vista, pensativa. Es entonces cuando toma consciencia por vez primera de su propio cuerpo. De su condición. Se asusta.
Su piel está cubierta de escamas amarillentas. Se le antoja horrible. Sus finas manos se han convertido en garras monstruosas, pequeñas y espantosas. Teme herir al hada, trata de zafarse. Sacude la cola… ¿La cola? Quiere gritar pero lo que hace es rugir. El hada da un brinco, la deja caer al agua. No tiene miedo, pero es cauta. Se aleja, deja que Astro vuelva a la orilla por su cuenta, aunque le cuesta un poco, aún está débil.
Astro se deja caer sobre las piedras y llora. Llora aterrorizada.

―Pero, ¿qué te pasa, dragoncito?

―¿Es esto lo que soy en realidad? ¿Es esto lo que llevo tanto tiempo esperando? Tal vez no debería haber roto el cascarón, quisiera volver atrás, ¿dónde está mi huevo?
―Astro, el huevo sigue ahí… Puedes volver a él, pero está roto, ya nunca podrás cerrarlo.
Ella no puede detener su llanto. No puede ser… No puede ser…

―Pero… ―el hada insiste―, ¿es que acaso no te gusta lo que ves? Eres una criatura hermosa y noble. Eres única, ¡no existe otra igual! Eres Astro, el Astro Rey que brilla en el cielo, que da calor al mundo e ilumina la vida.

Ella tiene sus dudas. No puede verse con los ojos del hada, aún no. Todavía no ha roto ese vínculo vital que hace que siga sintiéndose reina, ¿cómo va a sentirse dragón?
Se deja conducir por el hada hasta una cueva, mansa, casi inconsciente. Se deja alimentar. Duerme…

 

En el palacio hay un gran revuelo. Por la mañana han encontrado a la reina desmayada en los jardines. La han llevado a su habitación, el rey ha estado a su lado, le ha hablado con amor. Médicos de todo el reino han ido a verla, pero ella no despierta. Pasan los días y no se mueve. Nadie entiende su enfermedad. Nadie sabe qué remedio aplicar. Al fin, deciden llamar a las brujas chamanas de los bosques del sur. Dicen que es su corazón lo que está dañado, su alma está enferma, y nadie puede curar eso, salvo ella. Tan solo la reina inconsciente puede sanarse a sí misma. ¿Y cómo? Nadie conoce la respuesta. El rey las echa de palacio, furioso. Eran su último recurso…

Astro despierta de nuevo. No sabe cuánto tiempo lleva durmiendo, pero se siente más fuerte. Decide salir al exterior, abandonar la cueva. ¿Dónde estará el hada? Ah… Ahí está, sentada junto al río. Parece más pequeña. ¿O es ella la que ha crecido? Se acerca, llega a su altura. Definitivamente es ella la que ha crecido, todo a su alrededor es más pequeño. Recuerda que el hada la llevó en brazos cuando salió del huevo. Ahora sería imposible, son prácticamente del mismo tamaño, y un dragón ha de pesar más que un hada. Y… ¿qué es eso que siente en su espalda? Contempla su reflejo en el agua. Son alas. ¿Podrá volar?

―¿Dónde estamos?

―Donde se forjan los sueños, ya te lo he dicho.

―¿Y qué hacemos aquí?

―No lo sé… Yo estoy aquí desde hace mucho.

―Pero me visitaste en el bosque, en Arbelok. 

―Porque viajo continuamente entre ambos mundos.

―¿Por qué?

―¿Y por qué no?

Astro replantea su pregunta.

―¿Para qué?

―¿Es que todo en esta vida ha de tener una explicación práctica para ti?
―… No, todo no… Pero… Necesito entender.

―Bueno… Si lo ves así, entonces vengo aquí porque quiero y punto. Porque lo disfruto, porque me gusta soñar. Puede que lo necesite. Los sueños son una parte esencial en el mundo interior de cada uno, ¿sabes? Son la piedra angular de nuestro corazón.
―¿Estamos soñando, entonces?

―Es posible. Pero eso no significa que no sea real.

―Pero si estamos soñando, ¿podemos hacer lo que queramos?

―Claro. ¿Qué quieres hacer?

―… Mmm… Quiero volar. 

El hada se mira las alas por encima del hombro. Las hace titilar. Se muerde el labio. Sonrisa pícara.

―Con eso puedo ayudarte.


Suben a la cima de la colina, y serpentean hasta llegar al borde del desfiladero. El paisaje es sublime, solo para ellas. El horizonte se extiende a sus pies, el aire huele a amanecer.

El hada sacude las alas, se eleva en el aire y se aleja un poco. Se detiene a esperar al dragón, con sus ojos sonrientes le invita a que salte. Y eso hace. Salta, la fuerza del aire al caer le corta la respiración. Euforia y pavor van de la mano con ella.
―¡Extiende tus alas, Astro!

Astro confía en ella, hace lo que le dice. Descubre con sorpresa y entusiasmo lo fácil que resulta. Puede planear. El hada revolotea a su lado.
―¿Y ahora, a dónde vamos, pequeña ninfa?

―Adonde nos lleve el viento.


Astro está cambiando. Observa sus escamas al sol. Tienen un brillo majestuoso. Son doradas. No tienen nada de horrible. Su cuerpo no es monstruoso, es poderoso. Puede ser la bestia más temible de todas, ha aprendido a escupir fuego por sus fauces. Pero también puede ser una criatura amable y benévola. Su corazón ha crecido, está lleno de amor. Se trata de encontrar el equilibrio. Ha de hallar su felicidad en armonía con el mundo. Y está muy cerca. Jamás había sentido la vida de tal modo.

―Creo que ya entiendo por qué hemos venido aquí.

―¿Por qué, dragoncito?

―Tenía que encontrarme a mí misma. Tenía que despertar de mi letargo.

―¿Y te has encontrado ya?

―Estoy en ello… Estoy viendo el mundo como realmente es. Me estoy viendo a mí misma como realmente soy. Creo que no acababa de gustarme, pero estoy empezando a aceptarme.

―¿Y por qué no te gustabas? ¡Eres un dragón dorado! El ser más espléndido que encontraré nunca.

―No me gustaba del todo, porque me sentía diferente.

―¿Diferente?
―Diferente a los demás.

―¿Y qué tiene eso de malo? ¡Qué lugar tan aburrido sería el mundo si todos fuéramos iguales!
―Tienes razón… Ahora lo sé. Pero también me doy cuenta de otras cosas que me hacen sentir muy triste.

―¿Qué cosas son esas?

―Veo que a pesar de tener todo lo que necesito, una vida cómoda, todos los caprichos del mundo a mi alcance y un marido que me adora… No me siento feliz, no me siento plena. He nacido destinada a ser reina, pero no es ese mi sueño. Amo a mi marido, pero no del mismo modo que antes. Ese amor se ha ido transformando con los años, y no he podido reconocerlo antes. Le admiro, le respeto y le quiero, mi corazón se llena de ternura al pensar en él. Quiero que sea siempre feliz, que sonría y que tenga una vida próspera. Pero desde que estoy aquí, no le he echado de menos… Pienso mucho en él, y aún así me sorprende descubrir que no le necesito. No siento deseos de volver a su lado, tan solo quiero quedarme aquí contigo.

―Pero Astro… Sabes que no podemos quedarnos aquí para siempre, ¿verdad?
―¿Por qué no? ―Astro parece contrariada, decepcionada.

―En algún momento tendremos que volver al mundo real.

―Pero tú dijiste que esto era real.

―Y lo es. Pero hemos de enfrentarnos a la otra realidad, nos está esperando. Si no lo hacemos, correremos el riesgo de perdernos a nosotras mismas, en lugar de encontrarnos, y todo esto habrá sido en vano.

―Pero tengo miedo…

―No lo tengas. No estarás sola. Yo te acompañaré, estaré siempre cerca para ti.
Astro suspira. No sabe qué haría si no tuviera a su hada. Tampoco sabe que su hada también la necesita a ella.

―¿De dónde has salido tú, pequeña ninfa?

―Qué preguntas más raras haces, dragoncito… ¿Qué quieres decir?

―Es como si alguien te hubiera enviado para ayudarme. Te necesitaba para despertar… ¿Por qué te has cruzado en mi camino?

―Es curioso que digas eso… ¿No has pensado que tal vez eres tú quién se ha cruzado en el mío?

―¿Yo? ¿Qué tengo yo que ofrecerte a ti?

―Tú también me estás ayudando… ¿No te parece curioso ver a un hada vagando sola por el mundo?

―Puede…
―Las hadas crean vida… No florecerían los campos si no fuera por nosotras, no se cubrirían las montañas de nieve ni los bosques se tornarían dorados en otoño. No escucharías la melodía del río al discurrir entre las piedras ni verías cómo el cielo se tiñe de púrpura al anochecer. No disfrutarías de la belleza del universo si las hadas no estuvieran ahí. Pero las hadas necesitan ser felices para crear, necesitan sentirse plenas, ser fuertes y no dudar de sí mismas. Necesitan estar llenas de amor, o de lo contrario se marchitan como una flor que no ve nunca el sol. Yo llevaba mucho tiempo durmiendo, Astro, casi me marchito, pero tú me has devuelto la vida, y si tengo vida para mí, tengo vida para los demás. Puedo volver a ser yo. Abandoné mi nido en busca de mí misma, y resulta que para encontrarme, primero he tenido que encontrarte a ti.
Una lágrima resbala por la mejilla del dragón. Es como oro líquido. Sus ojos húmedos cambian de color bajo la luz clara, se vuelven verdes, gotitas de miel salpican el iris.
―En ese caso, parece que nos hemos encontrado mutuamente, nuestros caminos no se han cruzado por azar.

―No existe tal cosa como el azar, pequeña. Yo vagaba perdida por el bosque, como de costumbre, cuando te vi. Hacía tiempo que ya no vivía con las otras hadas, pues las hadas no pueden vivir juntas si no es en armonía, y yo no sentía armonía en mi corazón. Me sentía sola aun estando acompañada. Era incapaz de crear nada, la magia me había abandonado, o yo la había abandonado a ella. Pero cuando te vi… no sé muy bien qué sucedió pero activaste algo en mi interior. Una flor se abrió a mis pies y supe que debía estar cerca de ti. Guardabas tanto amor en tu interior, tenías tal necesidad de compartirlo…  Te observé durante largo rato, hasta que al fin pude reconocerte. Es un don que tenemos las hadas, ¿sabes? Conocemos el nombre genuino de las cosas, de los  elementos, de todo… y entonces vi que no eras una persona normal y corriente, sino Astro, nada más y nada menos. Por eso me acerqué a ti, porque pude ver lo que había en tu corazón, pude palpar tus sueños.

Duermen bajo las estrellas, el hada acurrucada bajo el ala del dragón, con los latidos de su corazón inmenso, que resuenan como una canción de cuna escrita para ella.

 

La reina abre los ojos. El calor insoportable es lo que la hace despertar, está empapada en sudor. Y sin embargo, la nieve cae en el exterior, los copos se deshacen contra su ventana, los cristales están empañados. Ya no es el cielo lo que ve, sino el techo abovedado de su dormitorio.

El rey está a su lado y en lugar de aliviarse, siente que se ahoga. Él levanta la vista, se le llenan los ojos de lágrimas al ver que ella ha vuelto en sí.

―Mi amor…

La abraza, la llena de besos. Ella rompe a llorar. Él le hace preguntas que no alcanza a comprender, quiere saber qué ha pasado, cómo se siente. Ella no es capaz de contestar, tan solo llora.

Pasa varias horas en silencio; los demás le hablan. El príncipe también la visita. Le dicen que ha dormido durante dos meses. ¿Tanto tiempo ha pasado? En su mundo interior, con su hada, parecía mucho menos. Ha sucedido todo muy deprisa. Incluso le ha sabido a poco. Se da cuenta de que ya no quiere estar ahí. Ya no pertenece a su palacio, ya no le pertenece a su rey. Su corazón es libre, y se le parte el alma. ¿Por qué? Porque aún no se ha liberado del todo, su razón aún está bien amarrada a la vida real, a sus asuntos mundanos, al amor que ha recibido del hombre con quien ha compartido los últimos diez años, con quien esperaba envejecer. No es algo tan simple de asimilar. ¿Cómo deshacer los nudos? ¿Cómo cortar las cuerdas?

Con el transcurso de los días, el peso es cada vez mayor. Su hada la visita en sueños, cuando es capaz de dormir. El miedo y la culpa son lo que ocupa la mayor parte del tiempo. Quiere ser libre, quiere ver el mundo, quiere cumplir sus sueños. Quiere sentir la vida y el amor como solo lo ha sentido siendo dragón. Pero para ello ha de romper los vínculos que aún la retienen, que la limitan, que le cortan las alas. ¿De verdad será feliz si sigue sus impulsos?

―¿Por qué te cuesta tanto?

―Porque… Porque tengo miedo a dejar la única vida que conozco. Tengo miedo de irme y no poder volver. Me aterra romperle el corazón a mi rey y que sea irreparable.
―Nada es irreparable…

―Pero él me ama con todo su corazón.

―Por supuesto que te ama, pero… ¿Le amas tú a él?

―Sí… Pero nos amamos de modos diferentes. No le amo como le amaba antes. Y él tampoco me ama a mí como yo necesito que me ame.

―Hay una gran diferencia entre la intensidad y el modo, mi reina. A veces con quererse mucho no es suficiente.

―Lo sé… Pero es difícil…

―Escucha… Has de hacer lo que tú sientas que debes hacer. Has de estar muy convencida para dar el salto. Pero también has de pensar en ti, en lo que tú quieres, en lo que necesitas, y ser consciente de que aquí no eres imprescindible. Se apañarán sin ti. El príncipe ya es un hombre, puede ayudar a su padre, pronto se casará y le dará nietos que llenarán sus vidas de alegría y de amor. Ellos no te deben nada, ni les debes nada tú a ellos. Has de desechar la culpabilidad.

―¿Y a ti? Tú me has ayudado a darme cuenta de lo que siento, a abrir mi corazón. Me has hecho ver que cuando imagino la vida que me gustaría vivir, es diferente a la vida que realmente vivo. Me has hecho ver que no quiero estar entre las paredes del palacio, que quiero ser libre. Siento que mi misión en el mundo no es la de ser reina. No sé aún cuál es, pero estoy segura de que la respuesta llegará cuando me libere. Quisiera… Quisiera… Viajar, ver el mundo entero, otros modos de vivir, y ayudar a la gente que encuentre en mi camino como tú me has ayudado a mí. Sigo sin saber cómo, pero quisiera hacer del mundo un lugar mejor, y siento que aquí, llevando la vida que llevo, no puedo hacerlo, no puedo realizarme del todo. Y nada de esto se habría materializado nunca de no ser por ti.

―¿Y por eso crees que me debes algo? ¿Por qué? Tú también me has ayudado, gracias a ti soy yo otra vez, gracias a ti he podido encontrarme de nuevo, crecer, y volar libre aportando gracia y belleza al mundo. Sería maravilloso continuar ayudándonos, recorriendo juntas nuestro camino. Pero para ello hemos de elegir el mismo camino ¿sabes? Y si eliges uno diferente, yo partiré sin deberte nada y sin que tú me debas nada a mí. Porque ya nos hemos ayudado a dar los primeros pasos, estaremos en paz.
―Pero… Me da miedo perderte.

―Mi reina, no es eso lo que has de temer porque yo nunca desapareceré del todo. También tienes miedo de perder la comodidad de la vida que ya conoces. Tienes miedo de ser libre y de vivir como siempre has querido. Lo que tiene que preocuparte en realidad es perderte a ti misma. Soluciona eso y sabrás qué camino debes tomar.

 

Ella piensa… Piensa demasiado. Qué hacer si decide irse, qué hacer si decide quedarse. La segunda opción es fácil, no tendría que hacer nada más que seguir viviendo su vida como hasta entonces, envuelta en una felicidad amortiguada, un tanto engañosa, disfrutando de los pequeños detalles del día a día, sabiendo lo que le depara el mañana, alargando el tiempo mientras las semanas transcurren, sin sobresaltos, siendo complaciente, agradando a los demás. Pero, ¿y si se va? Ahí hay más incertidumbre, más que arriesgar, tal vez más que perder… Y sin duda, también hay más que ganar, mucho más. ¿Qué haría entonces con su vida? Podría… Tal vez podría buscar un lugar donde reencontrarse consigo misma, tal vez podría empezar algo, levantar un templo, o una escuela… ¿Una escuela donde las personas aprendieran a escuchar a su corazón, a ser libres y felices? Qué locura… Nunca ha oído nada parecido… Y aún así, ¿por qué no? Primero tendría que trabajarse un poco más a sí misma, aunque… Podría dedicarse a eso, es una idea peculiar, sí, pero le haría muy feliz.
El rey entra en el dormitorio, interrumpe sus cavilaciones.

―Qué día tan largo ―dice él mientras se desviste para meterse en la cama―. Estoy agotado.
Ella le mira. En otros tiempos intentaba charlar un rato con él antes de dormir, se abrazaban, aunque normalmente él estaba tan cansado que ella tenía que hacer un esfuerzo por atraer su atención. Ahora ya no le apetece hacer ese esfuerzo. Ha decidido que no es justo esforzase tanto para ser feliz, que debería ser mucho más sencillo. Más aún, no es justo buscar la felicidad en otras personas, en elementos exteriores a uno mismo. Ha aprendido que para ser feliz ha de ser libre, ha de seguir su corazón, y no ha de cargar a nadie más con esa responsabilidad.

Mira hacia el exterior, el balcón está abierto, entra la brisa nocturna de la primavera. ¿Tanto tiempo ha pasado ya desde que despertó el dragón? El invierno ha terminado sin que se dé cuenta. Qué bien huele la noche…

―Mi amor, he de decirte algo ―hace una pausa. Él no comenta nada―.  Te quiero, y sé que tú me quieres… Precisamente por eso debes entenderme… Ya no pertenezco a este lugar.

―¿Qué quieres decir?

―No soy feliz aquí. Y quiero ser feliz, ¿sabes? Quiero vivir una vida que me satisfaga.
―¿A qué viene eso ahora? ¿Cómo que no eres feliz?

―No es culpa tuya. Tú me has dado mucho amor, lo has hecho lo mejor que has sabido, pero no basta. Necesito algo más y tú no puedes dármelo, por eso debes dejarme ir, debes dejar que sea libre y encuentre mi propio camino.

―Pero… No entiendo… ¿Me abandonas?

―No lo veas así. No te dejo a ti, dejo toda esta vida que tengo aquí. Me voy.
―¿A dónde te vas?

―No lo sé. Simplemente me voy. No te estoy abandonando, me estoy despidiendo. Tú solo has de seguir haciendo lo que te hace feliz, busca tú también tu propio camino, continúa con tu vida. Porque tu vida y la mía ya no son una sola, debemos separarnos ahora y seguir caminos diferentes. Hemos recorrido ya mucho juntos, hemos sido felices, y ahora hemos llegado a un punto en el que necesitamos cosas distintas. Ya no podemos seguir creciendo de la mano.

El rey llora… Ella nunca le ha visto llorar así. Se contagia de su pena, de su dolor. Se abrazan, lloran juntos. Nadie había dicho que para ser feliz no hubiera que sufrir un poco antes. Pero merece la pena, no hay duda. Será recompensando.

Al cabo de un rato se separan. Se limpian las lágrimas el uno al otro. Ella le besa la frente.
―Sé feliz, mi amor. Piensa que yo también lo seré y no te preocupes por mí. Recuerda los momentos hermosos que hemos vivido juntos y no me guardes rencor. Limpia tu corazón.
Él aún está confuso, le llevará un tiempo reponerse, aceptar lo sucedido. Tal vez nunca llegue a entenderlo, pero se repondrá. No contesta. Solamente la mira mientras ella sale al balcón. Y sin saber si está soñando o si se ha vuelto loco, ve cómo a ella le crecen unas inmensas alas en la espalda, su cuerpo comienza a transformarse mágicamente, y de pronto ya no es su reina, sino un hermoso dragón dorado cuyas escamas reflejan la luz de la luna.  Una imagen indescriptible, de belleza deslumbradora. Y ve cómo echa a volar… Una segunda figura alada, más pequeña, se une a ella, un hada de alas verdes… Sus siluetas se alejan en la noche estrellada y el rey, inexplicablemente, siente cierta paz al contemplar esta escena.

dragon

―Tenías razón, hadita verde. ¿Por qué conformarme con ser reina de Arbelok cuando tengo el mundo entero a mis pies?

Andrea Nunes. España.

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Laskar Pelangi           Nuestro primer beso            Caleidoscopio

Rompecabezas, por Shasmine Cianne

Rompecabezas, del blog Soñando hasta Saturno

A mi rompecabezas, a pesar de que ya soy grande, le faltan todavía algunas piezas. Y este juego es una parte de mí muy muy importante porque de no estar me rompe mucho la cabeza.

Pero estas piezas no las encontraba por ningún lado. Ni bajo los bancos de la plaza, ni debajo de los de la escuela, ni de los directores, ni de los colectivos, ni siquiera debajo de los bancos del hospital, menos todavía debajo de los bancos de los bancos.

Pero hoy la encontré, ahí estaba, una de las partes que me faltaban. Ahí la vi, frente a mi.

En tu sonrisa de niño inocente lleno de preguntas, que ama repetir y los cuentos con dibujitos.

En el globo terráqueo ¿Notaste lo grande que es el Pacífico? que descansaba tan pesado y aun así seguía girando y girando.

En las páginas que me deleitaban y me acogían ocremente como siempre lo han hecho.

En los dibujos inspiradores que cobraban vida frente a mis ojos. De repente tenía amigos de todo tipo para jugar.

En ese momento en que la fantasía se hacía realidad, como siempre me habían jurado que era imposible.

En esa lucesita que creí ver cuando me vino la chispa de la felicidad y reí a carcajadas sin poder parar. Realmente sin poder parar.

Allí cuando recordé que puedo hablar con los niños y descubrir cosas maravillosas de verdad. Como que los colores y lo divertido es lo primordial.

Encontré la partecita que me faltaba buscando entre rompecabezas incompletos y super emocionados por completarse a mucha velocidad. Despacio. A veces tenemos que volver atrás.

Agarre una pieza negra y enmohecida que formaba parte de mi, la deje en la basura y me fui feliz. ¿Quién dijo que yo alguna vez me iba a rendir? Jamás.

Un niño siempre regresa a jugar.

Feliz día del niño

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Shasmine Cianne, La Frankenstein Cibernética. Argentina.

 

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La mirada de la luna                  Todavía no                 Sahumerio de pasión

Héroes, por Xavi Benigni

Yo tengo una debilidad por los héroes, y no por aquellos con súper poderes, no.
Hablo de aquellos héroes que te preguntan cómo estás y verdaderamente escuchan la respuesta.
Aquellos héroes que te ayudan a levantarte, mientras las otras personas no sabían ni que habías caído.
Aquellos héroes que una vez han entrado en tu vida, se quedan.
Aquellos héroes, llamados “amigos”.
Estas palabras son para ti, amigo
Aunque no acostumbre a decirte esto, que sepas que te quiero.
Te quiero porque cuando estoy contigo me siento invencible.
Te quiero porque no me abandonas nunca, ni cuando estamos lejos uno del otro.
Ni cuando me equivoco, ni cuando te trato mal.
Te quiero porque me ayudas incluso cuando sabes que estoy haciendo una tontería.
Porque me ayudas cuando lloro, cuando las lágrimas hacen una carrera por mis mejillas.
Te quiero porque es bonito cuando nos miramos y reímos, porque no necesitamos palabras para entendernos.
Te quiero porque me dices las cosas a la cara, y me defiendes a las espaldas.
Te quiero porque juntos hemos hecho muchas cosas, y haremos muchas más.
Divirtiéndonos. Y pasando siempre de la gente que nos critica sin saber.
Porque estarías despierto toda la noche para mí, y porque sabes que yo haría lo mismo por ti.
Te quiero porque eres sincero conmigo incluso cuando sabes que esa sinceridad me hará daño.
Te quiero, amigo.
Porque somos hermanos de vida, y en ocasiones ser hermanos de vida es mejor que ser hermanos de sangre.
Vídeo: Youtube
Xavi Benigni. España. 
Otras publicaciones del mismo autor:
El amor no entiende de distancias               Fíate                Valórate          

Laskar Pelangi, por Andrea Nunes

La Tropa del Arcoíris (Laskar Pelangi) está formada por un grupo de diez niños extraordinarios que, a pesar de vivir en la zona más pobre de la isla de Belitung, Indonesia, tienen el valor de enfrentarse a la sociedad en la que viven y luchar en favor de su educación. Esta novela comenzó como un gesto de agradecimiento a Bu Mus, la valiente maestra que se desvivió por ellos. Uno de sus alumnos, Ikal (Andrea Hirata), le escribió este libro cuando creció, porque se lo había prometido, y el resultado fue una historia de lucha por valores universales que logró trascender más allá de Indonesia y llegar a los corazones de miles de lectores.

laskar-pelangi

La lectura de La Tropa del Arcoíris me ha impactado, me ha emocionado, me ha enfadado, me ha entristecido, y me ha hecho reír y soñar. Con los cambios que está sufriendo nuestra sociedad respecto a la educación, a las relaciones familiares y a cómo crecen los niños, me parece de especial relevancia esta historia real. En ella, dos maestros se hacen cargo de una escuelita en medio de la nada, semiabandonada por el gobierno indonesio, cuyos alumnos son marginados y discriminados por la pobreza en la que viven, de quienes nadie espera nada y, según opinan todos, no tienen futuro. Pero estos dos maestros, Pak Harfan y Bu Mus, se dedican con pasión y devoción a su trabajo, a pesar de ser pobres ellos también y de tener que pluriemplearse para poder sobrevivir. Son profesores que adoran a sus niños, creen en ellos y les dan alas para ser quienes deseen ser. Y estos niños, a su lado, aprenden a leer y a escribir, aprenden historia, geografía, matemáticas y música, pero también aprenden a soñar. Descubren que su destino no está escrito, que pueden cambiarlo, y que tienen derecho a ser algo más en la vida. Pak Harfan y Bu Mus se enorgullecen de ser lo que son, se enorgullecen de sus alumnos y, a su vez, logran que ellos se enorgullezcan también de ser los alumnos de la pequeña escuela de la Muhammadiyah. En este contexto se pone de manifiesto el valor real de la educación, el placer de aprender, de adquirir una cultura, un pensamiento crítico, y la capacidad de crear y soñar. Una de las reflexiones de Ikal cuando crece, es precisamente esta, la capacidad de valorar tu educación; se enfurece cuando ve cómo hijos de familias con dinero tiran por la borda sus estudios por pereza, aburrimiento, rebeldía u otras banalidades, y recuerda lo difícil que lo tuvieron él y sus amigos. También recuerda cómo iban a clase, algunos de ellos descalzos, otros con sandalias hechas de neumáticos; siempre les faltaban botones a las camisas; casi no tenían libros, ni cuadernos, ni material escolar en general. Y recuerda también algún encuentro con estudiantes de la PN, la escuela privada a la que iban los niños de buenas familias; lo impecables que iban, la cantidad de cosas que tenían… Recuerda que para estos niños, y para sus profesores, parecían primar los resultados, los números impresos sobre el boletín de notas, el prestigio y la reputación. En cambio, la Tropa del Arcoíris no tenía que preocuparse por su reputación porque era prácticamente inexistente…

Si pensamos en la relación habitual que tienen hoy en día los profesores con sus alumnos y, a la vez, la relación que tienen ambos con la educación en sí, veremos mejoras respecto a lo que era antes, pero por otro lado también vislumbraremos un cierto retroceso en otros aspectos. Esta novela nos invita a reflexionar sobre el espíritu humano en la educación y otros ámbitos de la vida y la sociedad. Se la recomiendo a todo aquel que no la conozca, especialmente a quienes se dedican a la docencia, y os animo a participar con vuestros comentarios sobre el modelo de educación actual, y sobre las desigualdades educativas que, en pleno siglo XXI, todavía existen y golpean a quienes tienen menos recursos.

la-tropa-del-arcoc3adris“La suerte, el esfuerzo y el destino son como tres montañas azules que acunan a la humanidad. Estas montañas conspiran entre sí para crear el futuro, y resulta difícil entender cómo obran en conjunción. […] lo que sí sé a ciencia cierta y a partir de mis experiencias en aquella escuela tan humilde es que una vida de esfuerzo es como coger fruta de un cesto con una venda en los ojos: sea cual sea la fruta que acabemos cogiendo, al menos tendremos fruta.”

(Andrea Hirata, La Tropa del Arcoíris)

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Un asalto a la cultura             Palibrio y sus estafas                 ¿Junto o separado?

Corrientes, por Mónica Olivares

Nuestro reflejo descansa en una botella vacía,

se hunde en el mar artificial habitado por balsas rotas,

  los peces piden asilo a la tierra firme,

la espuma burbujea efervescente,

el musgo es como el sudor metálico de las 2pm.

Yo soy el pasajero olvidado,

quizá el que se sube y no paga su boleto.

He olvidado que este viaje comienza porque busco desaparecer,

las aves me observan como si desearan devorarme,

escucho como se quiebran con el viento.

Los que nos perdimos en este mar

damos mensajes con el rostro repleto de ruinas,

el cuerpo traslucido sin miedo al ridículo

bailamos en el encierro de la brisa,

nuestras carcajadas son lo que escuchas

cuando pones un caracol en tu oído

porque el sonido atrapa lo que todos ignoraron alguna vez

y las aguas nos sumergen para redimirnos una noche cualquiera,

nos escupen en la arena, vivimos en todas las costas,

nacemos en cada puerto después de la madrugada sedienta,

y bebemos nuestro aliento hasta que llegan las olas

para despertarnos.

Mónica Olivares. México.

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Habitas luces                          Deshoras                      Amaneceres perpetuos

El amor no entiende de distancias, por Xavi Benigni

Solo se tiene que amar para superarlo todo; el tiempo, la lluvia, los kilómetros. Si nos perdemos por la distancia, nos perdemos porque era mas fácil que amarnos. Nos perdemos porque el miedo de no vernos juntos, el miedo de sufrir, era más fuerte que las ganas de seguirse queriendo. Nos perdemos porque se tiene miedo, sea juntos o separados. En estos casos, lo más triste es ver a alguien luchar por los dos. Es ver a alguien que no lo quiere lanzar todo a la mierda y quiere seguir luchando, aunque el otro ya haya decidido. Hacerse falta da miedo, hace daño. Cuando una parte de ti, una parte de tu mundo, no está entre tus brazos, se sufre. Se tiene miedo de ya no ser una prioridad para la otra persona, se tiene miedo de ser un peso, de no ser imprescindible, o de ser sustituidos. En fin, se tiene miedo. Pero si es amor verdadero, el miedo se supera; se supera el miedo, la falta, la distancia, la incertidumbre, se supera todo, solo se tiene que querer. No existe una pareja perfecta, pero existen las parejas que no se quieren rendir. Donde el amor supera al orgullo, donde después de las discusiones y los gritos aún se aman más, porque se necesitan el uno al otro. No se puede decidir de quién enamorarse, el amor no se decide, el amor llega y punto. Y no importa si llega en el momento justo o no, si tiene un carácter opuesto al tuyo, si tiene el doble de edad que tú o la mitad, si es el justo o el más equivocado que te podrías encontrar, si está a dos pasos de ti o a la otra parte del mundo. Todo esto no importa. Si se ama de verdad se sienten igual sus manos aunque no esté a tu lado. Si se ama de verdad el corazón sigue caliente aún cuando estemos separados.

Xavi Benigni (Youtouber). España.
Vídeo: Youtube
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Amar es breve, olvidar no tanto                                 Valórate

Amar es breve, olvidar no tanto; por Xavi Benigni

Amar es breve, olvidar no lo es tanto.
Es curioso cómo nos damos cuenta siempre demasiado tarde de lo importantes que son las personas que tenemos a nuestro lado. Nos parece todo tan normal cuando la vida avanza sin darnos cuenta. Hasta cuando empezamos a dar por sentadas muchas pequeñas cosas, hasta cuando alguien a quien amamos se cansa, y nos deja sin esperárnoslo. En aquel instante, en aquel preciso momento nos damos cuenta de que hubiéramos podido hacer mucho más.
¿Pero cómo podemos olvidar a alguien que nos ha dado tanto para recordar?
Claro, estaría bien tener un dispositivo que te haga olvidar los recuerdos, pero claro.. Eso solo ocurre en las películas. En la vida real no nos curamos nunca de lo que nos hace falta, nos explicamos otras verdades, nos habituamos a su ausencia.
Y la parte más difícil no es borrar el pasado, eso no se puede hacer. La parte más difícil será borrar de tu mente el futuro que habías imaginado a su lado.
Tendrás que habituarte a no pensar en eso, hasta que el recuerdo de aquella persona no sea dulcemente amargo, hasta que vuelvas a ser feliz, aunque no le hayas olvidado. Porque amar es posible, olvidar no.

Xavi Benigni (youtuber). España.

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